En definitiva, concluyen, la operación motivadora en ningún caso sería un concepto explicativo sino descriptivo y se podría manejar voluntariamente para optimizar la conducta del paciente.

La motivación, un concepto tan popular como confuso

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La motivación es uno de los grandes conceptos clásicos de la Psicología y su uso se ha popularizado enormemente, utilizándose tanto para explicar cuánto estudia un niño como el rendimiento de un futbolista en un partido. Sin embargo, según argumentan psicólogos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), ambas acepciones de la motivación, clásica y popular, son muy engañosas.

El concepto de motivación es clásico en Psicología y su uso como explicación del comportamiento de las personas se ha extendido al lenguaje cotidiano, de manera que en la actualidad cualquier persona lo utiliza para entender o predecir cómo se comporta/comportará alguien en una situación determinada.

Según explican investigadores de la UAM en un artículo publicado en la revista especializada Psicothema, tanto en este uso cotidiano del concepto como en la tradición psicológica más clásica, la motivación se ha entendido como algo situado dentro de la persona, que podría explicar algunos comportamientos y tener un papel causal sobre la conducta.

En general, la motivación se infiere a partir de la observación del comportamiento de una persona (en el mejor de los casos) o, sobre todo, de sus respuestas en una entrevista o cuestionario; pero a continuación y siguiendo esa estrategia de razonamiento circular tan abundante en según qué áreas de la Psicología, “eso” que se ha inferido a partir de lo que la persona hace se convierte en la explicación causal del comportamiento en cuestión. Sería el tipo de razonamiento que seguiríamos si al ver a una persona que trabaja con ahínco se nos dice que “está motivada” y si preguntamos cómo podemos saber que está motivada la respuesta es “porque trabaja con ahínco”.

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Cambio en el ambiente o el organismo

Teniendo en cuenta que todo el comportamiento humano puede describirse en términos de secuencias de tres términos (estímulo antecedente-respuesta-estímulo consecuente) que aparecen juntos con una determinada probabilidad (relación de contingencia), y donde cada uno de ellos juega una determinada función, la propuesta del grupo de investigación de la profesora Maria Xesús Froján, del Departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la UAM, es considerar como operación motivadora un cambio en el ambiente o el organismo que temporalmente altera las funciones de los estímulos y/o los parámetros de una respuesta aprendida para una secuencia determinada que permanece constante.

Para los autores del artículo, cabe preguntarse qué hace (dice) el terapeuta en la sesión que puede alterar las funciones de ciertos estímulos y los parámetros de respuestas de cambio por parte del paciente. Y consideran que se puede concluir que el elemento clave es la descripción de la consecuencia de la conducta del paciente.

La presentación verbal de relaciones de contingencia por parte del terapeuta es algo que se hace habitualmente en la clínica. Por tanto, los investigadores consideran que si se estudiasen con detenimiento los efectos que sobre la conducta del paciente tienen dichas verbalizaciones, posiblemente se avanzaría mucho en el conocimiento de cómo motivar al paciente en terapia.

En definitiva, concluyen, la operación motivadora en ningún caso sería un concepto explicativo sino descriptivo y se podría manejar voluntariamente para optimizar la conducta del paciente (si hablamos de contextos clínicos) o de cualquier persona que lo pueda necesitar (en contextos de lo más variados).

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