Cristina de Suecia

Cristina de Suecia / Wikimedia

Tal día como hoy… 18 de diciembre de 1626 nacía Cristina de Suecia

 

El 18 de diciembre de 1626 nacía en Estocolmo Cristina de Suecia, conocida también como la Minerva del Norte, por su afición a la Filosofía, a la Ciencia y a la Cultura en general. Reinó en Suecia entre 1632 y 1654, abdicando de la corona a los 26 años de edad, convirtiéndose al catolicismo y fijando su residencia en Roma. Fue la protectora del filósofo y matemático francés René Descartes.

 

CV / En la historia aparecen a veces personajes que por su propio temperamento no encajan en las convenciones sociales propias del papel que la sociedad les ha preasignado. El caso de la reina Cristina de Suecia es sin duda uno de ellos.

Nació como hija de rey y su condición de reina ya fue una cierta singularidad en la Suecia del siglo XVII. Fue coronada reina con solo 5 años de edad por la muerte de su padre, Gustavo Adolfo II en la batalla de Lützen, en Alemania, durante la Guerra de los Treinta Años. Fue educada por sus preceptores bajo la tutela de un consejo de regencia, para convertirse en una reina sumisa a la nobleza y baluarte de la religión luterana por la cual había muerto su padre en la guerra.

Muy pronto se convirtió en una joven con ideas propias y fuerte personalidad, cultivada e inteligente, hasta acabar abdicando de la corona por decisión propia

Pero muy pronto se convirtió en una joven con ideas propias y fuerte personalidad, cultivada e inteligente, hasta acabar abdicando de la corona por decisión propia y ante la estupefacción pública, convirtiéndose al catolicismo y abandonando su país para trasladarse  a Roma.

Durante su etapa como reina, mantuvo fuertes disputas con la beligerante nobleza sueca y dedicó sus mayores esfuerzos a concluir la guerra iniciada por su padre y a convertir Suecia en un centro cultural de primer orden. No le interesaban los lujos, era una ávida lectora y una gran practicante de esgrima y equitación. Seguidora de las nuevas corrientes intelectuales europeas, mantuvo correspondencia con Descartes, de quien se declaró admiradora y al cual acogió en su corte para que le instruyera e impulsara el nivel intelectual de su reino. Desgraciadamente para Descartes, los rigores del clima sueco le llevaron a contraer una neumonía que lo mató en 1650, seis meses después de su llegada.

Descartes en la Corte de la reina Cristina de Suecia (detalle), Pierre Louis Dumesnil. Museo Nacional del Palacio de Versalles. / Wikimedia

Contrariamente a lo que cabía suponer de una soberana luterana, cultivó la amistad de los embajadores español y francés, católicos, y mantuvo una amigable correspondencia con Felipe IV de España, a quien regaló la gran joya artística de la Corona sueca, el  díptico ‘Adán y Eva’ de Durero, que se exhibe actualmente en el Museo del Prado de Madrid.

Convirtió la corte sueca en un centro cultural de primer orden, acogiendo latinistas, juristas, filósofos, científicos, artistas…

Convirtió la corte sueca en un centro cultural de primer orden, acogiendo latinistas, juristas, filósofos, científicos, artistas… destacando entre ellos, además del ya citado Descartes, el pintor Sébastien Bourdon, los teólogos Samuel Bochart y Pierre Daniel Huet, el jurista Hugo Grocius, el médico Pierre Bourdelot… Trajo también a Suecia numerosas compañías de teatro y danza francesas, españolas, italianas…

Al ser requerida por el Consejo del Reino para contraeré matrimonio y tener un heredero, replicó que no se casaría y nombró heredero a su primo Carlos Gustavo. En 1654 hizo pública su intención de abdicar de la corona. Al ser impelida a dar una explicación sobre sus razones, respondió que si el Consejo las conociera, no le parecerían tan extrañas. El 6 de junio de 1654 se deprendió de sus insignias reales y partió en barco hacia Hamburgo. De allí, se trasladó al Flandes español, y puso camino a Roma. Durante su estancia en Flandes, se convirtió al catolicismo.

Fue recibida en Roma, donde fijó su residencia, con todos los honores por el papa Alejandro VII

Para una religión que había perdido en el último siglo a la mitad de su feligresía, la conversión al catolicismo de una luterana tuvo un gran efecto propagandístico para el Vaticano. Fue recibida en Roma, donde fijó su residencia, con todos los honores por el papa Alejandro VII. Llegó a la ciudad eterna el 19 de diciembre de 1655, y allí residió el resto de su vida. Aun con las irregulares rentas que recibía de Suecia, se las arregló para organizar un centro cultural propio, fomentando la construcción de colegios y bibliotecas.

Promovió el levantamiento de la prohibición a las mujeres de asistir a los espectáculos artísticos y adquirió un convento que convirtió en teatro

Promovió el levantamiento de la prohibición a las mujeres de asistir a los espectáculos artísticos y adquirió un convento que convirtió en teatro, desde el cual impulsó la «ópera seria». Fundó la Academia Real y un observatorio astronómico. Como librepensadora, se opuso a las persecuciones religiosas, intercediendo en favor de los judíos y manifestándose contra la represión de los hugonotes en Francia.

Su vida en Roma solo se vio alterada por dos viajes, una a Francia, de un año, donde conoció personalmente al cardenal Mazarino y a Ana de Austria, y otro a Suecia, adonde fue para gestionar sus posesiones, y Hamburgo, que le llevó más o menos un año y medio. Murió el 19 de abril de 1689, a los 62 años de edad. En su testamento había dispuesto que se la enterrara en el Panteón de Agripa, sin exhibición ni ceremonial, pero el papa Inocencio XI decidió darle un funeral de estado, y que fuera enterrada en San Pedro, en la Grotte Vecchie. Sobre su sepulcro, el arquitecto Carlo Fontana construyó el monumento funerario que sigue en pie en la nave central de la Basílica de San Pedro de Roma.

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