Danton

Georges Danton / Wikimedia

Tal día como hoy… 5 de abril de 1794 era ejecutado en París George-Jacques Danton

 

El 5 de abril de 1794 era ejecutado en París George-Jacques Danton, uno de los principales líderes de la Revolución Francesa, y presidente hasta poco antes del mismo Tribunal que le condenó. Su muerte desató la última etapa de la época conocida como del «terror» en la Francia revolucionaria.

 

CV / Se ha dicho con frecuencia que las revoluciones acaban devorando a sus hijos, es decir, que acaban liquidando en su vorágine a los que las habían propiciado y dirigido. No será ninguna «ley histórica» -en el supuesto que las hubiera-, pero lo cierto es que se trata de algo bastante común. Y la Revolución Francesa, acaso por ser la primera de las modernas, no solo no fue una excepción, sino que marcó la pauta posterior; así ocurrió con sus más famosos líderes: Marat, Danton, Robespierre, Saint-Just, Desmoulins, Hébert…

Según sus biógrafos, frecuentaba más los salones parisinos y los cafés prerrevolucionarios –donde conoció a Marat y a Desmoulins- que el despacho en el que trabajaba

Danton había nacido el 26 de octubre de 1759 en Arcis-sur-Aube, un pueblo de la Champagne francesa. Estudió Derecho en Dijon y muy pronto se instaló en París para ejercer de abogado. Según sus biógrafos, frecuentaba más los salones parisinos y los cafés prerrevolucionarios –donde conoció a Marat y a Desmoulins- que el despacho en que teóricamente trabajaba como abogado. Sea como fuere, contrajo matrimonio con la hija del acaudalado dueño de un restaurante, lo que le permitió disponer de fondos para ganarse una sólida reputación, y «comprar» el puesto de abogado del Consejo del Rey en 1787.

Cuando estalló la revolución en 1789, se involucró con entusiasmo en la política, siendo elegido presidente de la «Sociedad de Amigos de los Derechos del Hombre y del Ciudadano», pero conocida popularmente como «les cordeliers» por tener la sede y celebrar sus reuniones en el antiguo convento de los franciscanos cordeleros de París. A esta sociedad revolucionaria, que representaba la facción más radical, pertenecían también Desmoulins, Hébert y Marat. Propugnaban la eliminación de la monarquía, la proclamación de la República y la instauración del sufragio universal. Se consideraban los defensores de los sans-culottes. En este sentido, realizaban cuestaciones para ayudar a los indigentes, algo que los jacobinos de Robespierre –por entonces más moderados- nunca hicieron.

Fue haciéndose famoso por sus grandes facultades como orador, que explotaba dirigiendo vibrantes discursos a las masas

Fue haciéndose famoso por sus grandes facultades como orador, que explotaba dirigiendo vibrantes discursos a las masas. Un biógrafo contemporáneo suyo –R. Griffiths- afirmaba que “la altura de Danton era colosal, su aspecto atlético, sus rasgos fuertemente marcados, groseros y desagradables, su voz sacudía las cúpulas de los pasillos”… Tras la huida de Luis XVI y su detención en Varennes, los cordeliers exigieron la destitución de Luis XVI, que efectivamente fue depuesto, rebajado a «ciudadano Luis Capeto», proclamándose la República y entrando la revolución en una nueva fase. Danton se convirtió entonces en el hombre más poderoso de Francia.

Fue ministro de Justicia y miembro de la Convención. Cuando ésta votó la muerte de Luis XVI, Danton no pudo votar porque se encontraba en Bélgica. Había propuesto para el rey depuesto la pena de destierro, pero se mostró también de acuerdo con su ejecución. A continuación arremetió contra los girondinos, aliándose con Maximilien de Robespierre, la nueva figura emergente. Al poco tiempo, los cordeliers se escindieron en dos grupos rivales, los moderados o «dantonistas» y los exagerados o «hébertistas» -por Jacques-René Hébert. Danton empezó a pensar que era el momento de detener lo que denominó la comunidad del terror, postulando un entendimiento entre los cordeliers girondinos –o lo que quedaba de ellos- y los jacobinos; fueron los llamados «indulgentes». Desaconsejó, por ejemplo, la ejecución de María Antonieta… en vano.

Robespierre, por medio de Saint-Just –conocido como el arcángel del terror- lo hizo detener bajo la acusación de «enemigo de la República»

Cuando Robespierre se sintió lo bastante fuerte como para ello, acusó a Danton de corrupción –probablemente la acusación era cierta-. Danton abandonó entonces abruptamente París y se refugió en su villa natal de Arcis-sus-Aube. No le sirvió de nada quitarse de en medio. Robespierre, por medio de Saint-Just –conocido como el arcángel del terror- lo hizo detener bajo la acusación de «enemigo de la República». El y su colaborador Desmoulins fueron guillotinados el mismo día. Sus últimas palabras antes de poner la cabeza en el cadalso fueron:

“Lo único que lamento es tener que irme antes que esa rata de Robespierre”.

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