Así lo señala un novedoso estudio experimental conducido por investigadores de estados Unidos y Brasil, publicado en la revista ‘Scientific Reports’

Los cerebros de los monos se sincronizan mientras colaboran en una tarea motora

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Investigadores de la Universidad de Duke (Estados Unidos) y del Instituto Internacional de Neurociencias de Natal – Edmond e Lily Safra (Brasil) han evidenciado que la interacción social puede provocar que los cerebros de los monos se sincronicen, según un estudio publicado en la revista ‘Scientific Reports’ que ha medido, por primera vez, la actividad cerebral de dos monos simultáneamente.

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CGP/DICYT  – Aunque su propósito y función aún se desconocen en gran medida, algunos neurocientíficos creen que las llamadas ‘neuronas espejo’, aquellas que se activan cuando un animal ejecuta una acción y observa cómo otro individuo ejecuta esa misma acción, son fundamentales en la forma en que los humanos se relacionan entre sí. Por ello, las deficiencias en estas neuronas pueden tener un papel en el autismo y en otros trastornos que afectan a las habilidades sociales.

El equipo descubrió que, cuando dos monos interactuaban durante una tarea social, se producían episodios de alta sincronización

Previamente, los científicos habían demostrado que cuando un animal observa a otro realizando una tarea motora, como alcanzar un alimento, las ‘neuronas espejo’ comienzan a activarse como si el individuo observador también estuviera tratando de realizar esa misma acción.

Ahora, el trabajo liderado por Miguel Nicolelis sugiere que este reflejo en los monos también estaría influenciado por factores sociales, como la proximidad a otros animales, la jerarquía social y la competencia por la comida. El equipo descubrió que, cuando dos monos interactuaban durante una tarea social, se producían episodios de alta sincronización, un fenómeno que se conoce como sincronización cortical intercerebral.

“Creemos que nuestro estudio tiene el potencial de abrir un nuevo campo de investigación en la neurociencia moderna al demostrar que, incluso las funciones más simples de la corteza motora, como la realización de movimientos corporales, están muy influenciadas por el tipo de relaciones sociales que existen entre los animales que participan en ellas”, subraya Nicolelis.

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Una metodología innovadora

Una de las principales novedades de este trabajo se encuentra en su metodología. El equipo de la Universidad de Duke creó un sistema inalámbrico multicanal para registrar, simultáneamente, la actividad eléctrica de cientos de neuronas de las cortezas motoras de dos monos mientras interactuaban en el mismo espacio.

Se programó una tarea de interacción social, en la que un mono asumió el papel de “pasajero” al ser llevado en una silla de ruedas robótica a un dispensador de alimentos, mientras el segundo mono observaba la escena. Cuando el “pasajero” llegó al dispensador fue recompensado con una uva, y el segundo mono, en ese momento, fue recompensado con un zumo. Después, los monos intercambiaron los roles y su actividad cerebral se registró simultáneamente una vez más.

Los hallazgos podrían aplicarse en la mejora del diagnóstico y en la búsqueda de nuevos tratamientos para enfermedades en las que ese reflejo neuronal podría no seguir patrones típicos, como en el autismo

El análisis de los registros mostró que, cuando el “pasajero” cruzaba la habitación, se producían episodios de sincronización en las cortezas motoras de ambos. Los investigadores encontraron que estos episodios podrían predecir la ubicación de la silla de ruedas del “pasajero” en la sala, así como su velocidad. La actividad cerebral también podría predecir lo cerca que estaban los animales entre sí, así como la proximidad del “pasajero” a la recompensa. Además, se podía predecir otro parámetro social clave: el rango de los monos en la colonia.

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Diversas aplicaciones posibles

Los hallazgos podrían aplicarse en la mejora del diagnóstico y en la búsqueda de nuevos tratamientos para enfermedades en las que ese reflejo neuronal podría no seguir patrones típicos, como se ha sugerido en el caso del autismo. La medición en humanos también podría revelar cómo los grupos trabajan juntos, e incluso qué tipos de entrenamiento mejoran la sincronía cerebral y el trabajo en equipo.

“Usando una versión no invasiva de este método podemos cuantificar, por ejemplo, lo bien que trabajan juntos atletas profesionales, músicos o bailarines, o si una audiencia participa en lo que está viendo, escuchando o imaginando”, es decir, ” para mejorar cualquier tarea social que requiera la sincronización de muchas personas”, concluye el investigador principal.

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