El Antropoceno ante el cambio climático vigente

Cercopiteco comiendo entre la basura de los excursionistas, Lombok, Indonesia / Foto: David Rabadà

El cambio climático inunda los medios con noticias catastrofistas. Éstas vaticinan que con el calentamiento global la humanidad sufrirá grandes desasosiegos. Hasta la ciencia ficción entra en juego con desenlaces tremendistas. Pero, ¿y si la contaminación humana nos estuviera protegiendo? ¿Y si el aumento de dióxido de carbono nos evitara una hecatombe?

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Hoy en día hablar de cambio climático se ha convertido en un galimatías entre intereses políticos y prejuicios científicos. En ciencia sólo deberían reinar los hechos y la lógica de una minoría pero en política priman los intereses económicos y las emociones de las mayorías. Es decir vivimos más en una “emocracia” que en una democracia. Un ejemplo lo tuvimos en abril de 2016 cuando la diputada del PPC Marisa Xandri utilizó un artículo mío para negar el cambio climático en el Parlament de Catalunya. Debo decir que mi misiva no negaba la acción humana en el calentamiento global, sólo criticaba la exageración de algunos medios al respecto.

Decía Galileo que en cuestiones de ciencia la autoridad de mil no vale tanto como el libre razonamiento de uno sólo

Desgraciadamente los humanos devenimos más emocionales que racionales y el miedo, o los intereses, nos hacen defender más los prejuicios que los datos contrastados. Decía Galileo que en cuestiones de ciencia la autoridad de mil no vale tanto como el libre razonamiento de uno sólo. Por tanto hablar de cambio climático resulta algo más político de muchos que científico de pocos. En todo ello hay que saber en qué consiste este calentamiento global y qué peso ostenta la polución humana ante el mismo. Si fuera muy pequeño querría decir que los procesos naturales mandan y que los humanos no los podríamos doblegar. En cambio si la contaminación implicase el principal factor entonces deberíamos valorar sus consecuencias e implicaciones.

Polución en El Cairo, Egipto / Foto: David Rabadà

El calentamiento global terrestre fue un proceso natural que comenzó aproximadamente hace unos 13.000 años. En aquellos tiempos la humanidad consistía en unos miles de individuos diseminados por los cinco continentes bajo la caza y la recolección. Sin quemar todavía ni petróleo, gas o carbón, nuestra aportación en aquel cambio climático devenía nula. Es decir, aquel proceso comenzó bajo causas naturales que los ciclos de Milankovitch describen y pronostican con buena precisión (Ver: Los cambios en la Tierra, una oportunidad biológica). Pero hoy en día sabemos que esta misma humanidad, y convertida en plaga, está aumentando los niveles de dióxido de carbono y otros gases invernadero.

El uso masivo de hidrocarburos fósiles ha conllevado que de los 280 ppm de dióxido de carbono del siglo XIX hayamos rebasado los 400 en la actualidad

El uso masivo de hidrocarburos fósiles ha conllevado que de los 280 ppm de dióxido de carbono del siglo XIX hayamos rebasado los 400 en la actualidad. Gran parte de este gas es asimilado por los océanos y forestas, pero cerca de un 56 % permanece en la atmósfera colaborando en el calentamiento global terrestre. Según datos del IPCC se estima que el 75 % del efecto invernadero corresponde a la polución humana. Ello explica que hayamos acelerado, y sobre todo desde 1970, el cambio climático global terrestre.

Durante el siglo XX la temperatura media del planeta ascendió unos 0,74 grados y se estima que a finales del XXI lo haga entre 2 y 4 grados más. Ello conllevará la fusión parcial, que no total, de los polos y de los glaciares de montaña. Ese aporte adicional de agua hacia los océanos hará ascender su nivel en unos 1,8 mm al año, aunque desde 1993 la tasa de subida se ha acelerado hasta 3,2 mm por año. Con todo ello se estima que a finales del siglo XXI el mar suba entre 0,5 a 1 metros más.

