Cómo ser neandertal y no morir en el intento

Sus clanes eran pequeños, de ámbito familiar y patrilocales / Pixabay

Los neandertales, o heidelbergensis, disfrutaron de una longeva estancia en nuestro planeta. Heidelbergensis llenó el espacio entre los 500.000 y los 300.000 años mientras que neandertal lo hizo entre los 300.000 hasta su declive.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Los neandertales, como descendientes directos de los heidelbergensis, resultaron variedades de una misma especie biológica. Con ello hubo cambios en sus rasgos de manera gradual. A todo ello cabe indicar que la variabilidad temporal y espacial fue tan enorme que podemos encontrar algunos neandertales finales que encajen con otros de hace 400.000 años.

Todo se mezcla con todo sin límites ni fronteras claras, sólo con tendencias. Esto resulta típico de lo que en biología llaman evolución alopátrica, es decir una radiación adaptativa gradual en donde una especie modifica paulatinamente algunos rasgos manteniendo su unidad evolutiva. Neandertales con heidelbergensis fueron ejemplo de ello. Por eso, y en 1998, Dean y otros autores definieron cuatro etapas bajo las tendencias temporales de éstos.

Los neandertales, como descendientes directos de los heidelbergensis, resultaron variedades de una misma especie biológica

Empezaron los preneandertales iniciales cuyos ejemplos serían los yacimientos de Aragó, Mauer y Petralona; siguieron los preneandertales cuyos yacimientos más característicos serían Bilzingsleben, Atapuerca, Swanscombe, Steinheim y Reilingen; luego vendrían los neandertales tempranos cuyos yacimientos clásicos serían Lazaret, Shanidar, Saccopastore y La Chaise, y finalmente evolucionarían los llamados neandertales clásicos cuyos representantes serían Circeo, La Chapelle, Banyoles, La Ferrasie, Gibraltar y Amud entre muchos más.

Durante estas etapas, que no presentaron límites claros, los neandertales fueron cambiando ciertos rasgos de manera gradual y paulatina. Las causas de ello fueron más innerentes a la especie que climáticas. De hecho, y durante todo aquel tiempo, los neandertales cruzaron distintos periodos glaciales y cálidos alternativamente. Quizás, y como en erectus, se dieron un conjunto de retroalimentaciones que suavizaron la robustez ósea neandertal provocando el paulatino aumento de su encefalización.

Esqueleto de Neandertal / Wikimedia – Claire Houck de la ciudad de Nueva York, EE.UU

Como hemos argumentado en erectus, también en neandertal se creó una bola de nieve que al dar vueltas y más vueltas potenció su encefalización. Mejores técnicas y dietas estuvieron detrás de tal retroalimentación positiva. Neandertal utilizaba y dominaba el fuego de manera controlada y constante en sus campamentos. Además su dieta era rica, variada y cocinada. Así pudo alimentar mejor su cerebro y este a su vez continuar mejorando la cohesión social y la fabricación de utensilios. Todo ello revertía en optimizar la obtención de recursos para seguir siendo mejor cazador recolector. Pero la misma dieta cocinada y blanda permitió cierta reducción mandibular y esta a su vez la expansión de la cavidad encefálica. De hecho durante la evolución de neandertal su capacidad craneal pasó de unos 1000 c.c. a más de 1.700 al final de su existencia.

A nivel de sus rasgos físicos podemos enunciar su cuerpo musculoso y robusto. Por ejemplo la relación de longitudes entre húmeros y tibia eran bajos con respecto a los sapiens modernos. Sus huesos eran más gráciles que erectus pero su musculatura era un 30 % mayor que la de los actuales sapiens. Por tanto sus necesidades metabólicas eran mucho mayores que nosotros.

A nivel mandibular cabe indicar los siguientes rasgos. La ausencia de mentón o barbilla, el gran espacio entre el último molar y la rama mandibular (diastema), y finalmente sus molares de corona muy ancha, de raíz corta, y con una pulpa que llegaba hasta el maxilar (taurodontismo). Quizás la pulpa larga fuera una adaptación al fuerte desgaste observado en sus dientes al tensar pieles para su curtido, estructura observada también entre los inuits preindustriales. Al igual que ellos, los neandertales mostraban marcas de sílex en los incisivos al cortar la carne que ingerían cerca de la boca.

La cara del neandertal poseía unos huesos nasales muy proyectados hacia delante creando un gran y bulbosa nariz. Muy probablemente ello era para captar grandes cantidades de aire dada su musculosidad y necesidades metabólicas. Las cejas de neandertal eran prominentes y continuas a lo largo de su frente. Además contenían un gran número de pequeñas cavidades de aire, hecho que no ocurría en erectus al ser masivo. Sus pómulos eran grandes y expandidos dando a su faz unos grandes mofletes.

