Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala Francés (1889).

Tal día como hoy… 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos firmaban el Edicto de Granada

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El 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos firmaban el Edicto de Granada, que disponía la expulsión de los judíos de sus territorios. Fue la «solución final» española para los sefarditas –de Sefarad, denominación judía de España-.

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CV / Ser judío nunca fue un buen asunto; ni en España ni en cualquier otro territorio cristiano o musulmán. La aversión de las dos grandes religiones monoteístas por su matriz teológica viene de lejos. Desde antiguo se urdieron en el imaginario popular toda una serie de lugares comunes sobre los judíos cuyo espectro abarca prácticamente todos los ámbitos del vicio y perversión humanas: su supuesta fealdad, avaricia, mezquindad, hipocresía, o su afición por asesinar niños y beberse su sangre aún caliente… Incluso leyendas como la del buque fantasma tienen su origen en el tópico antisemita: Ahasverus, el judío errante, condenado a vagar eternamente por haberle negado agua a Jesús en el camino del Calvario. Por supuesto, no faltan abundantes crónicas de avistamientos de Ashasverus por lugares que luego fueron pasto de la peste u otras catástrofes…

Entre expulsión y expulsión, los judíos solían ser los culpables de cualquier calamidad, ya fuera una mala cosecha, una hambruna, una epidemia…

En Hispania los judíos habían sido ya objeto de especial y sañuda persecución durante la época visigoda, fundamentalmente bajo los reinados de Recaredo y Sisebuto. De este último, se sabe además que sabía leer y escribir, ya que, austero el hombre, consta que de su puño y letra escribió al Arzobispo Eusebio de Tarraco para reconvenirle su desmedida afición a los pecaminosos espectáculos teatrales. Incluso hay una leyenda según la cual los judíos facilitaron el paso a los árabes para que invadieran la Península en el 711 -paralela a la del «pérfido» Don Julián-.

No parece, en cualquier caso, que los nuevos ocupantes musulmanes fueran muy agradecidos. Los pogromos fueron una constante en Al-Ándalus, siendo expulsados en 1141. Quizás entonces, envidiosos los cristianos del celo que los musulmanes ponían en la defensa de la pureza de su fe, decidieron imitarlos. Se les expulsó de Inglaterra en 1290; cinco veces de Francia entre 1182 y 1394; de Austria en 1421… Entre expulsión y expulsión, los judíos solían ser los culpables de cualquier calamidad, ya fuera una mala cosecha, una hambruna, una epidemia… El chivo expiatorio perfecto hacia el cual los gobernantes desviaban las iras del populacho azuzando sus más bajos instintos.

Un pogromo iniciado por cualquier peregrino motivo el año 1391 en Córdoba, se extendió a toda Castilla, y de allí a la Corona de Aragón, produciendo miles de muertes. Incluso se especula, según la verosímil tesis de Menéndez Pidal, que Cristóbal Colón sería hijo de judíos catalanes, o mallorquines, que se desplazaron a Génova durante alguno de los numerosos pogromos del siglo XV en estos territorios…

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Carácter definitivo, no revisable, de solución final

En cierto modo, pues, con la expulsión ordenada por los Reyes Católicos llovía sobre mojado. Aun así, presenta una serie de peculiaridades que le confieren una significativa trascendencia histórica. En primer lugar, su carácter definitivo, no revisable, de solución final -algo así como la inicial y cínica propuesta nazi de trasladar a los judíos a la isla de Madagascar-.

Algunos sefarditas conservan todavía la llave de la casa que sus antepasados tuvieron que abandonar

En segundo lugar, porque la política de los Reyes Católicos no había sido hasta entonces especialmente hostil hacia los judíos, sino todo lo contrario. Pudo tener que ver en este giro el creciente poder de la Inquisición, que ellos mismos habían creado, y la del Inquisidor General Torquemada, un fanático que bien pudiera ser la reencarnación de Sisebuto –a parte ante– o de Himler –a parte post-. Se cuenta que los judíos ofrecieron una considerable suma de dinero a los monarcas a cambio de revocar la expulsión, y que éstos estaban dispuestos a ceder. Torquemada replicó que Judas había vendido a Jesucristo por 30 monedas y que sus majestades lo iban a hacer por treinta mil. Recientemente un político, igualmente cenutrio y fanático, tuvo una ocurrencia parecida en relación a otro tema muy actual.

Y en tercer lugar, por sus consecuencias. La comunidad judía constituía un tejido financiero que desapareció cuando precisamente iba a ser más necesario, con todo lo que iba a llegar de América.

El exilio siguió varias rutas. Unos fueron a Portugal y a Navarra, de donde fueron también expulsados, instalándose finalmente en Holanda, Francia e Inglaterra. Otros al reino de Fez –Marruecos-, que fueron literalmente expoliados y hasta vendidos como esclavos. Mejor lo tuvieron los que recalaron en territorios del Imperio otomano, siendo especialmente bien acogidos por el sultán Bayaceto II. Su sucesor, Solimán el Magnífico, comentó sobre los Reyes Católicos: “¿A éstos les llamáis reyes que empobrecen sus estados para enriquecer los míos?

Algunos sefarditas conservan todavía la llave de la casa que sus antepasados tuvieron que abandonar. 523 años después, en el año 2015, el Parlamento español reconoció la nacionalidad española a los descendientes directos de los judíos expulsados en 1492.

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También un 31 de marzo se cumplen estas otras efemérides

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