Arcoiris en Nueva Zelanda / Foto: David Rabadà

Pero no sólo de temperaturas y niveles del mar al alza consiste este cambio climático sino que las lluvias se verán afectadas por el calentamiento global. Según los modelos actuales se estima que la pluviosidad aumentará en polos y ecuador mientras que se hará más escasa en trópicos y franjas subtropicales. Al final tendrán razón los partidarios del Antropoceno al decir que la humanidad ha iniciado un nuevo periodo geológico.

De todas formas no todo parece tan humano ya que hay otros factores naturales que también acelerarán el calentamiento global terrestre

De todas formas no todo parece tan humano ya que hay otros factores naturales que también acelerarán el calentamiento global terrestre. El doctor Beers y otros autores publicaron en 1990 en la revista Nature que la actividad solar estaba aumentando desde hacía 300 años, hecho que también se sumaba al actual calentamiento climático.

Durante agosto de 1998 el doctor Jaume Bordonau, especialista en geología glacial de la Universitat de Barcelona, decía que estamos al final de un ciclo climático y que la tendencia natural en los próximos milenios debería ser el enfriamiento. Añadía Bordonau que no hay unanimidad científica sobre si la fusión de los glaciares del Pirineo se ha acelerado durante las últimas décadas a causa de la contaminación humana. Su impresión es que lo hacen al ritmo de siempre.

El aumento de rayos cósmicos explicaba el aumento de las temperaturas actuales y por lo tanto había que averiguar qué influía más en el clima, si la contaminación humana o las causas naturales

Para animar el asunto, y durante el 2000, el Instituto de Astrofísica de Canarias corroboró que la radiación solar había ido aumentando desde el siglo XVII, un hecho que explicaba el calentamiento actual. Pero en 2007 un libro publicado por la Universidad de Cambridge daba más datos. Sus autores, los físicos Henrik Svensmark y Nigel Caldero, explicaban que habían detectado durante todo el siglo XX un aumento claro de los rayos cósmicos desde el espacio exterior. El mencionado libro, The Chilling Stars. A Cosmic Views of Climate Change, detallaba que el aumento de rayos cósmicos explicaba el aumento de las temperaturas actuales y que por lo tanto había que averiguar qué influía más en el clima, si la contaminación humana o las causas naturales.

Mar de nubes creada por los alisios, La Gomera / Foto: David Rabadà

Aun así, y hoy en día, hay equipos que aseguran que el cambio climático es producto de la polución humana y que ello nos arrastra a un mundo tropical y tórrido, pero ¿y si nos evitara algo peor? ¿Y si nos impidiera una nueva glaciación? Hoy en día sabemos que los ciclos astronómicos, conjuntamente con los gases invernadero, regulan la aparición de épocas glaciares en la Tierra vigente. En tal situación, y si una glaciación llegara, más de un tercio de pastos y cultivos del mundo quedarían arrasados por los glaciares. Es decir, la humanidad se vería sin agricultura y ganadería a gran escala. Ello implicaría hambrunas, epidemias y exterminio.

quizás la polución nos esté evitando una nueva glaciación

Sabemos que la entrada a un nuevo ciclo glaciar sucederá en los próximos miles de años. También sabemos que el cambio climático se inició por causas astronómicas antes de nuestra polución. Y sabemos que cerca de los 13.000 años, y con altibajos, la temperatura global terrestre fue haciéndose más benigna abandonando definitivamente la época glacial precedente. En tal caso quizás la polución nos esté evitando una nueva glaciación.

Ganopolski, Winkelmann y Schellnhuber calcularon la posibilidad de una glaciación en la actualidad. Y sorpresa, y en función de los procesos naturales, ya deberíamos estar en ella

Recientemente expertos del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático en Potsman publicaron en enero de 2018 sus resultados en la revista Nature. Los doctores Ganopolski, Winkelmann y Schellnhuber calcularon la posibilidad de una glaciación en la actualidad. Y sorpresa, y en función de los procesos naturales, ya deberíamos estar en ella. Es decir, la contaminación y el exceso de dióxido de carbono quizás nos estén evitando una glaciación global al aumentar la temperatura media terrestre.

