El bipedismo humano ¿causas o quimeras?

Han sido muchas las hipótesis para explicar el bipedismo humano / Pixabay

El bipedismo humano ¿ancestral o novedad evolutiva? (entrega 7)

Inicialmente quizás el bipedismo no tuvo utilidad alguna y fue herencia, dentro de un mismo cromosoma, de un rasgo asociado a una mejora en la reproducción. Al menos esta hipótesis zanjaría con todas las teorías que lo han pretendido explicar. Éstas vieron en el bipedismo una adaptación exclusiva en nuestra evolución. Veámoslas una a una para llegar a una conclusión contrastada.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Una de las primeras explicaciones fue pensar que al andar erguido nos permitía ver mejor por encima de las hierbas de la sabana. De esta manera podíamos observar mejor a nuestros depredadores y evitarlos. El problema fue que los primeros bípedos como nosotros no vivían entre hierbas. Pongamos el género Australopithecus y su dentición. Ésta no indicaba sabana sino otro ecosistema muy distinto.

En el año 2012 Estebaranz, junto con otros autores, publicaron en Journal Anthropoligical Science un artículo muy interesante sobre el desgaste dentario en Australopitthecus anamensis. Este pequeño simio vivió en África entre 4,2 y 4 millones de años. La abrasión observada sobre su dentadura indicó a los autores que el ecosistema en donde merodeó correspondía a bosques abiertos y selvas ribereñas. Por eso su dieta fue entre granívora y frugívora, algo parecida a la de los babuinos y cercopitecos actuales.

En 2011 Ungar & Sponheimer publicaron en Science el desgaste dentario de un Australopithecus posterior que vivió entre los 4 y los 3 millones de años, el pequeño Australopithecus afarensis. La abrasión observada sobre sus molares indicaba una dieta muy similar a los actuales gorilas y chimpancés, es decir frugívora en ecosistemas boscosos y mixtos. Y otros datos similares ofrecieron la mayoría de los primeros simios bípedos. La conclusión ante los datos era que el andar a dos patas se dio en el sino de los árboles sin la necesidad de otear sobre las hierbas a campo abierto.

La conclusión ante los datos era que el andar a dos patas se dio en el sino de los árboles sin la necesidad de otear sobre las hierbas a campo abierto

Otra hipótesis muy extendida para explicar el bipedismo fue que éste evolucionó para dejar las manos libres y fabricar así herramientas. Desgraciadamente en 2015 Nature publicó una amplia revisión de las primeras herramientas vinculadas con nuestros parientes y se vio claramente que la evolución del bipedismo y la fabricación de líticos quedaba separada por un lapso de más de cuatro millones de años. La necesidad de elaborar herramientas no podía ser la causa del andar erguido, a lo sumo fue al revés, el bipedismo facilitó la fabricación de piedras cortantes.

También, y para explicar el bipedismo se propuso que éste reducía el consumo de energía con respecto a la locomoción cuadrúpeda, pero finalmente los cálculos demostraron falaz tal cómputo. Además hoy en día sabemos que nuestros ancestros directos no fueron simios cuadrúpedos, sino bípedos arborícolas.

Otros autores, y bajo el asunto energético del bipedismo, estimaron que el andar erguido regulaba mejor la temperatura corporal bajo el Sol, pero ya dijimos que el andar sobre dos patas evolucionó entre las sombras de los árboles, no en solanas descubiertas. Cabe añadir que si ello hubiera sido tan adaptativo, la mayoría de habitantes de la sabana ya habrían evolucionado, entre muchos otros, hacia elefantes, jirafas y leones bípedos.

 

La sociabilidad, un as bajo la manga

No obstante hay un dato que sí relaciona ahorro energético y bipedismo. Parece ser que el trepar por los árboles consume cuatro veces más energía que el desplazarse por el suelo. Es decir, es más económico vivir en el suelo que agarrado a las ramas. El problema es que a ras de tierra existe un mayor riesgo de depredación. Pero los primates tienen una as bajo la manga, su sociabilidad. Bajo clanes grandes, bien estructurados y con mayor masa corporal, los simios pudieron desarrollar una vida más terrestre que no arborícola manteniendo a raya a los depredadores.

Hemos desarrollado complejos entes sociales que bajo la cohesión del grupo mejoran nuestra supervivencia / Pixabay

Los insectos sociales, las gambas parásitas Synalpheus regalis, las ratas topo Heterocephalus glaber, los cetáceos y nosotros los simios hemos desarrollado complejos entes sociales que bajo la cohesión del grupo mejoran nuestra supervivencia. Esto encaja de nuevo con Oreopithecus, con los simios con nudillos, con nosotros mismos y con el orangután. Analicemos cada caso y quizás nuestro bipedismo sí tuvo una causa clara que lo impulsó.

