Las principales amenazas que atacan a los monumentos son el agua, los microorganismos y la contaminación.

Las batallas de la piedra

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Hoy es el Día Internacional de los Monumentos y Sitios que se celebra con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre la diversidad patrimonial del mundo y los esfuerzos necesarios para su protección y conservación. Ambas tareas estriban, en gran parte, sobre la ciencia, una herramienta capaz de detectar los problemas que amenazan a estas construcciones y de proponer soluciones a ellos.

Imagen: CSIC.

El origen de este día se remonta a 1982. Ese mismo año, España adoptó la Convención para la protección del Patrimonio cultural y natural de la Humanidad fijada por la Unesco. En 1984, cinco de sus bienes culturales se integraron, por primera vez, en la categoría de Patrimonio de la Humanidad establecida por el organismo.

Aquellos monumentos fueron: la Mezquita de Córdoba, las Obras de Antonio Gaudí (Parque Güell, Palacio Güell y Casa Milà) en Barcelona, la Alhambra y el Generalife de Granada, la Catedral de Burgos, el Monasterio y Sitio de El Escorial en Madrid. En la actualidad, existen 40 bienes culturales españoles en esta lista como aunque el número de monumentos de relevancia en España es mucho mayor.

El Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) es el organismo encargado de la conservación del Patrimonio Cultural Español. No obstante, existen monumentos no adscritos a esta denominación que también requieren cuidados. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) participa en la preservación monumental a través de su Laboratorio de Petrofísica, que dispone de sistemas y equipamiento para el estudio de las propiedades físicas y del comportamiento de la piedra frente a los distintos procesos de deterioro. Las principales amenazas que atacan a los monumentos son el agua, los microorganismos y la contaminación.

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Los enemigos

El agua está considerada como el agente más importante en el deterioro de los monumentos. Además de facilitar el transporte de sales, contaminantes y microorganismos, el agua da lugar a reacciones químicas que destruyen la estructura de la construcción. También degrada la roca a través de procesos físicos como el hielo-deshielo. El cambio de volumen del agua en este caso es capaz de destruir la piedra.

De la misma forma, la polución aérea a causa del tráfico y la industria también contribuye al deterioro de los monumentos. La deposición progresiva de partículas sólidas de la contaminación provoca el desarrollo de costras negras sobre las superficies monumentales. Además, estas partículas pueden reaccionar químicamente con la composición de la piedra y generar una importante pérdida del material de construcción.

Un monumento puede perder sus características originales a causa de la acción de todos estos agentes, ya sea de forma aislada o combinada. Por ello, ante su deterioro, es necesario hacer un diagnóstico de los agentes degradantes y actuar contra ellos.

La esclerometría es una de las técnicas utilizadas para conocer el estado de un monumento. Determina la dureza superficial de un material. Por su parte, la medida de la velocidad de propagación de ultrasonidos a través del material de construcción averigua su densidad. Los valores obtenidos en cada caso indicarán el deterioro al compararlos con los valores estándar.

Las acciones para recobrar la buena salud de un monumento contemplan la sustitución de la piedra por otra compatible, la limpieza adecuada al tipo de material y de residuo y la aplicación de productos hidrorrepelentes que minimicen el impacto del agua. No obstante, las intervenciones sobre el patrimonio arquitectónico siguen el criterio de la mínima intervención para respetar y mantener la autenticidad de la obra.