Entrevista publicada por la Universidad de Barcelona

«El estrés, la ansiedad y la violencia son manifestaciones del analfabetismo emocional»

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UB / Rafael Bisquerra Alzina es catedrático de Orientación Psicopedagógica en la UB y director de diversos másteres y posgrados en esta Universidad. Desde hace veinte años, su línea de investigación se ha centrado en la educación emocional, ámbito en que ha publicado numerosos libros. El más reciente de ellos, Cuestiones sobre bienestar (Síntesis, 2013), trata sobre los diversos tipos de bienestar y combate la concepción unilateral que a menudo se tiene del bienestar como una cuestión únicamente económica.

Rafel Bisquerra Alzina.

Rafel Bisquerra Alzina.

Bisquerra es fundador y primer director del Grupo de Investigación en Orientación Psicopedagógica (GROP), y creador de la Fundación para la Educación Emocional (FEM). Actualmente trabaja en la preparación del Congreso Internacional de Educación Emocional, coincidiendo con las X Jornadas de Educación Emocional, que tendrá lugar en la UB del 4 al 6 de abril.

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La búsqueda de la felicidad ha estado presente en el decurso de la historia, como demuestra un repaso a las principales corrientes filosóficas. Todos queremos ser felices y sentirnos bien. ¿Existe algún elixir mágico para conseguirlo? ¿Es una misión imposible o es algo que hay que trabajar con esfuerzo y buena predisposición?

No hay elixir mágico. Pero tampoco es una misión imposible. Es una cuestión emocional que depende de las actitudes, de la voluntad y de lo que hacemos. Cada cual construye su propio bienestar (o malestar), aunque a menudo no seamos conscientes de ello. Y con eso contribuimos al bienestar (o malestar) social.

 

La última obra de Bisquerra.

La última obra de Bisquerra.

El bienestar disminuye por circunstancias adversas, como por ejemplo enfermedades, el paro o la muerte de seres queridos. ¿Cómo se puede luchar contra el desaliento que provoca todo eso?

Siempre hay motivos de sobra para el malestar. Siempre ha sido así. Sobre todo en situaciones sumamente adversas, lo más fácil es caer en el desaliento y la negatividad. Lo que es realmente heroico es decidir adoptar una actitud positiva ante la vida; lo cual nos abre la puerta al bienestar. No es nada fácil, pero es posible. Es una cuestión de voluntad, de actitud, de conciencia y de regulación emocional. De algún modo, implica ir contra la corriente. Pero vale la pena.

 

Asegura que existen varios tipos de bienestar: el material, el físico, el social, el emocional, el profesional y el de las organizaciones. ¿Se pueden trabajar por separado? ¿Cuál deberíamos priorizar? ¿La consecución de un tipo de bienestar conduce a otro?

Sí que se pueden trabajar por separado y, de hecho, se hace así en muchas situaciones. Tal como se expone en Cuestiones sobre bienestar, hay muchas personas y organizaciones que solo se preocupan del bienestar material. Ahora bien, si queremos crecer como personas con toda la complejidad e integridad que esto supone, hace falta un desarrollo armónico y equilibrado de todos los tipos de bienestar. Es necesario que la mesa esté equilibrada; no hiperdesarrollada de una pata y corta de las otras.

Es importante trabajar por el bienestar global, tanto personal como social. Hay que desarrollar personas y organizaciones orientadas al bienestar global; no únicamente para lograr el bienestar material, sino también el bienestar emocional. Existe una gran interacción entre los distintos tipos de bienestar. Pero a menudo no somos conscientes de ello y nos centramos exclusivamente en el bienestar material; lo que produce desequilibrios que pueden derivar en ansiedad, estrés, depresión, consumo de drogas, violencia, etc., manifestaciones del analfabetismo emocional, que no hace más que producir malestar.

 

En iguales condiciones, un individuo puede sentirse feliz y otro, en cambio, vivir angustiado. ¿Qué peso tiene la subjetividad en cualquiera de los tipos de bienestar?

El auténtico bienestar es eminentemente subjetivo. En las mismas situaciones, una persona podrá disfrutar de un cierto bienestar y en otro individuo predominará el malestar. Esto depende de las valoraciones que hacemos de la realidad que nos rodea. Tal como dijo el filósofo griego Epicteto, no estamos perturbados por los hechos en sí, sino por la forma que tenemos de valorarlos y vivirlos. Precisamente porque el auténtico bienestar es subjetivo y emocional, depende en gran medida de un mismo, de las propias actitudes y de la voluntad.

 

¿Se puede trabajar el bienestar de los niños? ¿Podemos educarlos emocionalmente para que en el futuro sean adultos más felices?

Hay investigaciones que se encaminan en esa dirección. No en el sentido de dárselo todo hecho al niño, ni mucho menos. Se trata de demostrarles que se puede ser más feliz implicándose con entusiasmo en proyectos que nos apasionan, que con una actitud pasiva. Es una forma de comprender que el bienestar no es algo fácil, sino que requiere esfuerzo. Es como descubrir que si uno tiene frío, tiene ganas de ponerse cerca del fuego para calentarse; pero en realidad, es quien se esfuerza en acumular la leña y encender el fuego para que los otros se puedan calentar el que mejor se saca el frío de encima.

 

¿El bienestar se contagia?

El contagio emocional es una realidad: las emociones se contagian. Todos nos hemos encontrado con personas con las que, después de diez minutos de hablar, tenemos la sensación de que somos un globo pinchado con una aguja y nos quedamos sin energías. Por el contrario, a veces te encuentras con personas que te trasmiten energía positiva y entusiasmo, y al cabo de un rato de estar con ellas parece como si hubieras recibido un «chute» de energía y tienes ganas de repetir.

También existen determinados contextos —por ejemplo, reuniones de trabajo— en los que parece haber un clima emocional tóxico y no te atreves a decir nada; porque sabes que digas lo que digas alguien te lanzará la artillería pesada encima y te dejará planchado. En cambio, a veces se puede generar un clima emocional positivo en que nos sentimos cómodos para expresarnos, para compartir y para estimular la creatividad grupal. El reto que tenemos es el de distinguir qué contextos queremos que nos contagien y cuáles no. Y sobre todo, qué climas emocionales nos proponemos contribuir a contagiar y cuáles no. De esto depende en gran medida el bienestar personal y social.

 

 

 

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