Cómo fue Homo erectus y su salto evolutivo

Homo erectus pekinensis, reconstrucción facial forense / Wikimedia - Cicero Moraes

Homo erectus evolucionó en África más allá de los 2 millones de años. Hace 1,9 ya hallamos ejemplares plenamente desarrollados. El esqueleto entero del lago Turkana resulta un claro ejemplo. Todo ello hace suponer que la evolución de erectus provino de poblaciones anteriores.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Posteriormente alcanzó una gran variabilidad por los continentes que ocupó. Aun así las poblaciones africanas mantuvieron rasgos comunes con las asiáticas y europeas. Ya desde 1992 que Günter Bräuer así lo indicó en la revista Journal of Human Evolution.

Algo que resultó muy diverso en erectus fueron su facciones craneales. Quizás la gran variabilidad de estos rasgos fue consecuencia de la gran diferencia entre sus caras. En la vida social deviene muy importante reconocerse por el rostro en cada momento. De hecho en los primates la vista es la que mejor trabaja, mucho más que el oído o el olfato. No fue nada extraño que erectus tuviera tanta variabilidad fisonómica como también la ostenta su actual equivalente, el sapiens.

Sin necesidad de suspenderse entre ramas erectus evitó que su peso rompiera sarmientos

Los Homo poseemos una ingente cantidad de músculos faciales para enviar infinitud de mensajes hacia los demás. Ello contribuye en una gran diversidad de morfologías craneales. Por lo tanto es normal, y ante tanta variabilidad de semblantes, que entre lumpers y splitters no exista acuerdo en el número de especies en Homo.

Otro rasgo novedoso de erectus fue su salto evolutivo en altura. Comparado con el menos de metro y medio de sus simios antecesores, el metro setenta del niño de Turkana daba a entender que andar a campo abierto había estirado a nuestros parientes. Sin necesidad de suspenderse entre ramas erectus evitó que su peso rompiera sarmientos. Y ser mayor es mejor que quedarse pequeño, sobre todo ante depredadores y competidores.

También sabemos que erectus ostentaba un pie totalmente moderno adaptado a la marcha por el terreno

También sabemos que erectus ostentaba un pie totalmente moderno adaptado a la marcha por el terreno. Las huellas halladas en Ileret en Kenia, y publicadas en Science el febrero de 2009, así lo testificaron. Estos rastros de 1,5 millones de años mostraban un pie con arco curvado, dedos cortos y talón grande, es decir un andar plenamente moderno sin adaptación alguna a trepar por las ramas. También la reconstrucción del tórax de erectus indicó, como en nosotros, un bipedismo marchador alejado de la caja torácica triangular de los bípedos arborícolas anteriores.

Siendo erectus un bípedo marchador, su peso ya no podía romper las ramas de los árboles. Así que erectus pudo evolucionar hacia individuos de mayor envergadura que sus simios antecesores. Aunque ello conllevó un problema, el calor. En espacios abiertos y sin la sombra continua de los árboles, erectus tuvo que enfrentarse a una mayor radiación solar tropical. Y cabe añadir que un cuerpo mayor, como el de erectus, conllevaba menor superficie respecto a su volumen, algo que disipaba menos su calor. ¿Cuál fue la solución? Pues sudar.

El sudor refrigera nuestra piel por evaporación / Pixabay

Para ello erectus desarrolló una piel distinta a sus antecesores peludos. El sudor refrigera nuestra piel por evaporación. Así pues para mejorar tal proceso una dermis poco pilosa favoreció la ventilación. Homo sólo mantuvo pelambre espesa en las zonas que le fueron necesarias. Estas fueron la cabeza, para minimizar la insolación, las axilas y pubis, para retener el olor sexual, y las cejas, para evitar la entrada del sudor en los ojos. Otras zonas entrarían dentro de la discusión y de la variabilidad de Homo. Fuere como fuera, y plagiando a Desmond Morris, erectus se volvió un mono desnudo.

