El autohundimiento de la flota alemana en Scapa Flow

El hundimiento del SMS Hindenburg, en Scapa Flow. / Wikimedia

El 21 de junio de 1919, la flota de guerra alemana, cautiva de los británicos tras la derrota alemana en la I Guerra Mundial, zarpó de Scapa Flow, en las islas Orcadas, al norte de Escocia, donde estaba confinada, dirigiéndose a mar abierto, siendo hundida por los propios marineros alemanes para evitar que se repartiera entre los países aliados vencedores.

 

CV / La flota de guerra alemana, la Kaiserliche Marine, había sido al mismo tiempo el orgullo y la obsesión del Kaiser Guillermo II de Alemania. En su empeño por construir un imperio colonial a imitación del británico, sabía que para mantenerlo precisaba de una marina de guerra potente que, en caso de guerra, contrarrestara el abrumador dominio de los mares de la Royan Navy. Y aun sin ser Alemania un país de gran tradición marinera, al iniciarse la I Guerra Mundial en 1914, la escuadra alemana era la segunda del mundo por detrás de la británica y una seria amenaza para esta.

Entre 1914 y 1915 Alemania fue perdiendo todas sus colonias en África, Asia y Oceanía, incapaz de contrarrestar a los aliados, y la flota de guerra se concentró en el escenario naval europeo

Aun así, su papel en la guerra fue más bien discreto. Si bien obtuvo una primera victoria sobre los británicos en la batalla de Coronel –Chile- en 1914, esta misma flota fue poco después hundida por los ingleses frente a las Malvinas, en el Atlántico sur. Entre 1914 y 1915 Alemania fue perdiendo todas sus colonias en África, Asia y Oceanía, incapaz de contrarrestar a los aliados, y la flota de guerra se concentró en el escenario naval europeo, para intentar contrarrestar el bloqueo naval británico.

Tampoco lo consiguió, aunque estuvo a punto. En la batalla de Jutlandia, que tuvo lugar entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1916, la flota alemana se enfrentó abiertamente a la británica, pero aun causando al enemigo más pérdidas que las propias y siendo el resultado de la batalla indeciso, fue en definitiva, una victoria táctica para los alemanes, pero una derrota estratégica, porque no se consiguió romper el bloqueo y emprendió la retirada.

Ante la imposibilidad de enfrentarse abiertamente a los británicos, el alto mando alemán apostó a partir de entonces por la guerra submarina, pese a los consejos de asesores que, como Max Weber, advirtieron de los peligros colaterales de la guerra submarina. El resto de la flota permaneció desde entonces anclada en sus bases del Báltico sin apenas tomar parte en ningún otro enfrentamiento abierto contra los ingleses. Muchos marinos expertos fueron enviados a los submarinos o desmovilizados de la marina, enrolados en el ejército de tierra y enviados a las trincheras. Pero, aunque inactiva, seguía siendo una poderosa flota de guerra.

Al ser derrotada Alemania y tras la firma del armisticio que decretaba el alto el fuego a las 12h del mediodía del 11 de noviembre de 1918, una de las condiciones previas que impusieron los aliados fue la entrega de la flota de guerra

Al ser derrotada Alemania y tras la firma del armisticio que decretaba el alto el fuego a las 12h del mediodía del 11 de noviembre de 1918, una de las condiciones previas que impusieron los aliados fue la entrega de la flota de guerra, a la espera del destino que se le asignara en el tratado de paz que se iba a dictar. Al principio se pensó que fuera acogida en puertos de países neutrales, como Noruega y España, pero ambos rehusaron. El mando aliado decidió entonces que fuera puesta bajo custodia de la Royal Navy en el fondeadero de Scapa Flow, junto al fiordo de Forth, en las islas Orcadas, al norte de Escocia, con una mínima tripulación de marinos alemanes. Así se mataron dos pájaros de un tiro, porque se sacaba de la circulación a una marina alemana, y se alejaba del escenario revolucionario alemán a una marinería que ya había protagonizado motines y con fuertes infiltraciones comunistas.

