COVID-19: ¿Cómo podemos volver a las escuelas?

Foto: Sharon Mccutcheon on Unsplash

La infancia y los adolescentes son susceptibles a sufrir la COVID-19, si bien en la mayoría de los casos de forma más benigna que las personas adultas. Son parte de la cadena de contagio, aunque en una menor proporción que las personas adultas. Por lo tanto, hoy por hoy, no podemos descartar que la escuela sea un lugar donde se transmite la enfermedad.

 

Jordi Sunyer , Jefe del Programa de Infancia y Medio Ambiente / ISGlobal

Antes de que comiences a leer, me gustaría explicarte que esta es la opinión de un epidemiólogo, fuera del mundo escolar. Las palabras que sigue pretenden ser un motivo para la reflexión sobre preguntas que tienen una respuesta difícil, en ningún caso quieren ser consejos o recetas.

Tenemos algunos conocimientos: la infancia y los adolescentes son susceptibles a sufrir la COVID-19, si bien en la mayoría de los casos de forma más benigna que las personas adultas. Son parte de la cadena de contagio, aunque en una menor proporción que las personas adultas. Por lo tanto, hoy por hoy, no podemos descartar que la escuela sea un lugar donde se transmite la enfermedad, tanto por los profesores y demás personal, como por el alumnado.

Hoy por hoy, no podemos descartar que la escuela sea un lugar donde se transmite la enfermedad de la COVID-19

Por otro lado, sabemos que una gran parte de los contagios son en período asintomático, por lo que no es posible evitar el riesgo de contagio simplemente si se limita la entrada a la escuela a los niños y niñas y personal con síntomas gripales o fiebre. Actualmente, tampoco podemos regular la entrada a la escuela en función de un test inmunológico, por su moderada calidad y el gran porcentaje de población seguramente negativa.

También tenemos conocimiento que la mayoría de contagios se producen por vía aérea o por contacto con la mano de superficies contaminadas . Una persona contagiada tiene la capacidad de esparcir el virus por el aire a una distancia de dos metros, a excepción de los espacios interiores sin ventilación donde el contagio se puede producir a distancias mayores.

No tenemos evidencia sobre la efectividad de las medidas de distanciamiento e higiene en la realidad de las escuelas

Por ello, hay que mantener una distancia espacial de dos metros constantemente y ventilar los espacios interiores. Esto hará necesario modificar el aforo de las aulas y las salas de reuniones. Siempre que no se pueda garantizar la distancia espacial y la ventilación sería recomendable utilizar las mascarillas. La transmisión a través de las manos obliga a una limpieza repetida de ellas con agua y jabón o líquidos desinfectantes apropiados; y la limpieza del mobiliario y el material escolar.

No tenemos evidencia sobre la efectividad de estas medidas en la realidad de las escuelas. Parece pues prudente iniciar el regreso a las aulas en función del riesgo comunitario de la infección y comenzar por las zonas con menos riesgo de contagio.

Así, la apertura de las escuelas crea dilemas de difícil solución a los servicios escolares, profesores y madres y padres. De cara al debate, sin embargo, me gustaría introducir otros aspectos –aparte de los epidemiológicos ya mencionados­­– que me parecen fundamentales.

  1. La pandemia conlleva cambios en la organización y la dinámica social , probablemente durante los próximos 12-18 meses, o más allá si no conseguimos disponer de una vacuna eficaz.
  2. La educación es un sector clave en toda sociedad, no solo porque que los escolares de hoy son la semilla de mañana; también porque la escuela tiene un impacto social que va más allá del alumnado, y debe adaptarse a estos cambios.
  3. La escuela es el lugar adecuado para enseñar los cambios de hábitos y aprender nuevas normas , como el ‘saludo japonés’ en lugar del abrazo, la distancia social, la limpieza repetida y bien hecha de las manos, y la ventilación de los espacios cerrados.
  4. Los niños y niñas y los adolescentes son la población más flexible a la hora de aprender y, por tanto, de incorporar los cambios y adaptarse a los nuevos tiempos.
  5. La escuela juega un papel fundamental para adaptar sus contenidos a la actualidad . La pandemia es un motivo de aprendizaje sobre la comprensión de los problemas, la globalidad y las interrelaciones de las causas, la convivencia con las incertidumbres y la realidad de nuestra muerte y la de los nuestros.
  6. La metodología y organización también deberán adaptarse a los nuevos tiempos . La utilización de los recursos digitales es una oportunidad. También lo es la utilización de los espacios abiertos para dar clases al aire libre donde el contagio es más difícil. Además, el conocimiento científico describe los efectos beneficiosos de la naturaleza en la atención y el desarrollo cerebral.
  7. Estos cambios van más allá de la propia escuela. Tienen que ver con la conciliación entre la nueva forma de trabajar y el nuevo funcionamiento escolar. Ahora más que nunca hay una conciliación más intensa entre la familia, la escuela y el apoyo social.

La pandemia ha abierto una crisis sanitaria y económica que también afecta a la educación. Y todos los sectores relacionados se deben enfrentar de manera colegiada, dialogada y abierta. El esfuerzo de adaptación de tantas escuelas y profesores durante el confinamiento nos muestra que podemos dar respuesta.

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