Darío Fo

Darío Fo fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura 1997 / Wikimedia -Daniele Medri 

Tal día como hoy… 13 de octubre del año 2016 fallecía Darío Fo

 

El 13 de octubre del año 2016 fallecía en Milán (Italia) Darío Fo, actor y dramaturgo italiano, galardonado con el Premio Nobel de Literatura 1997. Pocos han sido tan vitriólicamente críticos con el poder y, a la vez, satíricos hasta la bufonada que arranca las risas del espectador. Irreverente e irreductible. Al final de su vida apostó en política por el Movimiento Cinco Estrellas, que encabezaba su amigo, el cómico Beppe Grillo.

 

CV / Darío Fo nació en Sangiano, en la Lombardía italiana, el 24 de marzo de 1926. Estudió en la Academia de Brera, en Milán, iniciándose allí como actor y escritor, especializándose en obras satíricas. En 1954 conoció y se casó con la también actriz Franca Rame, la compañera de toda su vida, con la cual fundó en 1959 la compañía teatral ‘Dario Fo – Franca Rame’, montando espectáculos en la tradición italiana de la Comedia dell’Arte’, género de teatro popular que data del siglo XVI, y que toma elementos literarios, carnavalescos, mímicos y acrobáticos. En el año 1968, y al calor de los acontecimientos, la compañía se transformó en ‘La Comune’, con la intención de realizar un teatro crítico, social y político. Muchas de sus obras fueron censuradas.

Evitó la censura recurriendo al ingenio, y acaso aprovechándose también de la estupidez de los censores. Fue el caso de ‘Muerte accidental de un anarquista’ (1970)

En otras evitó la censura recurriendo al ingenio, y acaso aprovechándose también de la estupidez de los censores. Fue el caso de ‘Muerte accidental de un anarquista’ (1970), basada en un hecho real: la «caída» por la ventana, de la comisaría de Milán, durante un interrogatorio, de un ferroviario anarquista acusado de poner una bomba. Fo situó la obra en el Nueva York de los años veinte.

Otras veces pone a la sociedad frente un espejo indeseado, el que muestra lo que no quiere ver. Imaginemos que un buen día los delincuentes se declaran en huelga. ¿Qué ocurriría? Despidos masivos en la policía, las empresas de seguros en bancarrota, los cerrajeros en paro, la gente guardaría el dinero en casa en lugar de en los bancos… Una auténtica crisis que amenazaría los mismos fundamentos sobre los que se asientan las sociedades humanas.

Pues esto es ni más ni menos lo que ocurre en la obra ‘Tenía dos pistolas con los ojos blancos y negros’ (1960). Un antiguo legionario va ascendiendo en el mundo del hampa hasta llegar a jefe de la mafia, y se le ocurre ni más ni menos que organizar un sindicato de malhechores, que además se declaran en huelga. Y claro, se lía la de San Quintín. No diremos cómo acaba, para no fastidiarle la lectura a quién se interese por ella.

Aunque no siempre fue tan burlesco ni sus comicidades tan evidentes. A veces tienen repliegues

Aunque no siempre fue tan burlesco ni sus comicidades tan evidentes. A veces tienen repliegues. Por ejemplo, en ‘La mueca del miedo’ (1953) es mucho más sardónico por mor de su propia temática: los políticos. Es decir, los políticos vistos por un ácrata. Hay en este sentido una triste anécdota que merece ser contada.

En 1983 se iba a estrenar ‘La mueca del miedo’ en la Casa de Cultura del Puerto de Santa María (Cádiz). Para la difusión del evento se imprimieron unos folletines a modo de tríptico en los cuales se anunciaba la representación, y en el reverso se añadía una frase de Vsévolod Meyerhold (1874-1940): “Puedes burlarte de un león…, puede que hasta te pague con una carcajada, pero no ironices jamás sobre un político; son como monos, que si están solos huyen, pero si tienen a sus espaldas a un león protegiéndoles, de un arañazo te sacan los ojos”.

El por entonces concejal de cultura del Puerto de Santa María prohibió la difusión de los trípticos por considerar que eran ofensivos. ¿Y dónde está lo grotesco de esta anécdota? Pues en que dicho concejal –cuyo nombre no merece figurar aquí- era del partido comunista (PCE). Y estaba prohibiendo las frases de un autor bolchevique. Porque Meyerhold fue bolchevique, tan buen bolchevique que en 1940 fue fusilado por Stalin. Casi, casi, como cuando aquella ministra de cultura comentó sobre el premio Nobel de literatura a Saramago: “Ya era hora de que le dieran el premio a una mujer: Sara Amago”.

Mofándose de cosas así, Darío Fo era simplemente sublime.

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