Cómo hacer que lean los alumnos

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Un factor fundamental y responsable de los bajos resultados académicos es por un lado la falta de vocabulario, y por el otro una redacción deficiente. En cambio quien escribe correctamente suele alcanzar buenas notas al saber expresar sus conocimientos. En este sentido existen estudios en donde se ha visto lo que mencionaba el pedagogo Gregorio Luri, el efecto Mateo.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

<< Quién tenga heredará, y quién no tenga lo perderá >>

Me contaba el pedagogo anterior que los alumnos que en preescolar dominan menos de 700 palabras fracasan en primaria, algo que sólo se corrige con más horas de clase escuchando a educadores que dominen correctamente el idioma. Igualmente las familias que han invertido tiempo en estimular y atender a sus zagales bajo un amplio y buen dominio de la lengua, logran que éstos superen las 700 palabras, un contexto que impulsa un aprendizaje rápido y exponencial durante la primaria de estos rapaces. En fin, la buena lectura regala una extensa cultura.

Infundir el manejo de cuentos y canciones ya en edad temprana resulta fundamental para alcanzar la máxima comprensión y el óptimo aprendizaje

Infundir por tanto el manejo de cuentos y canciones ya en edad temprana resulta fundamental para alcanzar la máxima comprensión y el óptimo aprendizaje. Simple, si un alumno ha leído en calidad, cantidad y atención, aprenderá a redactar con elegancia, corrección y orden. El problema actual es la ausencia de calidad que la educación por competencias promete corregir. Algunos expertos piensan que El Lazarillo de Tormes, La Celestina y otros clásicos deben ser relegados de la lista de lecturas aconsejadas. Argumentan que tales escritos son sexistas, racistas o clasistas aunque contengan la historia del pasado más una calidad y variedad de vocabulario excelsas. En su lugar proponen textos cortos redactados por ellos mismos o afines, pero no por literatos expertos sean antiguos o modernos. Estos pasajes, por ellos recomendados, van cargados de actitudes emocionales evitando con sumo cuidado caer en sexismos, racismos o clasismos, y por tanto, sin jamás utilizar la literatura real y de calidad. En ésta es donde se aprenden dos cosas: hechos históricos, sexistas o no, y a leer con calidad para adquirir un vocabulario excelso.

Entre los libros recomendados por estos expertos, un negro no puede ser un gran deportista para diluir racismos; una mujer no puede acompañar a sus hijos al colegio al promover el sexismo; un banquero no puede ser más inteligente que un barrendero al exaltar el clasismo; y un homosexual no puede ser un pérfido delincuente para no alimentar la homofobia. Todo ello es abrumadoramente paradójico ya que estos mismos expertos defienden la imaginación y la creatividad en la educación pero la prohíben en la literatura. Resulta más que obvio que la homofobia, el machismo o el racismo son chacras de nuestra historia, pero como tales han existido y deben enseñarse para no repetirse. Sin embargo, petulantes expertos en educación, pretenden olvidar toda la narrativa de calidad pretérita y actual, con el añadido de promover una censura que ya sufrimos en este país.

Petulantes expertos en educación, pretenden olvidar toda la narrativa de calidad pretérita y actual, con el añadido de promover una censura que ya sufrimos en este país

En mi caso, y sin abogar por la lectura del Quijote en la ESO, pero pasando de estos expertos a lo Fahrenheit 451, simplemente busco lecturas de calidad al nivel de mis púberes. Para ello opto por algo innato en los humanos, la curiosidad. Como primates emparentados con bonobos y chimpancés, nosotros somos altamente curiosos. Así les comento libros sin relación aparente con la materia en cuestión. Eso sorprende a los adolescentes.

–          Pero profe, ¿qué tiene que ver la ecuación de segundo grado con esta novela de Isaac Asimov?

–          Pues mucho, Asimov era científico.

Otro ejemplo.

–          Profe, ¿qué relación guardan la pintura y la música con estos libros sobre el caos?

–          Pues toda la creatividad humana.

En todos los ejemplos anteriores, el factor sorpresa de lo ilógico llama la atención de muchos púberes y les enciende la curiosidad por ciertos libros.

Otra manera es comentar alguna obra con la coletilla que bueno, que no es para su edad, que ellos son demasiado jóvenes todavía, todo un reto para unos adolescentes ansiosos por demostrar su madurez

Otra de mis argucias es leer en voz alta parte de un texto para dejar el final pendiente. Sus, venga profe, delataban su curiosidad no saciada. En igual sentido les hablo de la trama del libro que esos días leía pero les dejo el final colgado, algo que enciende otra vez su indignación. En otras sesiones dejo una novela sobre la mesa pero con la portada a espaldas de la vista. Muchos alumnos al pasar por allí giran el libro por la simple curiosidad de saber de qué va. Otra manera es comentar alguna obra con la coletilla que bueno, que no es para su edad, que ellos son demasiado jóvenes todavía, todo un reto para unos adolescentes ansiosos por demostrar su madurez. Y más todavía, prohibirles un libro y luego dejarlo olvidado encima de la mesa es toda una afrenta hacia un púber. Todas y otras insinuaciones como las anteriores las esparzo por el huerto de mis clases.