Homo sólo mantuvo pelambre espesa en las zonas que le fueron necesarias

Otra consecuencia de la piel expuesta de erectus, y bajo el sol tropical, fue otra necesidad evolutiva. Sabiendo que la mayoría de antropomorfos, y debajo de su pelaje, muestran una piel clara, los chimpancés así la poseen, parece que Homo tuvo que enfrentarse al problema de los intensos ultravioletas tropicales. Y una solución fue desarrollar una dermis más parda. Ello no devino para minimizar quemaduras o el cáncer de piel, sino por otra causa. Téngase en cuenta que el cáncer se hace más frecuente en edades adultas cuando la capacidad reproductiva desciende, es decir, cuando la selección natural en poco afecta a la especie. Por tanto una piel clara u oscura no se rige principalmente por cánceres y quemaduras. Entonces, ¿por qué se rige?

 

Piel melánica para regular ultravioletas solares

En el American Science de diciembre de 2002, y en otros trabajos anteriores, se detalló una amplia retrospectiva sobre la adaptación de la piel melánica en Homo. Ésta evolucionó para regular los ultravioletas solares. Esta radiación metaboliza ciertos nutrientes básicos para nuestra reproducción.

Una dermis clara expuesta a una gran intensidad de ultravioleta implica una disminución del 50 % de folato, substancia evita mutaciones en los fetos

Una dermis clara expuesta a una gran intensidad de ultravioleta implica una disminución del 50 % de folato. Esta substancia evita mutaciones en los fetos y defectos en los espermatozoides. De haber tenido erectus una piel clara su infertilidad hubiera sido muy alta, su evolución corta y su extinción rápida. Por todo ello se supone que erectus desarrolló una piel oscura y melánica para mantener su folato al máximo, su ADN intacto y su tasa de reproducción óptima. Y así parece que lo lograron dada su expansión más allá de África llegando hasta Asia, Europa, islas de Oceanía e incluso Filipinas.

De todas formas estos erectus melánicos lograron conquistar latitudes con menor radiación, algo que les conllevó un reto, la reducción de la intensidad de los ultravioletas. Estos también regulan la producción de vitamina D que a su vez controla la absorción de calcio en nuestros intestinos y la efectividad del sistema inmunológico. Es decir, los Homo de piel oscura correrían el riesgo de sufrir mayor mortalidad y raquitismo en latitudes altas mientras sus mujeres metabolizarían mal el esqueleto de sus fetos y sufrirían deformaciones en su pelvis (osteomalacia). Todo ello implicaría un mayor riesgo de aborto y muertes en el parto.

Si los erectus melánicos se hubieran dirigido al norte, hubieran visto mermar su capacidad reproductiva  Wikimedia / Mediada – Henry Gilbert and Kathy Schick

En su conjunto, y si los erectus melánicos se hubieran dirigido al norte, hubieran visto mermar su capacidad reproductiva a no ser que hubieran sabido adaptarse al medio. Y sabemos que muchos erectus prefirieron zonas tropicales en su expansión, aunque otros se adentraron en las templadas aprendiendo qué hacer. Y es que en erectus había evolucionado algo muy adaptativo, la cultura. Con ella, e inicialmente, corrigieron la falta de calcio con dietas mejores, aunque posteriormente quizás adquirieron pieles poco melanizadas.

Pero no sólo el color de la piel fue importante en erectus sino que su desnudez permitía un tacto más sensible entre individuos y parejas

Pero no sólo el color de la piel fue importante en erectus sino que su desnudez permitía un tacto más sensible entre individuos y parejas. Sin el felpudo que ostentaban sus parientes simios, su piel se volvió más perceptiva y receptiva. Ello pudo conllevar una potenciación de los lazos sociales, sexuales y familiares. De hecho, y en erectus, ya se hallan multitud de yacimientos, algo que implicaba el uso de lugares fijos para transportar cadáveres, líticos de corte y compartir roces entre individuos. En fin, que erectus adquirió una gran capacidad de anticipación y sociabilidad. Otra vez la cultura llamaba a las puertas y cabría ahora plantearse cómo era su mentalidad. Penetremos pues en la mente de erectus y en el poder de su cultura.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: Homo antecessor, ¿antepasado de sapiens? (entrega 16)

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