Democracia en el aula

Las ventajas prácticas de la tarima para infundir el orden por clase eran muchas / Imagen de Wokandapix en Pixabay

Para la democracia educativa había una estructura que fue dilapidada del aula bajo razones presuntamente reformistas. Fue eliminada por real decreto como si de una estatua del antiguo régimen se tratara. Se decía que elevaba en demasía la figura del docente aunque fue también republicana. Ella, aunque altiva, era útil ya que suponía más ventajas que pegas.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

La tarima resultó una herramienta de alto copete por una razón inapelable, permitía impartir mejor las clases, eso sí, siempre hubo riesgo de caerse y romperse la crisma. Quizás por eso la quitaron, para que el sindicato no exigiera un plus de peligrosidad para los docentes. De hecho una vez vi caerse a una de inglés desde la tarima. Menudo susto.

Las ventajas prácticas de la tarima para infundir el orden por clase eran muchas. Por un lado la pizarra estaba más elevada ofreciendo mejor visión para todos los alumnos del fondo; por otro la proyección de la voz del docente era mucho mejor evitando terapias de foniatría hoy harto necesarias; y por último la tarima permitía una mejor observación del grupo para conocerlos y orientarlos mejor.

Algunas pedagogías teóricas condenan que los escolares vean al docente en posición alta sobre una tarima, dicen que esta no favorece el concepto de igualdad entre humanos

La tarima no era soberbia ni antigua, era simplemente más práctica y democrática. A pesar de ello algunas pedagogías teóricas condenan que los escolares vean al docente en posición alta sobre una tarima, dicen que esta no favorece el concepto de igualdad entre humanos ni tampoco la confianza entre docentes y adolescentes. Pero convendremos que profesores y estudiantes no son iguales ni en derechos ni obligaciones. En ese caso, ¿cree que por tal razón se deberían haber suprimido todos los escenarios de los teatros y óperas para que el público se sintiera al mismo nivel que los actores?

O pongamos el caso contrario, los anfiteatros griegos, ¿también aquí deberíamos bajar las gradas a nivel del foso a pesar de perder la acústica de la actuación? Jamás a ningún filósofo griego se le ocurrió que por defender la democracia, que por cierto la inventaron ellos, oyentes y hablantes se situaran a la misma altura. Y que yo sepa ningún profesor se siente inferior por dar clases desde el foso universitario. Tarima, platea y anfiteatro son ejemplos de estructuras hábiles para la comunicación y no barreras para la desigualdad. El profesor Ricardo Moreno decía que la verdadera igualdad educativa es la que logra que todos los alumnos aprendan al máximo y no la que les abandona según sus limitaciones iniciales.

Desgraciadamente algunas políticas han sentenciado a la tarima como anacrónica, distante y franquista, aunque durante La República ésta ya existía

Desgraciadamente algunas políticas han sentenciado a la tarima como anacrónica, distante y franquista, aunque durante La República ésta ya existía. Y lo más flagrante, la educación con conocimientos y tarima fue marxista. En fin, que estas ideologías alejadas de mis aulas, que durante estos ensayos llamaré pedagogías teóricas, parecen más opiniones sin pruebas de éxito que opiniones con argumentos reales. Dado que hoy en día valoramos más la opinión que el argumento, estas pedagogías teóricas han hallado muchas mentes por donde publicitarse. El problema es que una opinión es sólo eso, lo que uno cree interpretar.

Debemos escuchar las opiniones individuales, sí, pero si no están respaldadas por verdades estaremos estafando a nuestros alumnos, les mentiremos. Una opinión incorrecta vale una conversación, una opinión cierta merece una gran lección. Como decía el pedagogo Gregorio Luri, la filosofía es la búsqueda de un saber no opinable, y la opinión es el reflejo de la apariencia de las cosas. Entonces, mejor saber verdades que opinar beldades. En todo caso, el aula no debería ser una democracia pero sí un laboratorio de ideas para poseer conocimientos y criterio, un mundo en el que se aprende a pensar en función de unas cogniciones previas y no unas competencias falaces. Para ello, y zanjado ya el tema del orden, fíjense si ha dado la cosa, habrá que abordar el segundo de los factores para dirigir correctamente una clase, la memoria, algo que casi se me olvida. A ello iremos en el siguiente apartado.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Orden en el aula (8)

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