Educación y la falta de científicos

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En nuestro país la falta de científicos y técnicos brilla por su ausencia, algo que conlleva problemas económicos para el Estado y de paro laboral para los jóvenes, un 30%. Cuando pregunto a mis alumnos por ello, la mayoría me dicen que se decanta por las humanidades al percibirlas más fáciles, una percepción que está dejando sin técnicos aborígenes a muchas empresas y en el paro a muchos de mis aprendices. Y por más que les insista con tutorías, vídeos de Youtube y datos por Internet, no logro convencerles. Por ello siempre me he preguntado ¿por qué ven las ciencias difíciles?

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

El 18 de abril de 2013 asistí a la presentación de una investigación en el Palau Robert de Barcelona. Allí se defendía un estudio sobre 4.700 estudiantes que corroboraba el anterior desequilibrio entre las “ciencias” y las “letras”. Sergio Marco y Álex Fabra de Everis presentaban un informe bajo las opiniones de Jordi Deulofeu, director del Departament de Didàctica de la Matemàtica i de les Ciències Experimentals de la UAB, conjuntamente con Roser Cussó, miembro de l’Institut de Ciències de l’Educació de la UPC. Moderó las exposiciones Enric Roca, coordinador de Tribuna Edu21.

El informe concluía algo que yo llevaba muchos años escuchando de mis alumnos, que a pesar que las carreras científicas ofrecían fácil acceso y buenas perspectivas profesionales en cuanto a sueldo y contratación, los estudiantes de secundaria preferían cursar disciplinas humanísticas al creerlas más fáciles. En concreto sólo un 33 por ciento prefería claramente las ciencias ante un 51 en letras y otro 16 de indecisos. Es decir, la inmensa mayoría se iba a humanidades y menos de un tercio a ciencias. Ello provocaba un exceso de letrados que el mercado laboral no podía absorber. Lo paradójico es que este mercado sí podría contratar a muchos más técnicos y científicos nacionales si los hubiere. Otro dato de esta investigación detallaba que las mujeres eran mucho más proclives a elegir los estudios humanísticos al creer que el rol científico era más masculino que femenino, en concreto casi el 60 por ciento de las chicas huía de lo “técnico” para orientarse hacia lo “social”. Cabe añadir que el nivel cultural familiar también condicionaba tal elección femenina en pro de las humanidades.

Pocos jóvenes, y menos las chicas, eligen un futuro profesional científico, engrosando así las colas del paro nacional

En resumen, pocos jóvenes, y menos las chicas, eligen un futuro profesional científico, engrosando así las colas del paro nacional. Cabe preguntarse entonces por las causas de este desequilibrio laboral, algo que llevaba años intuyendo, y que tras aquel informe del 18 de abril de 2013, se me desveló.

Un primer dato muy revelador es que en primaria hay muchísimas más docentes procedentes de humanidades que no maestros en ciencias. Eso implicaba que las ciencias son impartidas más por humanistas que por científicos. Incluso en primer ciclo de la ESO se enseña la Tectónica de Placas en “Sociales” en lugar de en “Naturales”, y las barbaridades que he escuchado no animan demasiado a devenir un científico. Si a esta primaria más humanística sumamos una dificultad científica supuesta, un sexismo equívoco y una familia simplona, al final las ciencias son muy mal vistas por mis alumnos de la ESO. Por lo tanto existen tres vías principales para resolver la falta de científicos en nuestro mercado laboral. La primera los maestros en primaria, la segunda el sexismo familiar y la tercera la cultura del esfuerzo. Vayamos por partes.

Existen tres vías principales para resolver la falta de científicos en nuestro mercado laboral. La primera los maestros en primaria, la segunda el sexismo familiar y la tercera la cultura del esfuerzo

En cuanto a primaria cabe indicar que la inmensa mayoría de diplomados provienen de estudios en humanidades. En algunos centros, por ejemplo, el 80 por ciento de los maestros y maestras proceden de “letras”, algo que influye claramente sobre nuestros cadetes. Por otro lado, el predominio de maestras en las escuelas es harto superior al de hombres, y la inmensa mayoría de ellas proceden de formaciones también humanísticas. Si queremos que nuestros zagales se empapen, comprendan y les gusten las ciencias hay que incrementar el número de maestros y maestras doctos en ciencias. Imaginemos que el deporte fuera impartido por maestros de matemáticas. Probablemente el nivel y la motivación en este caería en picado. En Estonia y Finlandia el conocimiento de los maestros en primaria resulta de lo máximo en cada especialidad, incluidas las ciencias. Además un estudio realizado por el matemático y pedagogo Robert Coe en la Universidad de Durham concluía en 2015 que lo más importante para ser un buen maestro era dominar la materia a enseñar.

La segunda vía a corregir son los estereotipos que algunas familias imbuyen a sus descendientes. Suelen ser hogares de bajo perfil cultural en donde la mujer jamás se la proyecta hacia trabajos o cargos de técnico o de científico, todo lo contrario, si es buena en los estudios se la ve bien como asistente social, psicóloga, relaciones públicas u otra formación de vertientes sociales. Por otro lado, el sistema familiar español se fundamenta erróneamente en la mujer, es decir, es ella la que más tiempo dedica a educar y a limpiar por casa. Por tanto la propia familia proyecta en las chicas una función más social que de técnico superior, vaya, que somos machistas de base. En Estonia y Finlandia se abandonó el modelo de familia patriarcal ayudando económicamente a las mujeres. Hoy en día el sexismo ha desaparecido en su horizonte social, educativo y científico, pues ¿a qué espera nuestra política educativa?

Sin esfuerzo no hay mentes valientes para encarar estudios supuestamente difíciles. / Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La tercera y última vía parece ser la cultura del esfuerzo. Son muchos los docentes veteranos que afirman que el esfuerzo ha disminuido significativamente. Sin esfuerzo no hay mentes valientes para encarar estudios supuestamente difíciles. Al final, muchos alumnos que desean continuar estudiando desestiman las ciencias al creerlas muy embarazosas. Desgraciadamente, y en realidad, apenas les prepararon para éstas. Cabe añadir otra vez que en Estonia y Finlandia, cuna del esfuerzo, el porcentaje de universitarios matriculados en formaciones científicas o técnicas es casi el doble que la media en PISA. La cultura del esfuerzo está detrás de ello y no un latino verano azul.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

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1 Comentario

  1. “la falta de científicos y técnicos brilla por su ausencia”. La “falta” precisamente la falta no brilla por su “ausencia”, sino más bien por su “presencia”. Esa “falta” es un desastre siempre “presente”.

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