De Hannover a Windsor

La insignia de la casa de Windsor / Wikimedia

Tal día como hoy… 17 de julio de 1917 la familia real británica cambiaba de apellido

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El 17 de julio de 1917, la familia real británica cambiaba de apellido. El rey Jorge V, en el cuarto año de la I Guerra Mundial y con la opinión pública británica en estado de germanofobia hasta en lo anecdótico, decidió ratificar simbólicamente en una proclamación real su compromiso con Gran Bretaña renunciando a sus apellidos alemanes y adoptando el del antiguo castillo que había sido residencia real durante los últimos tiempos : Windsor.

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CV / Tras la muerte sin descendencia de la reina Ana Estuardo en 1714, las élites inglesas decidieron traspasar la corona británica a una nueva dinastía. Siempre desconfiados de las veleidades católicas de los Estuardo, y convencidos de que un monarca extranjero sería mucho más manipulable, el elegido fue un descendiente indirecto alemán de la fallecida reina, Jorge Brunswick-Luneburgo, príncipe elector de Hannover -con un pasado algo atribulado y más bien poco ejemplar- que accedió a la corona británica con el nombre de Jorge I de Hannover, dando origen a la dinastía de este nombre. Nunca llegó a hablar el inglés.

Aunque fuera meramente simbólico, que una Gran Bretaña en guerra con Alemania tuviera un rey con apellidos germánicos empezó a rechinar estrepitosamente

Un siglo después, su descendiente la reina Victoria se casó con otro príncipe alemán, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, que fue rey consorte, en un caso de desposorio matrilocal en cuanto a la Corona, pero patrilineal en la transmisión de los apellidos. El apellido Hannover desapareció con la reina Victoria (f. 1901), sucediéndole su hijo Eduardo VII de Sajonia-Coburgo-Gotha, que inauguraba así la nueva dinastía injertada en los Hannover.

En realidad, las dinastías europeas fueron y son un auténtico precedente de los centros y lobbies transnacionales de poder, emparentados siempre entre ellos sin más diferencia, en muchas ocasiones, que la mera transmisión del apellido reinante que da nombre a la dinastía. La propia reina Victoria fue considerada la «abuela» de Europa, por los enlaces de su descendencia con la mayoría de familias reales europeas.

Pero los tiempos de la razón dinástica habían pasado a la historia en los países modernos, y se imponía desde hacía ya tiempo la razón de estado. Llegaron luego la rivalidad entre Gran Bretaña y el nuevo Imperio alemán, la paz armada, el nacionalismo como elemento de instrumentalización de las masas… y la I Guerra mundial. Aunque fuera meramente simbólico, que una Gran Bretaña en guerra con Alemania tuviera un rey con apellidos germánicos empezó a rechinar estrepitosamente. Así que nada tan fácil como cambiar de apellido y aquí no ha pasado nada. Ahora los soldaditos podrían morir tranquilos, sabiendo que lo hacían por un rey con apellidos ingleses; impostados, pero muy ingleses. Se eligió el nombre del primer castillo que había construido en Inglaterra otro germánico, el duque normando Guillermo el Conquistador, en el siglo XI. Pero hacía tanto tiempo que nadie se acordaba…

En uno de sus escasísimos arranques de ingenio, cuando el Káiser Guillermo II se enteró del cambio de nombre de sus parientes británicos, comentó aludiendo a la obra de Shakespeare: “Pues esta noche tengo planeado asistir a una representación de ‘Las alegres comadres de Sajonia-Coburgo y Gotha’.

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También un 17 de julio se cumplen estas otras efemérides

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