Duda sobre el modelo actual del cambio climático

En este último estudio, el Dr. Bauch y sus colaboradores muestran una diferencia importante entre el periodo Eemiense y el actual: la progresión del Océano Ártico.

La analogía del Eemiense puesta en duda

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Investigadores de Alemania han aportado nuevas razones sobre por qué el periodo Eemiense no debería utilizarse como modelo del cambio climático actual tal y como está planteado en la actualidad. En su estudio, publicado en Geophysical Research Letters, indican que dieron con diferencias básicas entre las condiciones climáticas modernas y las del Eemiense.

Los geólogos suelen basarse en el estudio del pasado para conocer los procesos actuales y cómo evolucionarán en el futuro. Para ello se evalúan las condiciones conocidas que imperaban en épocas pasadas. Tras definir los principales procesos climáticos, éstos se simulan mediante modelos numéricos con los que comprobar las posibles reacciones de los sistemas terrestres.

La mayoría de expertos considera que el Eemiense, un periodo que comenzó hace unos 125 000 años tras la glaciación de Saale, es adecuado para su estudio. Las temperaturas medias durante el Eemiense fueron superiores a las actuales, hasta el punto de que existían zonas de Groenlandia en las que se había derretido la capa de hielo y el nivel del mar estaba por encima del actual. «Por esta razón, el Eemiense podría servir de base para el estudio del cambio climático», explicó el Dr. Henning Bauch de la Academia de Ciencias y Literatura de Maguncia (AdW Mainz), perteneciente al GEOMAR | Centro Helmholtz de investigaciones oceánicas de Kiel (Alemania).

No obstante, en este último estudio, el Dr. Bauch, en cooperación con la Dra. Evgeniya Kandiano de GEOMAR y el Dr. Jan Helmke del Instituto de Estudios Avanzados sobre Sostenibilidad de Potsdam, muestra una diferencia importante entre el periodo Eemiense y el actual: la progresión del Océano Ártico.

Imagen: Wikipedia

Según los investigadores, en el periodo cálido actual, conocido como Holoceno, la circulación oceánica y atmosférica desplaza hacia el norte enormes cantidades de calor que alcanzan latitudes elevadas. Las corrientes del Golfo y la Nord-atlántica son dos ejemplos básicos. El norte de Europa disfruta de temperaturas agradables debido a las corrientes, que llegan hasta el Ártico.

Estudios anteriores indicaron que el transporte oceánico de calor hacia el Ártico ha aumentado, mientras que la cubierta estival de hielo del Océano Ártico no deja de reducirse. El equipo afirmó que existe la posibilidad de que estas condiciones también se hubiesen producido hace 125 000 años. Para ello no debía de haber existido hielo en el Ártico durante los veranos del Eemiense.

No obstante, el análisis de los testigos de sedimentos del fondo marino (extraídos desde el Atlántico hasta el oeste de Irlanda y del centro del Mar del Norte hasta el este de la Isla Jan Mayen en Noruega) muestra que contienen restos minúsculos de calcita generados por los restos sin vida de microorganismos (foraminíferos). «El tipo de especies acumuladas en cada capa y en la composición isotópica de los test de calcita nos aportan información sobre la temperatura y otras propiedades del agua en la que vivieron en su momento», aclaró el Dr. Bauch.

Las muestras atlánticas mostraron indicios de temperaturas más propias del Eemiense que superan a las del Holoceno, mientras que en las pruebas realizadas en el Mar del Norte no se hallaron tales indicios. «Los foraminíferos del Eemiense indican unas condiciones de frío comparables», explicó el Dr. Bauch. «Entre las superficies oceánicas de estas dos regiones se aprecian contrastes marcados. Obviamente, la corriente superficial templada del Atlántico era más débil a latitudes elevadas durante el Eemiense que en la actualidad.»

El Dr. Bauch afirmó que las glaciaciones de Saale que precedieron al Eemiense cubrieron un área mucho mayor en el norte de Europa que las de Weichsel, la glaciación anterior al periodo interglacial actual cálido. «Por lo tanto, se vertió mucha más agua dulce desde las capas de hielo de Saale al Mar del Norte y durante más tiempo. Esta situación tuvo tres consecuencias: La circulación oceánica del norte se redujo y el hielo marino invernal podría formarse con mayor facilidad debido a una menor salinidad. Al mismo tiempo, esta situación produjo un “sobrecalentamiento” en el norte del Atlántico debido a una transferencia continua de calor oceánico desde el Sur.»

Los resultados de este estudio aportan nuevos datos sobre el clima del Eemiense. El Dr. Bauch declaró: «Obviamente varios procesos decisivos del Eemiense presentaron mecanismos distintos, como por ejemplo el de transferencia de calor oceánico hacia el Ártico. Los modelos deberían tener estos datos en cuenta de cara a predecir el desarrollo futuro del clima en función de análogos pasados como el Eemiense.»

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