Claude Lévi-Strauss

Lévi-Strauss en 2005 / Wikimeida- UNESCO/Michel Ravassard

Tal día como hoy… 30 de octubre del año 2009 fallecía en París Claude Lévi-Strauss

 

El 30 de octubre del año 2009 fallecía en París, a la provecta edad de 100 años, Claude Lévi-Strauss (n. 1908), introductor del estructuralismo en las ciencias sociales y una de las grandes figuras de la antropología y la etnología del siglo XX, no sin disputas y controversias.

 

CV / Hay en Francia una tradición que va de Saint-Simon a August Comte, de Comte a Émile Durkheim, de Durkheim a Marcel Mauss y de Mauss a Lévi-Strauss. Un recorrido que nos lleva de la sociología positivista de Comte hasta la antropología estructural de Lévi-Strauss, acaso cerrándose con él un trayecto circular -con o sin solución de continuidad, esto sería otra historia-, marcado por el objetivo explícito de fundamentar epistemológicamente las denominadas «ciencias sociales».

Hay en Francia una tradición que va de Saint-Simon a August Comte, de Comte a Émile Durkheim, de Durkheim a Marcel Mauss y de Mauss a Lévi-Strauss

Comte había tratado la sociología como una ingeniería social, a la vez que Durkheim planteó las reglas del método sociológico. En la segunda mitad del siglo XIX, Rickert y Dilthey habían establecido dos tipos de ciencias, según el modo de aproximarse al objeto de conocimiento; las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu. Las primeras tendrían por función la ‘descripción’ y serían de naturaleza nomotética, es decir, el establecimiento de principios y leyes. Su modelo sería el de la Física y comprendería la Química, la Biología, la Geología… Por el contrario, las ciencias del espíritu tendrían por objeto la ‘comprensión’ y serían de naturaleza idiográfica o ipsológica -según adoptemos la raíz griega o latina- y su modelo sería la Historia. Es decir, en física, una determinada ley cubre todos los fenómenos que se den bajo el marco establecido por el enunciado de esta ley. En historia esto no se puede hacer, en la medida que cada hecho histórico se agota en sí mismo. Tendríamos pues un grupo constituido por ciencias «duras», y otro formado por ciencias «blandas». Algo que producía, y sigue produciendo, un cierto lamento de insatisfacción entre, por decirlo así, los científicos «blandos», que reivindicaban la condición «científica» sin más de sus disciplinas.

Para Lévi-Strauss el ser humano es un bricoleur, un constructor que dispone de unas determinadas categorías mentales finitas cuyas combinaciones son también finitas

Lévi-Strauss romperá con este esquema a partir de abandonar el modelo de la historia, transmutando las ciencias del espíritu en ciencias sociales y/o «humanidades», y adoptando el de la lingüística estructural de Ferdinand de Saussure (1857-1913). Dicho grosso modo, para Lévi-Strauss el ser humano es un bricoleur, un constructor que dispone de unas determinadas categorías mentales finitas cuyas combinaciones son también finitas, dependiendo, según el caso, de la forma de combinarlas lo que surja como constructo. Así, entenderá que el «pensamiento salvaje» o primitivo, utilizaba las mismas reglas estructurantes que el pensamiento científico más moderno. No hay una contraposición entre pensamiento primitivo y civilizado. la diferencia consistirá, en todo caso, en la cantidad de conocimientos al alcance, pero no en las reglas mediante las cuales se estructuran.

Una posición ciertamente discutible, pero que obtuvo un gran eco y propició la formación de las más variadas escuelas estructuralistas, como Althusser o Poutlanzas en filosofía marxista, Lacan en psicoanálisis… Y la propia retroalimentación con la lingüística, con Roland Barthes, Julia Kristeva…

La mayoría de sus trabajos consisten en la aplicación del método estructural a un concepto objeto de estudio

Frente al modelo de la antropología cultural norteamericana -Boas, Marvin Harris, Clifford Geertz…- o la social británica -Evans Pritchard, Malinowski, Radcliffe-Brown…- que postulaban el trabajo de campo como la esencia de la antropología, Lévi-Strauss no destacó nunca por sus investigaciones sobre el terreno. La mayoría de sus trabajos consisten en la aplicación del método estructural a un concepto objeto de estudio para el cual toma investigaciones de campo ajenas o relatos tradicionales, como las estructuras elementales de parentesco a partir de sociedades simples de aborígenes australianos, en el primer caso, o ‘la gesta de Ashdibal’, basado en una leyenda india canadiense, en el segundo.

Tampoco pareció importarle mucho. Al contrario, afirmó sin pestañear que odiaba los viajes y a los exploradores. El que prácticamente fue su único trabajo de campo -con los indígenas del Brasil- nos lo relata en la que tal vez sea su obra más famosa: ‘Tristes Trópicos’, que no es propiamente un tratado de antropología, sino más bien un relato autobiográfico y, paradójicamente, de viajes. En las irónicas palabras de Clifford Geertz, la mejor novela escrita por un antropólogo. Aunque eso sí, contiene su magistral ‘Lección de escritura‘, que involucra toda una teoría la interrelación entre conocimiento y poder. Una variante del argumentum auctoritas aplicada al pensamiento salvaje.

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