Toda la flota -a excepción de los 176 submarinos que fueron directamente requisados por Inglaterra-, zarpó el 21 de noviembre de Alemania. Más de 70 barcos de guerra alemanes custodiados por más de 300 buques de la Gran Flota. Una vez fondeada, a la escuadra alemana se le ordenó arriar la bandera y no volver a izarla. Las tripulaciones quedaron también confinadas en sus barcos. Al mando de los buques alemanes internados se encontraba el contraalmirante von Reuter, a bordo del acorazado ‘Federico el Grande’. Los 20.000 marineros alemanes que constituían el total de las tripulaciones empezaron a ser repatriados, quedando al cabo de los siete meses transcurridos apenas unos 5.000. La situación era penosa desde todos los puntos de vista: mala alimentación, desmoralización, indisciplina…

Toda la flota -a excepción de los 176 submarinos que fueron directamente requisados por Inglaterra-, zarpó el 21 de noviembre de Alemania

Mientras tanto, en Versalles se estaba negociando del destino de la flota. Francia e Italia querían quedarse cada uno con una cuarta parte de los buques. Inglaterra, menos necesitada, quería destruirlos. La firma del Tratado de Versalles se programó para el 23 de junio.

A las 10 de la mañana del 21 de junio, aprovechando que la flota inglesa había salido de maniobras, von Reuter envió señales mediante banderas y reflectores ordenando el hundimiento de la flota. Se abrieron los grifos de fondo, las tomas de agua, las tuberías internas y los ojos de buey. Los efectos empezaron a notarse hacia mediodía, cuando el acorazado ‘Federico el Grande’ empezó a escorarse visiblemente a estribor. Los buques alemanes izaron entonces la bandera imperial, las tripulaciones empezaron a evacuar y los barcos se fueron hundiendo. Los británicos no pudieron hacer nada. El último en hundirse fue el crucero Hindenburg. Nueve marinos alemanes murieron por los disparos de los británicos que intentaron evitar el hundimiento.

Hay fundadas bases para pensar que a los británicos les vino muy bien el hundimiento, porque ellos no los necesitaban y no deseaban que los franceses y los italianos se hicieran con un cuarto de la flota alemana

Hay fundadas bases para pensar que a los británicos les vino muy bien el hundimiento, porque ellos no los necesitaban y no deseaban que los franceses y los italianos se hicieran con un cuarto de la flota alemana. A este respecto, el almirante británico Wemyss comentó en privado: “Miro el hundimiento de la flota alemana como una verdadera bendición. Acaba de una vez por todas la espinosa cuestión de la redistribución de estos buques”.

Se hundieron un total de 51 naves –las otras quedaron varadas-, y los nueve marineros muertos por disparos británicos fueron las últimas bajas de la I Guerra Mundial.

 

TAMBIÉN ESTA SEMANA:

Lunes, 21 de junio de 1919

En la isla de Scapa Flow, en las Orcadas, la flota alemana capturada por los aliados huye sorprendentemente del puerto en que estaba presa y, una vez en mar abierto, el almirante alemán Ludwig von Reuter ordena hundirla.

Martes, 22 de junio de 1940

El mariscal Pétain, nombrado jefe del gobierno francés de Burdeos, se rinde ante la Alemania nazi y solicita un armisticio.

Miércoles, 23 de junio de 1894

Se fundaba en París el Comité Olímpico Internacional, bajo la presidencia del barón Pierre de Coubertain.

Jueves, 24 de junio de 1571

En las Islas Filipinas, Miguel de Legazpi fundaba la ciudad de Manila.

Viernes, 25 de junio de 1876

Una coalición de indios sioux y cheyenes, encabezada por Toro Sentado y Caballo Loco, derrota al ejército norteamericano en la batalla de Little Bighorn (Montana, EEUU). El séptimo de caballería del general George Armstrong Custer fue exterminado por completo.

Sábado, 26 de junio de 1284

Según la tradición, este día desaparecieron en Hamelin (Baja Sajonia, Alemania) 130 niños, supuestamente secuestrados por el hechizo de un flautista, dando lugar a la leyenda del flautista de Hamelin.

Domingo, 27 de junio de 1957

La empresa SEAT ponía a la venta el modelo 600, fabricado íntegramente en la factoría de la Zona Franca de Barcelona

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