Dirección educativa, ¿defensores de docentes?

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Puede que la entrevista con el tutor no satisfaga a los padres y que éstos decidan acudir a estamentos más elevados. De todas formas, si la opinión del docente fue respaldada por el claustro educativo, estos padres se encontrarán con los mismos conceptos, pero con distintas palabras.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

El director estará informado de lo acaecido y debería mantener y defender lo que su equipo educativo elaboró, ya que difícilmente estarán equivocados todos los profesores de un centro en contra de un estudiante. Los hechos serán los hechos, y si un adolescente no cumplió con sus obligaciones, o incurrió en una falta de comportamiento, difícilmente podrá negarse la evidencia de tantos testigos como son compañeros de clase y profesores. Hay que añadir que el director no es una sucursal de un banco ni una oficina de quejas, es un gestor de un gran capital humano formado por cientos de alumnos y decenas de educadores. Él debe velar por la disciplina entre sus estudiantes, por la profesionalidad de sus trabajadores y por la calidad educativa de todo el centro. Puede y debe atender las entrevistas de los casos más graves, pero no la de todos los centenares de padres que han confiado sus hijos al instituto. Para poner una situación que convendremos exagerada, si cada trimestre unos progenitores van a quejarse a dirección, algo pasa con la paja del ojo ajeno y la viga en el propio.

A veces dirección, y ante la presión de muchos padres protectores, prefiere justificar al alumno insurrecto y dar la razón a sus padres. En ello pide explicaciones al docente en lugar de sancionar al infractor

Pero a veces dirección, y ante la presión de muchos padres protectores, prefiere justificar al alumno insurrecto y dar la razón a sus padres. En ello pide explicaciones al docente en lugar de sancionar al infractor. Consecuentemente los profesores de ese centro quedan desautorizados y los escolares crecidos. Observé en un instituto de Vallirana cómo los padres habían alcanzado tanto poder que inspección hizo saltar a una dirección para colocar otra a dedo. Obviamente la directora entrante justificaba más a los padres que defendía a su claustro. Incluso muchos docentes, desautorizados por dirección, salían llorando del despacho ante la presión directiva. No era de extrañar que pocos interinos desearan quedarse el próximo curso. Es decir, la rotación de profesores nuevos era continua año tras año. Eso sí, los chavales subían malcriados, los profesores bajaban humillados y los padres quedaban contentos.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Entrevista con el tutor sin pudor (46)

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