Muchos de nuestros institutos, debido a la pusilánime inacción de una Administración preocupada sólo por el escaparate del buenismo, son el caldo de cultivo perfecto para que delincuentes y psicópatas aprendan a realizar sus fechorías quedando éstas en la más absoluta impunidad / Foto: AFP

La violencia en las aulas se viene manifestando desde la LOGSE

 

Xavier Massó_editedXavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com

El asesinato ayer de un profesor no fue hecho aislado. Lo dije nada más conocerse el hecho y lo he repetido ante todos los medios de comunicación que han tenido a bien llamarme o interesarse por mi opinión sobre el tema. Y lo seguiré diciendo. Es cierto, ello no obstante, que trasciende de lleno el ámbito puramente escolar, pero no es un hecho aislado en el sentido que nos lo presenta la versión oficial, remitiéndolo al brote psicótico de un tarado, equiparándolo, sin decirlo, al copiloto que decidió estrellarse con su avión en los Alpes y, con él, a todo el pasaje. Y no es lo mismo porque si en este caso falló el protocolo, en el que nos ocupa, en cambio, no hay protocolo ni nada digno de tal nombre.

Sería un caso aislado si lo que se vende de nuestro sistema educativo fuera verdad: unos institutos idílicos donde unos van a enseñar y otros a aprender, donde la civilidad, la buena convivencia y el respeto hacia el prójimo fueran la moda, y donde la violencia apareciera sólo en los libros de Historia. Y esto no es así.

¿Hay algún acosador que vuelva a su casa con la cara partida porque intentó acosar a otro más fuerte que él?

Porque no son casos aislados los de alumnos acosados por algún tunante compañero suyo, en que la hipócrita Administración educativa catalana «resuelve» trasladando de instituto a la víctima, quedando el acosador campando sus reales en la más absoluta impunidad y en loores de liderazgo. Incluso con su prestigio acrecentado, “porque lo ha echado”, y acechando ya a otra posible víctima a la que acosar ¿Qué pretendemos que piensen nuestros jóvenes ante un comportamiento tan zafio cobarde? Porque así ocurre en los casos de acoso a alumnos; en los que salen a la luz pública, claro. En los que no, muchos más, se obliga a la víctima acosada a humillantes rituales de mediación, presididos por supuestos profesionales que equiparan de entrada al agresor y a la víctima y los ponen en plano de igualdad. Una igualdad que dura hasta que el profesional cumple su horario y la víctima queda de nuevo abandonada a su suerte.

Muchos dirán que el acosador es también una víctima, que se siente incomprendido y con estas acciones está reclamando nuestra atención; que funciona de acuerdo con su propia lógica y que hay que convencerle que no «está bien» actuar así. Dejo el tema para psiquiatras y psicólogos, doctores tiene la Iglesia, pero  permítanme una pregunta ¿Hay algún acosador que vuelva a su casa con la cara partida porque intentó acosar a otro más fuerte que él? Porque si no hay ninguno, entonces habrá que reconocer que por más que obedezca a su propia «lógica», la tiene muy objetiva eligiendo víctimas más débiles e indefensas.

Digámoslo claro, muchos de nuestros institutos, debido a la pusilánime inacción de una Administración preocupada sólo por el escaparate del buenismo, son el caldo de cultivo perfecto para que delincuentes y psicópatas aprendan a realizar sus fechorías quedando éstas en la más absoluta impunidad. Un sector de alumnado ciertamente minoritario, pero cuya incesante labor disruptiva deteriora la normal convivencia en los centros e impide que se lleven a cabo en ellos las tareas que tiene encomendadas.

Y tampoco es un caso aislado que en la mayoría de las ocasiones, la Administración dé la razón al alumno frente al profesor, o eche tierra de por medio cuando se trata de agresiones, verbales o físicas. Y en todo caso, el mismo ritual de mediación, con equiparación absoluta, sea cuál sea la causa, desde una agresión física hasta el robo de un bolígrafo, cuando el contencioso es entre alumno y profesor: equiparación absoluta, con la desautorización explícita que ello supone para el profesor. Y siempre, o casi siempre, la razón para alumno y la reprimenda, más la eventual sanción, al profesor.

Hasta que no se ponga remedio a las causas por que ha llegado a tales extremos de deterioro, seguiremos engañándonos hablando de «hechos aislados»

Y si alguien va saliendo indemne y reforzado de todas estas cuitas, no deja de tener su «lógica» que aspire a mayores proezas. No deberíamos olvidar que hasta ahora, por debajo del asesinato, ya había ocurrido casi de todo; en alumnos y en profesores. De modo que mucho cuidado con ese eufemismo del «hecho aislado». Porque el caldo de cultivo estaba bien abonado. Mientras nuestras estúpidas leyes educativas sigan postulando paradigmas pedagógicos como la inclusividad, o mientras este sector minoritario de la población escolar alumnado siga escolarizado en los mismos centros que la inmensa mayoría restante, nada, nada de lo que pueda ocurrir allí será nunca un hecho aislado.

Hace ya bastantes años, desde la implantación de la LOGSE, nuestro sistema educativo empezó a deteriorarse, víctima de unos paradigmas pedagógicos fraudulentos, de unos políticos sólo preocupados por extender sus redes ideológicas y clientelares, y de una sociedad que hipócritamente rechaza afrontar sus propios problemas y prefiere regodearse en la autocomplacencia del buenismo más ramplón. Hoy, nuestro sistema educativo es un fraude. Y hasta que no se ponga remedio a las causas por que ha llegado a tales extremos de deterioro, seguiremos engañándonos hablando de «hechos aislados». A lo mejor, eso es lo que queríamos oír ante la tragedia de ayer, en un instituto de Barcelona, donde asesinaron a un profesor.

.

Xavier Massó

Secretario General de Aspepc. SPS, Sindicat de Professors de Secundària

Share