Si el nivel de dióxido de carbono deviene muy alto implicará que los ciclos de Milankovitch dejarán de regular las glaciaciones del planeta. Así pues cabe la posibilidad que los humanos lleguemos a producir tanto dióxido de carbono que zanjemos el Neógeno de golpe.

Nube de tempestad creciendo, Himalaya / Foto: David Rabadà

Si durante los últimos 50 años hemos elevado el dióxido de carbono desde 300 a 400 ppm, en menos de 300 años alcanzaremos los 1.000 ppm para ganarnos una extinción masiva. Estas ingentes cantidades de dióxido de carbono acelerarán el efecto invernadero del planeta aumentando la temperatura global y la aridez preexistente. El metano residente en el suelo polar (permafrost) se evaporará hacia la atmósfera y con ello se oxidará gran parte del oxígeno existente. Además la temperatura de los océanos ascenderá unos grados y la disolución del oxígeno en sus aguas disminuirá ante un disolvente caliente, algo que devendrá nefasto para la gran mayoría de sus organismos.

En consecuencia los mares dejarán de estar saturados de tal elemento provocando el ascenso del ácido sulfhídrico producido por los microorganismos de los fondos oceánicos. La quimioclina que separaba las aguas superficiales ricas en oxígeno de las profundas saturadas de ácido sulfhídrico se romperá y ascenderán con ello grandes afloramientos de microorganismos sulforeductores (“bacterias” verdes y púrpuras). Así muchas superficies marinas se verán privadas de oxígeno provocando la intoxicación por ácido sulfhídrico y asfixia de muchos organismos.

Pero además este ácido se dispersará por la atmósfera reduciendo el ozono atmosférico y aumentando los ultravioleta sobre los organismos. En definitiva el fitoplancton marino y los vegetales terrestres, base de la mayoría de ecosistemas, decaerán en gran medida derrumbando gran cantidad de cadenas tróficas. E incluso la crisis del fitoplancton marino acelerará la caída del oxígeno tanto en mares como en continentes alterando todavía más sus biotas. Y las grandes masas vegetales muertas por todo ello se oxidarán reduciendo aún más el nivel de oxígeno terrestre.

Vertedero incontrolado en Galicia / Foto: David Rabadà

Al final, y en pocos años, el mundo perderá gran parte de su oxígeno y de sus seres de manera gradual. Los humanos no sobrevivirían a ello como tampoco lo hicieron el 90 % de faunas en extinciones anteriores similares.

Quizás todo este intento de proclamar un Antropoceno como un nuevo periodo geológico sólo llegue a ser un mero chovinismo humano para conseguir financiación

En fin, que si ello ocurriera, simplemente habríamos zanjado el Neógeno a sus 23 millones de años de existencia, y todo ello bajo una gran extinción masiva que abriría una nueva etapa sin influencia humana. Habría entonces que esperar a la evolución de nuevos seres filosóficamente pensantes para que bautizaran, y de nuevo, toda nuestra Evolución en la Tierra, menudo faenón. Del Antropoceno, y con sus escasos años de existencia, ni se hablaría.

Quizás todo este intento de proclamar un Antropoceno como un nuevo periodo geológico sólo llegue a ser un mero chovinismo humano para conseguir financiación, con buena intención, para proyectos de medio ambiente. Políticos ignorantes en ciencias abundan para colaborar en la causa. Por tanto, y no tema, los intereses y los prejuicios seguirán formando parte de nuestra Evolución en la Tierra cuando ésta sufra una nueva extinción, incluida la nuestra.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Evolución en la Tierra“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: El Antropoceno y su plaga humana (entrega 36)

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