Desciende el consumo de vino en Francia

Según los autores, cada generación sucesiva representa un incremento generalizado de las actitudes libertarias y de la irreverencia hacia las instituciones.

Poco más del 16 % de la población adulta francesa consume vino con regularidad

.

En una encuesta hipotética sobre lo que evoca Francia, las respuestas más frecuentes serían probablemente la moda, el queso y por supuesto, el vino.

Sin embargo, un estudio reciente indica que los franceses podrían estar perdiendo la afición por el vino y que cada vez son más los habitantes de aquel país que no se identifican con la bebida con la que se representa a la divinidad griega Dionisio.

Los hallazgos del trabajo, publicados en International Journal of Entrepreneurship and Small Business, apuntan a un declive terminal en la transmisión de la tradición vinícola francesa a las nuevas generaciones.

En un lapso de 28 años, el consumo de vino en Francia ha menguado del equivalente a 7 000 millones de botellas de 75 centilitros a cerca de 4 000 millones. Esto viene a ser poco más de una botella de vino por adulto y por semana. Otros estudios calculan que poco más del 16 % de la población adulta francesa consume vino con regularidad, una cifra que coincide con la tendencia a la baja señalada en el estudio referido.

Los investigadores, de la Groupe Ecole Supérieure de Commerce de Pau (ESC Pau) y la Université Toulouse 1 (UT1) Capitole (Francia), opinan que se ha producido un cambio en el patrón de consumo habitual de vino en las comidas cotidianas, el cual se debería a que cada vez son más los que beben únicamente por placer en lugar de descorchar una botella en cada comida.

La cifra total de bebedores de vino ha descendido, pero los expertos también han observado un incremento en el número de personas que beben de manera ocasional.

.

Modelos generacionales

Estos resultados indicarían que el descenso en el consumo se debe a cuestiones sanitarias, sobre todo en las últimas dos generaciones, según opinan los autores Pascal Poutet, del Departamento de Autodesarrollo de la ESC Pau, y Thierry Lorey, de la ESC Pau y la UT1 Capitole.

Estos dos científicos evaluaron a cuatro grupos de individuos: uno de mayores de 65 años que vivieron la Segunda Guerra Mundial (la «generación de la tradición»); otro de edades comprendidas entre los 40 y los 65 años que vivieron en un período de crecimiento y desarrollo mundial (durante la explosión de natalidad); otro de entre 30 y 40 años (la «Generación X»); y otro de menores de 30 años (la «generación de Internet»).

Según los autores, cada generación sucesiva representa un incremento generalizado de las actitudes libertarias y de la irreverencia hacia las instituciones.

Aunque todas las generaciones coinciden en los valores de sociabilidad, intercambio y disfrute que aporta el vino, difieren en sus hábitos de consumo del mismo.

Los mayores de 65 lo consumen a diario, conforme a una fuerte tradición social y cultural. Disfrutan compartiendo la experiencia de consumir vino con sus amigos y familiares.

La generación de la explosión de natalidad y la llamada Generación X consume vino de manera ocasional en un contexto más social, con amigos y no con familiares. Para estos dos colectivos, el consumo de vino acarrea connotaciones de estatus social.

Y para los menores de 30, el consumo de vino no guarda relación con el disfrute ni con una tradición social y lo beben con menos frecuencia que los otros tres grupos.

En palabras de los propios investigadores: «Se produce una divergencia doble entre las tres generaciones, la mayor, la de mediana edad y la joven. En primer lugar, la divergencia en cuanto a la frecuencia del consumo (del consumo diario al del exclusivo de las celebraciones y el muy excepcional). Y en segundo lugar la divergencia en cuanto al disfrute (la evolución desde un disfrute genuino hacia el placer con un componente de mayor ostentación, más difícil de percibir para la generación más joven).»

.

Sentimiento de orgullo

En el grupo de más edad sigue vigente el valor simbólico del vino en las facetas cultural, histórica y religiosa de Francia. Los grupos de mediana edad responden a los factores cultural y gastronómico, pero no tanto al histórico.

El grupo más joven concede poca importancia a todos esos factores. No obstante, cabe destacar que el vino despierta un sentimiento de gran orgullo incluso para estos últimos.

«El análisis generacional de las representaciones del vino en Francia no parece adecuado para explicar los profundos cambios que ha atravesado el consumo de vino en los últimos sesenta años», apuntan los dos investigadores.

«Precisamente, la pérdida progresiva de la identidad, las representaciones rituales y culturales del vino (nación, región, menor importancia de la transmisión de la cultura vinícola por parte del padre en el seno de la familia, etc.) a lo largo de tres generaciones es lo que explica las actitudes globales en Francia frente al consumo de vino, y sobre todo el acusado descenso en las cantidades de vino consumidas.»

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí