A 400 kilómetros sobre nuestras cabezas, completando una vuelta alrededor de la Tierra cada 90 minutos se encuentra la Estación Espacial Internacional: el primer asentamiento humano en órbita.

Columbus: desde la microgravedad, experimentos para la Tierra

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El módulo Columbus, que se atisba en la esquina inferior derecha de esta imagen, fue liberado hace diez años esta semana. La primera instalación permanente europea en el espacio ha albergado multitud de experimentos en microgravedad relacionados con ámbitos tan variados como la mecánica de fluidos, la física de materiales o la biología, muchos de ellos con aplicación más allá de la ciencia espacial.

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Los experimentos incluyeron una amplia variedad de organismos, exponiéndolos a estas condiciones adversas durante largos periodos para probar los límites de la vida

ESA / Durante el paseo espacial que vemos en la imagen, que tuvo lugar en 2009, los astronautas de la NASA John Olivas y Nicole Stott recuperaron la Instalación Europea de Tecnología Expuesta, fijada al exterior de Columbus, antes de enviarla a la Tierra para su análisis.

En esta instalación y en los siguientes conjuntos “Expose” se realizaron experimentos que precisan de exposición las condiciones espaciales, como el vacío del espacio, la radiación ultravioleta del Sol y ciclos con temperaturas de congelación y descongelación extremas. Los experimentos incluyeron una amplia variedad de organismos, exponiéndolos a estas condiciones adversas durante largos periodos para probar los límites de la vida. Bacterias, semillas, líquenes y algas, así como pequeños organismos llamados tardígrados u ‘osos de agua’, se sometieron durante meses a estas condiciones y regresaron a la Tierra sanos y salvos, lo que demuestra que pueden sobrevivir a vuelos espaciales.

Los estudios de exobiología como estos son especialmente importantes para ver si es posible sobrevivir a un viaje entre planetas o, por ejemplo, a las duras condiciones de otros lugares en el Sistema Solar. Para ello, Expose contaba con compartimentos especiales para recrear la atmósfera marciana, filtrando parte de la luz solar y reteniendo cierta presión, para así investigar hasta qué punto la vida terrestre podría soportar las condiciones extremas del Planeta Rojo.

La exobiología también forma parte integral del programa ExoMars, que enviará un robot explorador a Marte en 2020 para sondear bajo su superficie en busca de cualquier signo de vida que pueda haber existido en el planeta.

Un fascinante nuevo experimento que ampliará el alcance de las investigaciones en Columbus es el Conjunto de Relojes Atómicos Espaciales (ACES)

El Observatorio de Monitorización Solar SOLAR, que estudió el Sol con una precisión sin precedentes en la mayor parte de rango espectral, también se encontraba instalado en el exterior de Columbus. Este instrumento ha contribuido a la física solar y estelar, y ha permitido que comprendamos mejor la interacción del Sol con la atmósfera terrestre, un aspecto importante para entender qué hace que un planeta sea habitable.

En el futuro, el Monitor de Interacciones Atmósfera-Espacio, ASIM, se instalará fuera de Columbus para vigilar la aparición de eventos eléctricos a gran altitud, como espectros rojos, chorros azules y elfos, que se cree que están provocados por descargas eléctricas en la alta atmósfera. Estos potentes fenómenos eléctricos pueden alcanzar zonas muy por encima de la estratosfera e influir en cómo nuestra atmósfera nos protege de la radiación espacial.

Un fascinante nuevo experimento que ampliará el alcance de las investigaciones en Columbus es el Conjunto de Relojes Atómicos Espaciales (ACES). Con una exactitud de un segundo cada 300 millones de años, medirá el tiempo en el espacio con una precisión imposible en laboratorios terrestres y esencial para demostrar las teorías fundamentales postuladas por Albert Einstein.

Aquí se pueden descubrir más experimentos científicos —pasados, presentes y futuros— a bordo del módulo Columbus.

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