Al cabo de cien años, sus pinturas se pueden considerar un cóctel bastante reactivo de sustancias químicas que se comporta de formas inesperadas.

El amarillo de van Gogh, oscurecido por barni

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«Flores en un jarrón azul». Vincent van Gogh

Los colores empleados por el maestro neerlandés Vincent van Gogh en su obra eran brillantes, pero en «Flores en un jarrón azul», pintado en 1887, algunas de las flores del ramo de color amarillo vivo son ahora de un color naranja grisáceo. ¿Por qué?

Un equipo de investigadores europeos ha descubierto la causa: el barniz. Este hallazgo se ha publicado en la revista Analytical Chemistry.

Van Gogh no solía aplicar barniz a sus obras, pero tras su muerte sí que se aplicó barniz a esta pintura para protegerla.

Los investigadores, procedentes de Alemania, Francia y Países Bajos y coordinados por la Universidad de Amberes (Bélgica), realizaron un sofisticado análisis de rayos X para averiguar el proceso por el que este barniz provocó la decoloración.

«En 2009 se aplicó un tratamiento conservador que reveló una inusual corteza gris opaca en partes de la obra donde había pintura de amarillo de cadmio», informó Margje Leeuwestein, conservadora de la galería pictórica del Museo Kröller-Müller, en los Países Bajos, que adquirió la pintura a principios del siglo XX.

Imagen: Cordis

Según los expertos, el amarillo de cadmio (sulfuro de cadmio, CdS) empleado en la obra era un pigmento relativamente nuevo. Estos científicos ya habían descubierto que se oxida con el aire (convirtiéndose en sulfato de cadmio, CdSO4) en pinturas sin barnizar. A raíz de ello, los pigmentos pierden color y luminosidad.

«Ya desvelamos este proceso hace unos años y nos intrigó mucho observar que, en lugar de haber una capa de oxidación transparente y blanquecina, los pigmentos de esta obra estaban cubiertos por una corteza oscura y agrietada», explicó el Dr. Koen Janssens, también de Amberes. «Era imposible retirar la corteza de color naranja grisáceo y el barniz decolorado sin dañar la tan frágil pintura original de amarillo de cadmio de esas partes», añadió Leeuwestein.

Los investigadores del museo indicado trabajaron con dos muestras microscópicas de pintura extraídas de la obra original para determinar lo ocurrido. Cada muestra, cuyo tamaño era de apenas una fracción de milímetro, se remitió a Janssens para su análisis.

Las muestras se sometieron a haces de rayos X en la Instalación Europea de Radiación Sincrotrónica (ESRF, Francia) y en el Deutsches Elektronen-Synchrotron (DESY, Alemania). Allí se observó la composición química y la estructura interna de las muestras en la zona de contacto entre el barniz y la pintura. El hallazgo fue sorprendente. A diferencia de lo que se esperaba, en el proceso de oxidación no se habían formado compuestos de sulfato de cadmio cristalinos.

«Resultó que los aniones de sulfato habían encontrado un compañero de reacción adecuado en los iones de plomo del barniz y formado anglesita», señaló Geraldo Falkenberg del DESY. La anglesita (PbSO4) es un compuesto opaco que se encontró prácticamente por todo el barniz. «El origen del plomo probablemente sea un secante basado en plomo añadido al barniz», adujo.

Por su parte, la científica de la ESRF Marine Cotte, declaró: «En la zona de contacto entre la pintura y el barniz, los iones de cadmio se habían juntado con productos de la degradación del propio barniz y habían formado una capa de oxalato de cadmio.»

Así, los investigadores atribuyen a la anglesita y al oxalato de cadmio (CdC2O4) las partes de la pintura distorsionadas por la corteza opaca de color naranja grisáceo. Este novedoso descubrimiento resultará de utilidad para otros conservadores de pinacotecas que se planteen la mejor forma de restaurar obras de Van Gogh.

En conclusión, según Janssens: «Consideramos que las pinturas de Vincent van Gogh no constituyen entidades estáticas de cara a las décadas y los siglos por venir. Al cabo de cien años, se pueden considerar un cóctel bastante reactivo de sustancias químicas que se comporta de formas inesperadas.»