En concreto, el estudio pone de manifiesto tres ámbitos clave que normalmente se pasan por alto: atenciones y contacto físico; un entorno agradable y cómodo; y un conjunto de rituales relacionados con la muerte.

Científicos financiados con fondos europeos investigan las complejidades de la asistencia al final de la vida

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El cuidado de una población envejecida es un gran reto para Europa y, para dar con soluciones, un equipo internacional de investigadores acaba de publicar un nuevo estudio en el que se detallan las complejidades que a menudo se pasan por alto en lo relativo a los cuidados paliativos no farmacológicos que se brindan a los más mayores.

El equipo, compuesto por científicos de Australia, Argentina, Alemania, Italia, Eslovenia, Suecia, Suiza, Nueva Zelanda y Reino Unido, describe en PLoS Medicine que este tipo de atenciones se basan en decisiones profesionales complejas que comprenden dimensiones físicas, psicosociales y existenciales en un todo funcional.

En concreto, el estudio pone de manifiesto tres ámbitos clave que normalmente se pasan por alto: atenciones y contacto físico; un entorno agradable y cómodo; y un conjunto de rituales relacionados con la muerte.

El estudio recibió el apoyo del proyecto OPCARE9 («Una colaboración europea destinada a optimizar la investigación dedicada al cuidado de pacientes de cáncer durante sus últimos días de vida»), financiado con más de 2 millones de euros mediante el tema «Salud» del Séptimo Programa Marco (7PM).

El objetivo principal de OPCARE9 fue identificar variaciones en las actividades no farmacológicas comprendidas en los cuidados paliativos. Los socios del proyecto se propusieron responder a una pregunta: ¿A qué se dedican los cuidadores durante los últimos días de la vida de sus pacientes además de a suministrarles fármacos?

Uno de los autores del estudio, el Dr. Olav Lindqvist del Instituto Karolinska (Suecia) comentó: «Por supuesto, los cuidados paliativos se dedican a satisfacer las necesidades humanas fundamentales, pero lo que hemos descubierto en nuestro estudio es que abarca mucho más de lo que en un principio se presupone. Para lograr progresos en los cuidados paliativos debemos conocer mejor este tipo de atenciones diarias y desentrañar sus matices.»

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El ejemplo de la higiene bucal

El equipo analizó dieciséis ambulatorios y residencias de nueve países. Se pidió a personal de enfermería, médicos y voluntarios de los dos tipos de clínica que registrasen las actividades no farmacológicas efectuadas durante los últimos días de la vida de un paciente, durante tres o cuatro semanas.

En palabras del Dr. Lindqvist: «Los cuidadores describieron distintos tipos de comunicación con pacientes y familiares, desde la aportación de consejos hasta la comunicación mediante contacto físico no verbal. Los rituales alrededor de la muerte y los momentos anteriores no sólo eran espirituales o religiosos, sino también en cierta medida existenciales, jurídicos y profesionales. Lo que la ciencia ha pasado por alto son los aspectos sensoriales del entorno de atención, tanto en casa como en el hospital.»

Un aspecto interesante del estudio es la profundidad con la que ha analizado los cuidados paliativos no farmacológicos, que se basan en una serie de decisiones complejas y sofisticadas que el cuidador ha de tomar. Este tipo de decisiones están relacionadas con lo que debe o no debe hacerse, cuándo es el momento más adecuado y quién es el encargado de organizar la situación.

El Dr. Lindqvist explicó todo ello mediante el ejemplo de la higiene bucal: «Es probable que haga sentir mejor al moribundo y puede favorecer el trato con los parientes, pues es incómodo acercarse a alguien cuando su aliento despide un olor fuerte. ¿Pero qué pasa si el paciente la rechaza? El personal de enfermería ha de enfrentarse a un dilema ético complicado. La higiene bucal también es una ocasión de que la familia participe en los cuidados de un familiar moribundo y su implicación es algo que los cuidadores deben tener en cuenta.»

OPCARE9, que estuvo en marcha desde 2008 hasta 2011, se dedicó a desarrollar metodologías y protocolos innovadores y creativos para subsanar vacíos del conocimiento al respecto mediante colaboraciones internacionales. Los investigadores al cargo se ocuparon de identificar indicadores de calidad europeos mediante los que realizar mediciones futuras de las atenciones prestadas durante los últimos días de vida de un paciente. También identificaron «tecnologías» con las que mejorar la prestación de cuidados en los últimos días y horas de vida.