Pero los adultos debemos leer ante los chavales y que ellos nos crean un referente. De muy infantes es harto comprobado que aprender canciones les entrena a leer, algo que potencia su concentración y mejora sus redacciones. De forma similar leerles cuentos y dejarlos a medias les anima a lo mismo. Hay que entender que aprender a leer es algo chocante, muy a menudo rechazado y hasta frustrante para los alumnos. Aprender a leer puede ser de todo menos algo natural. Por tanto, y desde pequeños, los progenitores deben tomar conciencia que acompañar a los hijos a la biblioteca resulta un estímulo primordial para la lectura. Pero, y para que ésta aflore entre nuestros chavales, debe existir un entorno que lo permita. Tanto en el hogar como en clase debe existir mucho silencio y mucha calma. Todo ello, y de cumplirse, potenciará la lectura de calidad regalando al zagal gran estabilidad emocional, capacidad de concentración y conocimientos.

Desde pequeños, los progenitores deben tomar conciencia que acompañar a los hijos a la biblioteca resulta un estímulo primordial para la lectura

En el último centro en donde fui destinado se establecían clases de 55 minutos. Durante las seis sesiones del día se obtenían 30 minutos de lectura obligatoria. Normalmente ello se ofrecía después del patio y se exigía que los docentes también leyeran junto con sus estudiantes. Valore nuevamente el profesor que potencia la clase en silencio ya que éste, el silencio, permitirá la concentración para adquirir capacidad lectora y adquisición de conocimientos. Un día les comentaba a mis alumnos lo siguiente.

<< Leer os da todo lo necesario para evitar el abandono académico. De todas formas aprender a leer bien requiere obligatoriedad. La lectura periódica en uno, dos o más idiomas regala vocabulario, fluidez en el habla, mayor soltura en la escritura y en muchos casos, hasta conocimientos. Leer de todo es fundamental para crear una sociedad crítica y que no sea voluble ante los intereses de los dirigentes, leer es básico para crear individuos a quienes no se les pueda vender la moto. Y no os quepa la menor duda que los alumnos que más leen suelen encontrar su camino en la vida y un trabajo que les independiza. Así, sí que saben concentrarse y aprender más que el resto >>

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La prueba de todo lo anterior la hallamos en el aplaudido modelo finlandés y estoniano, un sistema con una auténtica pasión por la lectura y que lleva la delantera del éxito escolar por toda Europa. Si el abandono escolar español, y su paro juvenil, una vez o no alcanzada la ESO, oscilaba entre un 30 y un 25 por ciento durante los años 2009 al 2020, en Finlandia y Estonia se mantuvo a menos de la mitad del nuestro, cerca del 9 por ciento, mientras que la media de la Unión Europea rondaba el 14 por ciento. Y eso que los niños y las niñas finlandeses y de Estonia comienzan la escolarización obligatoria más tarde que aquí, a los siete años. A pesar de ello, y con sólo dos años de escolarización, sus niveles de comprensión lectora a los nueve años son homogéneos y por encima de la media europea. Mientras, en nuestro país, con más años de colegio, se está en la cola y con enormes diferencias entre todos sus centros, con el añadido del progresivo empeoramiento en Ciencias y Matemáticas (véanse los distintos estudios IEA de la TIMSS al respecto, o los PISA de la OCDE en igual sentido). Y cabe añadir el bajo nivel de inglés de nuestros alumnos, algo que cabe analizar también.

 

Nuestro mal inglés

En Estonia y Finlandia los docentes de primaria son auténticos expertos en potenciar la comprensión lectora. Pero no sólo de eso se nutren estos sistemas educativos, también las películas y los dibujos animados que se emiten por televisión obligan a los chavales a leer. Las versiones originales subtituladas obligan al deseo de comprender con prontitud el idioma escrito local y hasta el extranjero, sobre todo el inglés. En conjunto, se mejora la capacidad y rapidez en comprensión lectora para aprender los idiomas oficiales y las lenguas extranjeras.

Las versiones originales subtituladas obligan al deseo de comprender con prontitud el idioma escrito local y hasta el extranjero, sobre todo el inglés

En nuestro país ocurre todo lo contrario. Aquí se prefieren las tres o cuatro horas semanales de anglosajón sin una inmersión completa en el idioma. Ello no mejora en nada nuestro nivel de inglés entre los ibéricos. Y esto no es culpa, como muchos expertos acusan, de nuestros docentes en inglés. Muchos estudios en neurociencia así lo demuestran. Lean sino las investigaciones de mi amigo y difunto Albert Costa y su equipo del Speech Production and Bilingualism Group in the Center for Brain and Cognition (Universidad Pompeu Fabra, Barcelona). Él mismo, siendo vecinos de barrio, me detalló todo lo anterior ante nuestros cafés matutinos.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Evaluar por competencias o por incompetencias (27)

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