Cataluña como «líder» en la caza de brujas

Castell incluye la cacería de brujas en la misma línea que las persecuciones a los judíos o los leprosos

Primera tesis doctoral sobre la cacería de brujas en Cataluña

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Pau Castell es autor de la única tesis que se ha escrito hasta ahora en Cataluña sobre la cacería de brujas, leída en la Universidad de Barcelona y codirigida por la profesora del Departamento de Historia Medieval Teresa Vinyoles y el profesor de Historia Moderna Agustí Alcoberro.

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Eran los mismos vecinos los que denunciaban a presuntas brujas y presionaban a las autoridades locales para que las mujeres fueran ajusticiadas y quemadas en la hoguera

UB / Un importante volumen de documentación localizada en los dominios señoriales del obispado de Urgell ha permitido al historiador Pau Castell caracterizar cuál era el prototipo de bruja y situar a Cataluña como «líder» en los juicios contra estas mujeres, en los que los tormentos eran el mecanismo habitual para conseguir las confesiones de las acusadas.

Además, en contra de lo que se pensaba a raíz de las primeras investigaciones sobre el tema en los años 80, la de Castell corrobora que en la mayoría de procesos por brujería la iniciativa no provenía de los estamentos en el poder; sino que eran los mismos vecinos los que denunciaban a presuntas brujas y presionaban a las autoridades locales para que las mujeres fueran ajusticiadas y quemadas en la hoguera.

Con el título Orígens i evolució de la cacera de bruixes a Catalunya (segles XV i XVI), la tesis de Pau Castell, galardonada con un accésit en la última edición del Premio Claustro de Doctores, recoge hasta trescientos juicios por brujería. «En Cataluña hubo miles de procesos por brujería; la cifra es difícil de cuantificar, porque muchos de ellos no están documentados», explica Castell. En todo caso, lo que sí hace su investigación es mostrar que Cataluña fue precoz en la persecución de brujas y que se inserta en una dinámica articulada sobre el eje pirenaico. Así, el inicio de la cacería de brujas data de la primera mitad del siglo XV en un espacio comprendido entre los Pirineos, los Alpes y los Apeninos centrales.

Una de las imágenes más antiguas sobre la práctica de la brujería, extraída de la obra Traité du crisme de vauderie, de Johannes Tinctoris (ca. 1470).
Una de las imágenes más antiguas sobre la práctica de la brujería, extraída de la obra Traité du crisme de vauderie, de Johannes Tinctoris (ca. 1470).

La importancia del fenómeno en estos territorios va ligada, explica Pau Castell, al tipo de sistema judicial, que por ejemplo en los Pirineos era muy descentralizado y fragmentado. En contra de lo que se pensaba en los años 70 y 80 del siglo pasado, «la cacería se desarrollaría casi siempre en el marco local, desde la sospecha y la acusación hasta el procesamiento y ejecución de las culpables; con un sistema alejado de otros tribunales más rigurosos y escépticos, como la Inquisición o el Real Consejo». «De hecho, las pocas mujeres que consiguen sobrevivir a juicios por brujería lo hacen porque apelan a tribunales superiores, como los de la Inquisición», explica Castillo.

Así pues, los juicios por brujería irían «de abajo arriba». Son los mismos vecinos los que acusan a determinada mujer de «dar mal» a los niños o el ganado, de ser bruja. Esto explicaría que los procesos por brujería aumentaran de forma importante en periodos de epidemias y de grandes mortandades, durante los cuales se acentuaba la tendencia a buscar «culpables» de la situación. En este sentido, Castell incluye la cacería de brujas en la misma línea que las persecuciones a los judíos o los leprosos. Además, en el caso de las brujas habría otros factores, como la misoginia y el avance del patriarcado en aquella época.

Para que se iniciara esta persecución colectiva, sin embargo, normalmente era necesario que se azuzara de alguna forma, y en ocasiones fueron sermones como los de Vicent Ferrer los que desencadenaron la cacería entre la gente del pueblo. Existía incluso la figura de los cazadores profesionales de brujas, que se contrataban para que identificasen qué vecinas podían ser brujas. «Esta realidad del fenómeno es seguramente actual; ya que nos recuerda la costumbre de responsabilizar de nuestras desgracias cotidianas a determinadas personas o grupos de población», afirma Castell. El historiador explica que durante la investigación se encontró con documentación «muy dura», en la que se describen con detalle las torturas que infligían a las mujeres para que finalmente confesaran y las pudieran quemar.

Castell ha constatado que la idea de bruja estuvo muy viva hasta los años 40 del siglo pasado

La investigación de Castell, que ha obtenido el Premio Joan Reglà del Instituto de Estudios Catalanes (2015), y el de la Fundación Noguera (2014), que incluye la publicación de la tesis, tiene un apartado dedicado al estereotipo de la bruja, un ser al que se le atribuían rasgos como los vuelos nocturnos, el aquelarre o la capacidad de «dar mal». En algunos casos, la mujer acusada de brujería es precisamente aquella a quien los vecinos acuden para curar algunas enfermedades. El concepto también proviene del imaginario sobre determinadas figuras nocturnas femeninas; de hecho, en un primer momento, la palabra bruja hace referencia a estas figuras, y es más tarde cuando se aplica a mujeres reales. Durante su investigación, Castell ha constatado que la idea de bruja estuvo muy viva hasta los años 40 del siglo pasado. «Cuando hablas con la gente mayor del Pallars, mantienen vivo el concepto de qué es una bruja y qué familias o casas de los alrededores tenían fama de practicar la brujería», explica Castell. Es durante el siglo XX, con la desestructuración de esa sociedad, cuando desaparecen realmente estas creencias.

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