Día internacional de los trabajadores

Uno de los más célebres grabados de la revuelta de Haymarket, que muestra, de forma inexacta, a Fielden dirigiéndose al público al mismo tiempo que estalla el explosivo y empiezan los disturbios. / Wikimedia

Tal día como hoy… 1 de mayo de 1886 comenzaba en Chicago (EEUU) una huelga general de trabajadores

 

El 1 de mayo de 1886 comenzaba en Chicago (EEUU) una huelga general de trabajadores en demanda de la jornada laboral de ocho horas. Los incidentes que se produjeron en los días siguientes, muy especialmente la masacre de Haymarket perpetrada por la policía el día 4, y el posterior juicio amañado que llevó a la horca a cinco líderes obreros acusados de instigar los desórdenes, llevaron a que se conmemore actualmente en todo el mundo –con la excepción de los propios EEUU y Canadá- el 1 de mayo como el Día Internacional del Trabajo y del movimiento obrero mundial.

 

CV / En el último cuarto del siglo XIX la revolución industrial marchaba a un ritmo galopante en los Estados Unidos, principalmente en el este del país. La inmigración europea llegaba masivamente y Chicago era una de las mayores receptoras de mano de obra. Las condiciones de trabajo eran draconianas y las de vida misérrimas para los obreros, ya estuvieran empleados o en paro. La ley prohibía trabajar más de 18 horas «salvo en caso de necesidad». Las organizaciones obreras, de inspiración anarquista fundamentalmente, pero también socialista, reclamaban una jornada laboral de 8 horas, inspirándose en la vieja máxima de «los tres ochos»: ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso.

La inmigración europea llegaba masivamente y Chicago era una de las mayores receptoras de mano de obra

En 1868, el presidente Andrew Johnson había promulgado la Ley Ingersoll, que establecía la jornada laboral de ocho horas, pero debido a la estructura federal de los EEUU y a las presiones de los grandes empresarios, no se cumplía ni siquiera en los estados que la habían ratificado. Chicago era la segunda ciudad del país, una de las zonas más industrializadas y donde más fuerza tenían las organizaciones sindicales obreras. Desde la prensa amarilla –la inmensa mayoría- se veía a estas organizaciones como subversivas y antiamericanas, abundando en el origen extranjero –europeo- de la mayoría de obreros adheridos a ellas. Un auténtico sarcasmo si tenemos en cuenta, por un lado, que los que se las daban de auténticos americanos eran de origen tan europeo como los «extranjeros», y por el otro, que en aquellos mismos tiempos se estaba concluyendo el genocidio de los indios, los únicos auténticos americanos…

El 16 de febrero de 1886 los obreros de la fábrica de maquinaria McCornik se habían declarado en huelga. Protestaban por la decisión unilateral de la empresa de deducirles una parte de su (mísero) salario como aportación para la construcción de una iglesia en la ciudad. La patronal recurrió a la contratación de esquiroles protegidos por la policía.

El 1 de mayo se declaraba la huelga general en demanda de la jornada de ocho horas

El 1 de mayo se declaraba la huelga general en demanda de la jornada de ocho horas. En algunas zonas, la simple amenaza de huelga había sido suficiente para que se aplicara la ley Ingersoll, pero no en Chicago. El dia 2 la policía disolvió violentamente una manifestación de los obreros de McCornik en huelga. Como protesta por la acción policial, se convocó para el día 3 una concentración frente a las puertas de la fábrica a la que acudieron más de 50.000 personas.

La concentración coincidió con la salida del trabajo de los esquiroles, y se produjo una batalla campal. La policía empezó a disparar, causando 6 muertos y un sinnúmero de heridos. Adolf Fisher, redactor del periódico Arbeiter Zeitung, acudió a la redacción para imprimir miles de octavillas convocando una nueva concentración de protesta para el día siguiente en Haymarket Square. Posteriormente, estas octavillas fueron usadas como prueba para condenarle a la horca…

En los días siguientes se detuvo a cientos de personas, la mayoría de las cuales fueron torturadas en las dependencias policiales para arrancarles la confesión de culpabilidad

A la masiva concentración de Haymarket acudió el alcalde de Chicago en persona, en solidaridad con los huelguistas. A las 21:30h se dio por terminado el acto. Sin dar tiempo a que la gente se disolviera, la policía empezó a cargar. Durante los tumultos, se produjo una explosión que mató a un oficial. La policía empezó entonces a disparar a discreción, matando a un número indeterminado de personas. Se declaró el estado el estado de sitio y el toque de queda. En los días siguientes se detuvo a cientos de personas, la mayoría de las cuales fueron torturadas en las dependencias policiales para arrancarles la confesión de culpabilidad.

El 21 de junio se inició la causa contra 35 personas consideradas instigadoras de los tumultos, que se limitó luego a ocho. En el juicio no se pudo probar nada, pero los «ocho de Chicago» fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido.  Tres fueron condenados a prisión y cinco a morir en la horca: George Engel, tipógrafo, Adolf Fisher, periodista, Albert Parsons, periodista, August Spies, periodista, y Louis Lingg, carpintero. Éste último se suicidó en su celda para no ser ejecutado.

Años después, el gobernador de Illinois, John P. Algeltd declaró públicamente que los ejecutados habían sido víctimas de un complot de los empresarios, los tribunales y la policía. En su memoria, sirva hoy esta entrega.

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