Desembarco de Normandía

En las fauces de la Muerte, fotografía de Robert F. Sargent que muestra a las tropas estadounidenses desembarcando en la playa Omaha el 6 de junio de 1944.

Tal día como hoy… 6 de junio de 1944 se iniciaba el desembarco de Normandía

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El 6 de junio de 1944, conocido también como el día “D”, los aliados iniciaban el Desembarco de Normandía atacando directamente a Alemania en el continente europeo. Fue el mayor despliegue aeronaval militar, humano y tecnológico de la historia, y selló definitivamente el rumbo de la II Guerra Mundial.

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CV / En junio de 1944 la Alemania nazi tenía la guerra perdida, pero la cuestión era cómo iba a perderla. Desde el invierno 1942/43 las fuerzas del Eje estaban en claro retroceso. La derrota en el Alamein (Egipto) había marcado los límites de la expansión alemana en el norte de África. En Rusia, tras la derrota de Stalingrado, Hitler aún intentó una nueva ofensiva en Kursk en el verano de 1943, que se saldó con una nueva derrota. Y Alemania empezaba ya a tener serias dificultades para reponer sus cuantiosas bajas.

Los comandantes del Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada, de izquierda a derecha: sentados, el mariscal del aire Arthur Tedder, el general Dwight D. Eisenhower y el general Bernard Montgomery; de pie, el teniente general Omar N. Bradley, el almirante Bertram Ramsay, el mariscal del aire Trafford Leigh-Mallory y el teniente general Walter Bedell Smith.

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Tras el Alamein y Stalingrado, el primer ministro británico Winston Churchill había manifestado: “No es el final. Ni siquiera el principio del final. Pero sí el final del principio”. Y tenía razón. A lo largo de año 1943 el repliegue alemán se produce en todos los frentes. Y tras el desembarco aliado en Sicilia e Italia, el régimen fascista de Mussolini, el principal aliado de Hitler, entraba en barrena. En el este, los soviéticos empezaron a avanzar como una apisonadora. El reflujo alemán era patente. Pero quedaba aún un largo camino.

Tras el Alamein y Stalingrado Winston Churchill había manifestado: “No es el final. Ni siquiera el principio del final. Pero sí el final del principio”

El desembarco aliado en Francia obedecía fundamentalmente a dos razones. La primera, abrir un nuevo frente, mucho más cercano geográficamente a Alemania, que obligaría a los nazis a dispersar aún más sus cada vez más debilitadas fuerzas, aliviando así el esfuerzo del aliado soviético y acelerando el final de la guerra. La segunda, tanto o más importante, facilitar a los aliados occidentales poner un pie en el continente ante la eventualidad de que los soviéticos no se detuvieran en Berlín. En Francia y en Italia la mayor parte de las fuerzas de la resistencia eran partisanos comunistas, y la idea de que fueran liberados por los URSS producía escalofríos en Gran Bretaña y en los EEUU solo de pensarlo.

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Un despliegue en recursos tecnológicos sin precedentes

Hitler había encargado a su «héroe» africano, el mariscal Erwin Rommel, la defensa de la costa atlántica, y había hecho construir el muro del Atlántico, toda una serie de defensas mediante bunkers costeros y minado de las playas. Se sabía que los aliados desembarcarían, pero por dónde. Lo más lógico era pensar que lo harían por Dunkerke o Calais, por su cercanía Gran Bretaña, pero se manejaban ciertamente muchas otras hipótesis de trabajo. La guerra psicológica y la del espionaje la ganaron los aliados. Se dispusieron falsas concentraciones de blindados hinchables y tropas auxiliares al otro lado del canal, y se desplazó allí –contra su voluntad- al general norteamericano George Patton. El código ‘enigma’ utilizado por los alemanes había sido descifrado por los aliados en dos meses antes…Y todo indica que Rommel se convenció de que los aliados desembarcarían por Calais. Rommel sabía, en cualquier caso, que si los aliados no eran rechazados en las mismas playas, todo estaba perdido.

Hacia finales de agosto, había ya más de tres millones de soldados aliados en suelo francés. Para Hitler, ahora sí, había empezado el principio del fin

El desembarco fue precedido por un despliegue en recursos tecnológicos sin precedentes. Dada la imposibilidad de atacar los puertos franceses, se diseñaron puertos artificiales –los mulberry-, consistentes en diques de hormigón y muelles flotantes complementados con barcos de bloqueo, que se empezarían a construir una vez consolidadas las primeras cabezas de puente. Para facilitar el suministro de combustible, se planificó la construcción «exprés» de un oleoducto submarino  -Operación PLUTO- que partiría desde la isla de Wight hasta Cherburgo que tendría que estar listo en el transcurso de los dieciocho días siguientes al día D, y otro que posteriormente llegaría hasta Boulogne. Se equiparon tanques de manera que pudieran ser utilizados como puentes y rampas para salvar los acantilados… Toda la operación estaba al cargo del general norteamericano Dwigt Eisenhower.

El día “D” se iniciaron en primer lugar los bombardeos aéreos nocturnos y se lanzaron paracaidistas. Se utilizaron cinco mil barcos y más de ciento sesenta mil soldados. Se desembarcó en cinco playas, llamadas en clave Utah, Omaha, Sword, Gold y Juno. Aunque el grueso de las fuerzas alemanas estaba en la zona de Calais y a pesar del relativo factor sorpresa, el desembarco estuvo repleto de dificultades. No se lograron al principio todos los objetivos previstos, pero sí mantener las cabezas de playa que, con el dominio del aire y el mar, facilitaron que el 26 de junio los americanos entraran en Cherburgo y un mes después en Caen, asegurando el control sobre la península normanda. Hacia finales de agosto, había ya más de tres millones de soldados aliados en suelo francés. Para Hitler, ahora sí, había empezado el principio del fin.

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También un 6 de junio se cumplen estas otras efemérides

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