Los hallazgos revelan que los investigadores universitarios son los evaluadores políticos más activos en Europa, y que el 58 % de las evaluaciones no son producto de un encargo.

Un estudio revela la tendencia al alza de la cultura de la evaluación

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Un estudio europeo ofrece nuevos datos sobre la clasificación sistemática de las pautas de evaluación política emergentes en Europa.

Los resultados son fruto del proyecto ADAM («Estrategias de adaptación y mitigación: en apoyo de la política climática europea»), financiado con 12,9 millones de euros conforme al área temática «Desarrollo sostenible, cambio planetario y ecosistemas» del Sexto Programa Marco (6PM) de la UE. El estudio se ha publicado en la revista Policy Sciences.

Las estrategias empleadas a la hora de elaborar políticas nuevas han suscitado el interés de los europeos desde principios de 2000, hasta el punto de marcarse como objetivo y aplicar diversas políticas al respecto durante este periodo. Sin embargo, a pesar de dicho aumento, aún no existe información suficiente sobre las medidas tomadas para garantizar el éxito de las políticas resultantes.

Los investigadores del estudio mencionado, dirigido por la Universidad de Anglia Oriental (UEA Reino Unido) y la Vrije Universiteit Amsterdam (VU Países Bajos), llevaron a cabo un metaanálisis y descubrieron que se está abriendo paso una cultura de la evaluación. En los últimos años ha aumentado la cantidad de evaluaciones realizadas. Según la información obtenida de seis Estados miembros, y de la UE en general, entre 2000 y 2005 el número de informes realizados se multiplicó por ocho. Sin embargo, cabe señalar que este aumento fue más marcado en algunos Estados miembros que en otros.

Por norma general, en el Reino Unido se evaluaron los efectos de las políticas en mayor medida que en Polonia y Portugal, según los investigadores. Pero también existen otras diferencias en lo relativo a la cultura de evaluación. Por ejemplo, la mayoría de las 259 evaluaciones identificadas y analizadas también adoptan una selección relativamente limitada de herramientas de evaluación y una participación intensiva de partes interesadas insuficiente.

Los datos muestran que más del 80 % no son fundamentales y que dan por sentados los objetivos políticos existentes. Los investigadores afirman que la mayoría también cuenta con un ámbito de aplicación bastante limitado, ya que se centran en su mayor parte en la eficacia medioambiental o en la rentabilidad de las políticas en vigor.

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Prácticas poco sistemáticas

«Independientemente de si la gobernanza climática se realiza a través de las Naciones Unidas o -como ahora parece más probable- a través de procesos más informales del tipo “promesa y revisión” (pledge and review), las prácticas de evaluación son absolutamente cruciales para ajustar las intervenciones políticas y para generar y mantener la confianza de los ciudadanos», afirma uno de los autores principales del informe, el profesor Andrew Jordan, del Centro Tyndall para Investigación sobre el Cambio Climático de la Universidad de Anglia Oriental.

«El hallazgo más sorprendente de nuestro análisis es lo infradesarrolladas y poco sistemáticas que son las actuales prácticas de evaluación», añade. «Se han hecho grandes esfuerzos para informar y entender los procedimientos de elaboración de políticas en Europa, pero la mayor parte de la evaluación política sigue siendo poco sistemática y de carácter no consultivo.»

Las peticiones de que se lleven a cabo evaluaciones de un modo más transparente aumentarán conforme se intensifique la presión sobre los responsables de elaboración de políticas para que aclaren los esfuerzos que se están realizando para hacer frente al cambio climático. Pero el profesor Jordan afirma que los actuales sistemas políticos en Europa no están preparados para afrontar el desafío.

Por su parte, el Dr. Dave Huitema, del Instituto de Estudios Medioambientales de la Universidad de Amsterdam y coautor del estudio, explica que existía una «brecha amplia entre la teoría de la evaluación y la práctica, lo que sugiere que las evaluaciones actuales subestiman la complejidad de las cuestiones relacionadas con el cambio climático.»

Los hallazgos revelan que los investigadores universitarios son los evaluadores políticos más activos en Europa, y que el 58 % de las evaluaciones no son producto de un encargo. Los responsables políticos tienen la capacidad de dar un impulso al esfuerzo general de evaluación encargando más evaluaciones a más organizaciones. Aunque quizás esto no dé como resultado una cultura de evaluación más activa e inquisitiva.

Por un lado, hay más probabilidades de que las evaluaciones no encargadas cuestionen los objetivos políticos que las encargadas. Por otro lado, los órganos parlamentarios han producido un número relativamente elevado de evaluaciones críticas. Así pues, según los investigadores, mejorar la calidad y la cantidad de las evaluaciones es una responsabilidad compartida.