El cráneo del neandertal mostraba un gran muñón occipital dando un aspecto amelonado en la parte posterior del cráneo

El cráneo del neandertal mostraba un gran muñón occipital dando un aspecto amelonado en la parte posterior del cráneo. Cabe citar también un abombamiento simétrico a medio cráneo en su perfil posterior. Estas estructuras permitieron su elevada encefalización, cosa que en sapiens fue distinta. En nosotros nuestro cerebro creció a lo alto, no a lo ancho.

En cuanto al ADN hallado sabemos que los neandertales eran de piel clara y algunos pelirrojos, castaños, hasta quizás rubios, pero no morenos. Su variabilidad genética era muy baja, al menos en sus individuos europeos durante los últimos 10.000 años. Tal dato parece indicar un efecto cuello de botella en donde una pequeña población se dispersó por un gran territorio llevando consigo la baja variabilidad genética de los escasos pioneros. Algunos autores creen que la expansión y retroceso de los glaciares controlaron el proceso anterior al provocar las idas y venidas de las pequeñas poblaciones de neandertales.

También los neandertales protagonizaron un cambio tecnológico / Pixabay

En cuanto a sus hábitos de vida eran hábiles cazadores y recolectores. Se organizaban en cuevas y cabañas con hogares bien establecidos pero estacionales. La caza mayor consistía en mamuts, caballos, ciervos, rinocerontes lanudos y bueyes almizcleros, aunque también mantenían una dieta variada sin menospreciar a los moluscos marinos (yacimiento de Cueva Bajoncillo), las setas, los piñones y una gran variedad de vegetales (Cueva del Sidrón). Hasta algunos autores apuntan que no todos los neandertales fueron tan carnívoros como se ha dicho, incluso el análisis genético del sarro en los ejemplares del Sidrón ha indicado que eran básicamente vegetarianos. En algunos yacimientos, como en el mismo Sidrón, se han hallado pruebas de canibalismo entre ellos. Y hasta en algunos hallazgos parece que enterraron a sus muertos, aunque no se sabe si por higiene o bajo rituales (La Ferrasie y La Chapelle).

Hasta en algunos hallazgos parece que enterraron a sus muertos, aunque no se sabe si por higiene o bajo rituales (La Ferrasie y La Chapelle)

Sus clanes eran pequeños, de ámbito familiar y patrilocales. Por su ADN sabemos que entre estos núcleos las mujeres abandonaban el clan donde nacían. Los hombres permanecían en el grupo para acoger a otras féminas. Esta práctica, y dada la baja variabilidad genética de los neandertales, evitaba la endogamia. De hecho ellas, y por la genética analizada, parían una media de un vástago cada tres años. Por otro lado, su densidad de población era muy baja. Se estima que hace unos 49.000 años la población neandertal europea era de unos 7.000 habitantes.

Pero lo más curioso de estos humanos es que utilizaban pigmentos en su vida social (yacimiento de Belvédère), y hasta se cree que iniciaron el arte rupestre a base de rayas, puntos y discos (yacimiento de Cueva de los Aviones) o grabados sobre roca (Cueva de Gorham en Gibraltar). Hasta se piensa que se automedicaban. Gracias al estudio del sarro de sus dientes en la cueva del Sidrón, sabemos que ingerían setas del género Penicillium y componentes de un árbol que contenía ácido salicílico, la actual aspirina.

En cierto modo, y en todo su conjunto, la visión clásica de los neandertales como unos humanos lerdos sólo fue producto de los prejuicios de otros parcos, los sapiens

También los neandertales protagonizaron un cambio tecnológico. Estos humanos pasaron del modo de talla II al modo III o musteriense. Esta técnica, como veremos, fue de origen subsahariano entre Homo sapiens de hace unos 300.000 años. Consistía en preparar un núcleo de sílex tallándolo en forma de tortuga para sacarle más lascas a trabajar. El paso al musteriense llegó a Europa, y quizás vinculado a un óptimo climático cerca de los 125.000 años que permitió una mayor migración humana hacia latitudes altas. Si musteriense se dio primero entre Homo sapiens africanos y llegó posteriormente a los neandertales europeos significa que entre ellos hubo enlaces culturales y hasta de otra índole. Ya llegaremos a ello.

En cierto modo, y en todo su conjunto, la visión clásica de los neandertales como unos humanos lerdos sólo fue producto de los prejuicios de otros parcos, los sapiens. Como en breve veremos, los neandertales no diferían en demasía de sus contemporáneos Homo sapiens del momento. Habrá pues que analizar a los primeros sapiens para ver su relación con el mundo neandertal.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

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