Domingo Badía «Ali Bey»

Grabado de Domingo Badia, conocido como Ali bey el Abassí (Domingo Badía y Leblich) / Wikimedia

Tal día como hoy… 30 de agosto del año 1818 fallecía el espía Ali Bey

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El 30 de agosto del año 1818 fallecía probablemente Ali Bey, después de haber ingerido un café probablemente… Y tanto abuso del término «probablemente» se debe  a la profesión de Domingo Badía Leblich, por nombre de guerra Ali bey: espía… además de políglota, hombre de ciencia, militar, arabista, aventurero… Un personaje verdaderamente singular.

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CV / De los espías acostumbra a saberse poco, entre otras razones por su comprensible propensión a borrar todo rastro que pueda llevar hasta ellos; y porque tampoco nadie en sus cabales a quien se le pregunte a qué se dedica, contestará que es espía, a menos que sea un botarate. Y Ali Bey no lo era. De Domingo –o Domènech- Badía sabemos algunas cosas, antes de que se convirtiera en Alí Bey. De Ali Bey solo que escribió un libro de viajes que fue un éxito en su tiempo, y algunas cosas más que se han podido reseguir, pero siempre a posteriori y envueltas en la incertidumbre.

En 1801 decidió acudir a la Corte de Madrid y postularse como espía ante Carlos IV y su favorito, Manuel Godoy

Nació en Barcelona el 1 de abril de 1767. A los once años se trasladó a Cuevas de Almazora (Almería), debido al nuevo destino de su padre, que era funcionario real. En 1792, con 23 años, se casó y se mudó a Córdoba, con el cargo de Administrador del monopolio real del tabaco. Se sabe que se interesó por los avances científicos del momento, que estudió a fondo la lengua y la cultura árabes, y que realizó experimentos con aerostatos que le llevaron a la ruina. Razón por la cual en 1801 decidió acudir a la Corte de Madrid y postularse como espía ante Carlos IV y su favorito, Manuel Godoy. Se le envió a Marruecos con la misión de convencer al sultán Muley Suleimán de que firmara una alianza con España, y si no lo conseguía, fomentar una insurrección que facilitara la intervención española.

Se presentó como Ali Bey el-Abbassí, hijo de un noble musulmán educado en Europa, descendiente de la dinastía de los abasíes. Y coló. Supo ganarse la confianza del sultán, al cual agasajó con numerosos obsequios y mostró el instrumental científico que llevaba con él. Pero fracasó en lo de la alianza con España. Muy al contrario, el sultán le manifestó su intención de invadir España para recuperar Al-Andalus tan pronto como sofocara las numerosas rebeliones que tenía pendientes en Marruecos. Así que pasó al plan B. Esta vez con éxito. Pero cuando todo estaba preparado, Carlos IV decidió abortar la operación, o Godoy…

La posición de Ali Bey en Marruecos se tornó entonces peligrosa, y el sultán llegó a penar que era un espía… del Imperio otomano (!). Así que optó por cambiar de aires.  Viajó por Argelia, Libia, Egipto, Arabia, Siria, Turquía y Grecia. Fue acaso el primer occidental que entró en La Meca. Con anterioridad, afirmaron haber estado en la ciudad santa del islam el italiano Ludovico de Berthema y el portugués Pedro da Covilha, ambos a principios del siglo XVI. Pero Badía fue el primero lo acreditó materialmente, fijando las coordenadas cartográficas y aportando ilustraciones y descripciones de los templos y de la ciudad.

Su verdadera identidad no se conoció en España hasta 1836, cuando se publicó la traducción al español de su libro de viajes

Regresó a España en 1808 y se encontró con la ocupación francesa. En Bayona, el destronado Carlos IV le sugirió que se dirigiera a Napoleón, quien lo recomendó a su hermano José I, el cual lo nombró prefecto de Córdoba, cargo en el cual llevó a cabo una brillante gestión, pese a las dificultades propias del momento: realizó el primer plano moderno de la ciudad, estableció un servicio de recogida de basuras e introdujo nuevos cultivos –remolacha, patata…-. Tras la retirada de los franceses, siguió el mismo camino que el resto de miles de afrancesados, el exilio. Nunca regresó a España.

En 1816 publicó el libro ‘Los viajes de Alí Bey’ con un atlas adjunto que incluía los mapas y las ilustraciones realizadas durante sus viajes. En 1818 emprendió una nueva misión como espía, esta vez por cuenta de Francia, en el contexto de la rivalidad franco-británica para hacerse con una posición ventajosa en la era colonial que se avecinaba. El destino es confuso -algunas fuentes hablan de la India-, y su muerte también. Parece ser que fue detectado por los servicios secretos británicos y que un bajá a sueldo suyo lo invitó a su palacio y le envenenó el café.  Días antes había informado al cónsul francés en Damasco de un intento de asesinato. Está enterrado en el desierto de Jordania, como Othman Bey, en el fuerte de Quelat Daba.

Su verdadera identidad no se conoció en España hasta 1836, cuando se publicó la traducción al español de su libro de viajes, y el exministro de Carlos IV, Manuel Godoy, entonces exiliado en Francia, admitió que había sido un agente a su servicio.

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También un 30 de agosto se cumplen estas otras efemérides

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