Fotografía: UIMP 2016 | Juan Manuel Serrano

La socióloga María Ángeles Durán expone su debate “a vida o muerte”

En la UIMP

 

María Ángeles Durán (Madrid, 1942) fue la primera mujer en España en obtener una cátedra de Sociología, y su tesis doctoral significó el punto de partida del feminismo académico en España. Durán ha participado en el X Encuentro “Ernest Lluch” que se celebra en la UIMP, este año bajo el título “Sociedades envejecidas: los retos de gestión socio-sanitaria en los últimos años de la vida”.

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La socióloga María Ángeles Durán / Créditos: Wikipedia

La socióloga María Ángeles Durán / Créditos: Montserrat Boix (Wikipedia)

UIMP / Durante su intervención, la socióloga ha puesto sobre la mesa varios debates y ha revelado datos sobre los nuevos modelos de vida de la sociedad española: “Nuestra estructura de población ya no es una pirámide, sino que debemos pensar más bien en torres demográficas”. Este cambio se debe tanto a que la mortalidad entre el nacimiento y los cinco primeros años de vida se ha limitado muchísimo, igual que en la mediana y avanzada edad.

María Ángeles Durán ha planteado “qué se entiende por edad avanzada”, y ha afirmado que “no tiene que ver con la edad, sino con actitudes en la vida y sobre todo con las condiciones saludables”.

Por otra parte, respecto a la torre demográfica, la socióloga ha dicho que también influye en ella la fuerte capacidad de decisión de la sociedad sobre el nacimiento de los niños, pues hoy en día “los niños nacen encargados”.

Respecto a la reducción del índice de mortalidad, Durán ha recordado que antiguamente “la muerte llegaba inesperadamente en edades más tempranas, por las condiciones de los recién nacidos y de las mujeres durante el parto”. Por eso ellas “morían más que los hombres en las guerras”. Por el contrario, ahora se muere de viejo.

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El desplome de la salud, la sanidad y la muerte

Durán ha asegurado que “el desplome de la salud llega a partir de los 75 años”, y el debate surge ante la cuestión de si se debe “poner barrera al desplome” por medio de la tecnología. A este respecto, la socióloga ha preguntado a los asistentes “si tuviésemos recursos económicos y tecnológicos para mantener la barrera contra la muerte, ¿elegiríamos no morir?”.

“Si tuviésemos recursos económicos y tecnológicos para mantener la barrera contra la muerte, ¿elegiríamos no morir?”, ha preguntado Durán

Y también se ha preguntado si el avance tecnológico se ha convertido en una amenaza. “Si no cambia el panorama, la tendencia es acabar como un ciborg” (ser humano y robot), es decir, seguir alargando la vida de una persona conectada a oxígeno y a estimulación mecánica y química. En este sentido, estaremos “más tiempo sanos, y también más tiempo enfermos”.

Por otro lado, la investigadora ha abordado el tema de la influencia de las instituciones sobre el final de la vida humana: por una parte, el papel que desarrollan residencias, hospitales, y centros de día, y por otra, las instituciones laborales, donde entran en juego las empresas. Por último, está la Seguridad Social, que condiciona muchísimo el nivel del final de la vida del contribuyente con el pago de pensiones y de medicinas.

Según los estudios de Durán, “los hombres mueren felices, guapos y ricos”, ya que les cuidan mujeres más jóvenes que ellos e incluso “con mayor diferencia de edad en el caso de ser segundas nupcias”, mientras que “las mujeres tejen redes de apoyo social con hijas, hermanas, amigas y vecinas” para asegurarse un final en compañía.

Otra conclusión expuesta en la conferencia ha sido “el conflicto en el que entran la sanidad pública y la sanidad privada al final de la vida”, al aumentar las primas en un 400% cuando se cumplen 65 años.

Frente a prolongar la vida el médico se encuentra ante la disyuntiva de dedicarse a la labor de salvar pacientes o a terminar con su vida

Sobre datos del CIS, Durán ha recordado que el 93% de los encuestados ante el final de la vida pediría todos los calmantes necesarios para mitigar el dolor, y el 64% ayudaría a alguien a morir sin sufrimiento respetando el testamento vital (documento en el que un individuo explica las instrucciones que deberán tenerse en cuenta cuando su estado de salud no le permita expresarlas él mismo).

Sobre si los encuestados castigarían al médico que prolongue la vida sin sentido aparente, la respuesta fue “no” y, por último, a la pregunta sobre si ayudaría a morir a un familiar que se lo pidiese, la respuesta fue “no”, por la responsabilidad y por el desconocimiento en el suministro de dosis, pero “una mayoría sí estaría de acuerdo en que fuera el médico quien lo hiciese”. En este sentido, ha apuntado que el profesional se encuentra ante la disyuntiva de dedicarse a la labor de salvar pacientes o a terminar con su vida.

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