Oreopithecus fue un simio que habitó hace 8 millones de años una isla cerca de la Toscana italiana. En ella no había depredadores y así estos primates podían bajar al suelo sin riesgos. Quizás por ello Oreopithecus evolucionó desarrollando su propio bipedismo reduciendo así su consumo energético. Chimpancés, gorilas y bonobos abandonaron el bipedismo arbóreo para desplazarse por el suelo apoyándose sobre sus nudillos. El riesgo es que sus ecosistemas sí poseen multitud de depredadores. Pero sus sólidos y amplios grupos sociales aúnan esfuerzos para repelerlos. Además, y durante las noches, el clan minimiza el ataque de carnívoros al anidar en los árboles.

Orangutan / Wikimedia – Eleifert

En nuestro caso también evolucionamos bajo clanes terrestres, pero en lugar de desplazarnos sobre nudillos, modificamos el bipedismo arborícola antecedente para adaptarlo a uno de campo abierto. Finalmente, y entre nuestros parientes actuales, hay una excepción a lo terrestre pero que sigue encajando con la hipótesis anterior, el orangután. Este simio conservó el bipedismo arborícola ancestral y se quedó en los árboles. Al no bajar al suelo de manera frecuente no tuvo la necesidad de evolucionar en clanes sociales para disuadir a los depredadores terrestres. Cabe añadir que el orangután es el simio más alejado, parco y antisocial entre nuestros parientes, es decir, es el que debería conservar los rasgos más ancestrales, cosa que así ostenta. Así sus miembros suelen vivir de manera solitaria y sólo congregándose en pareja para la reproducción. Hecha la cópula y la fecundación, el macho torna sólo a los umbrales de la selva. En todo ello el orangután escasamente baja al suelo a buscar recursos y su vida arborícola deviene fundamental.

En resumen parece que la locomoción terrestre en clanes sociales compactos redujo dos cosas, el riesgo de depredación y su metabolismo. Con bipedismo o con nudillos, éstas especies disponían de más energía sobrante que podían invertir en el motor de la evolución, su reproducción. A menor coste energético corporal, mayor energía para la propagación. En fin, que muy probablemente el bipedismo impulsó una mayor fecundidad entre unos primates semiarborícolas, de brazos largos, y que se habían vuelto muy pesados. Ante todo lo anterior cabe ahora repasar la evolución global de la bipedestación y dar a todo esto una visión de conjunto.

 

Bipedismo arborícola

Los fósiles hallados parecen indicar que antes de los 8 millones de años ya habían evolucionado unos primeros simios bípedos arborícolas. Por aquel entonces un inmenso manto boscoso se extendía desde África hasta Asia cruzando también el continente europeo. En estas selvas existían simios con un bipedismo especial, el arborícola, y que el orangután preservó. Esta bipedestación arbórea fue distinta de la posterior de campo abierto.

Los ecosistemas arbóreos propiciaron unos simios bípedos de brazos largos, clavículas anchas y caja torácica triangular para asirse a las ramas / Pixabay

Los ecosistemas arbóreos propiciaron unos simios bípedos de brazos largos, clavículas anchas y caja torácica triangular para asirse a las ramas. El género Ardipithecus o la especie Australopithecus africanus fueron ejemplos de ello. Tim White, y sus colaboradores publicaron, algo muy certero al respecto.

Cerca de los 4 millones de años, y en espacios más abiertos como sabanas y bosques de galería, empezaron los primeros bípedos marchadores a desplazarse

En octubre de 2009 su trabajo sobre Ardipithecus en la revista Science presentaba a este simio africano como bípedo y arborícola hace entre unos 5,8 y 4,2 millones de años. Y en septiembre de 2018 Peter Fernandez de la Universidad de Stony Brook, junto con otros autores publicaron en la revista PNAS que el pie de Ardipithecus ramidus poseía determinadas adaptaciones en la estructura de los dedos para facilitar el bipedismo arborícola. En concreto la articulación entre el metatarso y las falanges se hallaban orientadas hacia arriba facilitando la propulsión del cuerpo durante el andar. De todas formas aquel pie conservaba habilidades prensiles en su pulgar para trepar por las ramas. Es decir, Ardipithecus mantenía un bipedismo arborícola.

El bipedismo marchador evolucionó poco después de Ardipithecus. Cerca de los 4 millones de años, y en espacios más abiertos como sabanas y bosques de galería, empezaron los primeros bípedos marchadores a desplazarse. Ello propició, y a largo plazo, unos simios de brazos más cortos y con una caja torácica elipsoidal, todo ello bajo la necesidad de andar más por el suelo y menos por los troncos. Ahora sólo falta saber quiénes fueron estos primeros bípedos de campo abierto, algo que de nuevo nos descubrirá muchos prejuicios en evolución humana.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entregas anteriores:

Prejuicios y evolución humana (1)

Parientes fósiles humanos ¿pocos o demasiados? (2)

El concepto de homínido, ¿realidad o prejuicio? (3)

La falsedad de los árboles evolutivos (4)

La evolución, mitos y prejuicios (5)

El Darwinismo, lucha y prejuicios (6)

El bipedismo humano ¿ancestral o novedad evolutiva? (7)

1 Comentario

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí