Descubrimiento de Neptuno

Neptuno / Wikimedia

Tal día como hoy… 23 de septiembre de 1846 se descubría el planeta Neptuno

 

El 23 de septiembre de 1846, el astrónomo alemán Johan Galle (1812-1910) confirmaba el descubrimiento de un octavo planeta en el sistema solar, tras haber aplicado los cálculos del matemático francés Urbain Le Verrier (1811-1877). Paralelamente, el astrónomo inglés John C. Adams (1819-1892), llegaba también por su cuenta al mismo planeta. Se había descubierto Neptuno.

 

CV / Los seis primeros planetas –Mercurio, Venus, La Tierra, Marte, Júpiter y Saturno- eran conocidos desde la Antigüedad y, en general, visibles y localizables en el firmamento de cualquier noche estrellada. El resto eran las estrellas fijas a la bóveda celeste, inmóviles.

La Tierra era a su vez también inmóvil, ocupaba el centro del universo y a su alrededor orbitaban la Luna, el Sol y los cinco planetas. Era precisamente el movimiento «irregular» de los cinco planetas, al menos desde la perspectiva terrestre y considerada esta fija y en el centro, lo que trajo de cabeza a los astrónomos desde los tiempos más antiguos, y uno de los factores que acabó dando paso a la teoría heliocéntrica de Copérnico, Kepler y Galileo, que Newton sistematizó.

Los primeros dibujos de Neptuno que constan en un planisferio celeste datan de principios del XVII y se deben a Galileo, que debió confundirlo con alguna estrella

Pero desde siempre los planetas habían sido seis, y era esta una cuestión tan interiorizada que la mera posibilidad de que hubiera más quedaba descartada sin ni siquiera plantearse. Incluso algún famoso autor (Hegel) interpretó el hecho de que fueran seis como un designio divino. Una lástima para él, porque no se había enterado de que cuando  evacuaba estas opiniones, William Herschel había descubierto ya Urano (1781).

Los primeros dibujos de Neptuno que constan en un planisferio celeste datan de principios del XVII y se deben a Galileo, que debió confundirlo con alguna estrella. Dos siglos después, en 1821, la publicación de las tablas astronómicas de Urano por Alexis Bouvard, revelaron perturbaciones en su órbita que hicieron suponer que eran debidas a otro cuerpo.

Urbain Le Verrier / Wikimedia

A partir de estas perturbaciones, el matemático y experto en mecánica celeste Urbain Le Verrier realizó los cálculos para explicarlas según las leyes de Kepler y Newton, determinando la posición que debería ocupar este otro cuerpo «perturbador». Y envió dichos cálculos al astrónomo Johan Galle para que los comprobara in situ mediante un telescopio. Efectivamente, Galle localizó el nuevo planeta donde Le Verrier había previsto.

Estas mismas tablas astronómicas de Urano sugirieron a John C. Adams idénticas conclusiones, y por su cuenta realizó los correspondientes cálculos, describiendo igualmente la órbita del nuevo planeta. Adams envió sus cálculos al astrónomo real George Airy en 1843, que se mostró reticente a la idea y respondió requiriendo más información. Al parecer, Adams no llegó nunca a enviársela, pero siguió trabajando por su cuenta. Quien sí se tomó en serio los cálculos de Adams fue Sir  William Herschel, el descubridor de Urano, que estaba también al corriente de los trabajos de Le Verrier, y que consiguió persuadir  al astrónomo James Challis para que intentara localizar  el plantea previsto según los cálculos matemáticos de Adams y de Le Verrier. Pero Galle se les anticipó.

También se admitió por consenso que tanto Le Verrier como Adams eran codescubridores con igual mérito. Algo que en la actualidad está siendo cuestionado

Y como suele ocurrir en estos caso, a continuación vino la disputa por la atribución del descubrimiento, con el agravante de la rivalidad franco-británica de por medio. Y, cómo no, el nombre con que se iba a bautizar al nuevo planeta, que por entonces se conocía solo como «el planeta que sigue a Urano». Galle propuso «Janus» -el dios romano bifronte-; Challis, «Océano»; incluso se propuso en Francia que se llamara «Le Verrier»… Hubo entonces quien propuso que se cambiara también el nombre de Urano por el de «Georgia»… Al final, el propio Le Verrier sugirió el nombre de «Neptuno», el dios romano de los mares, equivalente al griego Poseidón. El 29 de diciembre de 1846, la Academia de Ciencias de San Petersburgo apostó también por «Neptuno», y éste fue el nombre adoptado.

También se admitió por consenso que tanto Le Verrier como Adams eran codescubridores con igual mérito. Algo que en la actualidad está siendo cuestionado. El Hallazgo en 1998 de unos documentos del Real Observatorio de Greenwich, conocidos como ‘Los Documentos de Neptuno’, que al parecer habían sido intencionadamente enajenados o «distraídos», indican, según algunos historiadores, que el papel de Adams en todo esto fue de menor relevancia que el de Le Verrier… En fin.

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