El cambio climático en Andorra

La que sufriría una situación más crítica es la de Pal-Arinsal, que en el peor de los escenarios, a finales del siglo XXI tendría que cerrar y no podría funcionar ni siquiera con nieve artificial

Investigadores del Campus de Terrassa evalúan la influencia del cambio climático en las pistas de Andorra

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El aumento global de 2ºC de temperatura es un escenario más que probable a 40 años vista. En un escenario más pronunciado de cambio climático, en las estaciones con cotas inferiores a 2.000 metros sería muy difícil encontrar las condiciones de nieve necesarias para la práctica del esquí. Este hecho supondría pérdidas de hasta 50 millones de euros para el negocio de la nieve en Andorra.

Imagen: Wikipedia

Esta es una de las conclusiones del estudio realizado por los investigadores Martí Rosas, Bàrbara Sureda y Marc Pons, del Laboratorio de Medida y Modelización de la Sostenibilidad (SUMM Lab) de la Universitat Politècnica de Catalunya · BarcelonaTech (UPC), y que se ha publicado recientemente en la revista Climate Research.

Los investigadores Martí Rosas, Bàrbara Sureda y Marc Pons, del Campus de la UPC en Terrassa, en colaboración con el Observatorio de la Sostenibilidad de Andorra y el Departamento de Geografía de la Universidad McGill de Montreal, en el Quebec (Canadá), han elaborado un estudio sobre las estaciones de esquí de Andorra.

En este trabajo, para calcular la incidencia del cambio climático en esta zona se han considerado modelos regionales basados en proyecciones de los escenarios de cambio climático establecidos por el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) —creado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)—.
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Pal-Arinsal perderá el 30% de la nieve

El objeto del trabajo, que lleva por título Modeling climate change effects on winter ski tourism in Andorra y que se ha publicado en Climate Research, ha sido la evaluación del impacto en tres de las estaciones de esquí andorranas: GrandValira, Pal-Arinsal y Arcalís.

La que sufriría una situación más crítica es la de Pal-Arinsal, que en el peor de los escenarios, a finales del siglo XXI tendría que cerrar y no podría funcionar ni siquiera con nieve artificial. GrandValira y Arcalís continuarían con su actividad, pero con una temporada más corta.

El aumento de la temperatura en 2ºC es un escenario más que probable, según el IPCC, y en el peor de los casos podría aumentar en 4ºC. Si el aumento fuera de 2ºC, la estación de Pal-Arinsal, en la cota de nieve a 1900 metros, perdería en pocos años el 30% de la nieve natural y un 25% de la artificial.

Si la subida de temperaturas fuera de 4ºC, la pérdida en esta cota sería prácticamente total. Esta misma pista, con un aumento de temperatura de 2ºC pero en cotas de nieve a 2300 metros, no perdería nieve natural. Aun así, perdería un 3% de nieve natural si la temperatura global aumentara 4ºC.

Si la temperatura aumentara 2ºC, la pista de Arcalís sufriría menos que la de Pal-Arinsal, porque la cota más baja con que cuenta es de 2100 metros, donde la pérdida de nieve natural seria del 3%. En un escenario en que la temperatura aumentara 4ºC, Arcalís perdería el 27% de volumen de nieve natural y el 25% de la nieve artificial.

En GrandValira, con cotas de 2150 metros y 2450 metros, si la temperatura global aumentara 4ºC, sólo en la cota de 2150 metros la disminución del volumen de nieve natural seria del 17% y la de nieve artificial, del 14%.

Andorra cuenta actualmente con una población de 75.000 habitantes y recibe unos 8 millones de turistas cada año, sobre todo en la temporada de invierno. El turismo de nieve es una de sus principales fuentes de ingresos. En los peores escenarios planteados por los investigadores, las pérdidas económicas podrían llegar a los 50 millones de euros.
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Nieve artificial insuficiente

Según afirma Martí Rosas, “si la temperatura global aumenta 4ºC, los cañones de nieve artificial difícilmente podrán mantener la temporada de esquí en las cotas menos altas. En un entorno altamente dependiente de un sector económico como este y a medida que nos acercamos al escenario previsto, se podría dar la posibilidad que para mantener los beneficios económicos, las estaciones de esquí andorranas utilizaran agua de los acuíferos de su territorio para alimentar las máquinas que fabrican nieve artificial en invierno y que no hubiera suficiente para abastecer a los mismos andorranos”, explica el investigador.

Por su parte, Marc Pons dice que “es muy importante analizar la capacidad de las estaciones para compensar la variabilidad climática con producción de nieve artificial. Las estaciones de esquí han invertido muchos recursos en estas infraestructuras. De hecho, en el caso de Andorra, aproximadamente el 50% de las áreas de esquí produce nieve artificial”.
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Competitividad en los Pirineos

El estudio de Marc Pons, Martí Rosas y Bàrbara Sureda se enmarca en un proyecto de investigación de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos que evalúa los efectos del cambio climático sobre las regiones montañosas, consideradas especialmente vulnerables para la comunidad científica.

Así, Pons cree que “la rápida disminución de los glaciares, los cambios en la cantidad y en la frecuencia de las nevadas y las variaciones en los niveles y la distribución de la biodiversidad son ejemplos que demuestran la alta sensibilidad de estos sistemas montañosos”. El investigador incluye los resultados de este trabajo en la tesis doctoral que está elaborando, Evaluación de los impactos del cambio climático en Andorra y de las posibles estrategias de adaptación, en la cual hace un análisis más amplio de la cuestión.

Actualmente los investigadores están ampliando el estudio a toda la cordillera de los Pirineos para evaluar el grado de vulnerabilidad de las diferentes estaciones de esquí. Paradójicamente, lo que en el ámbito local puede resultar perjudicial para algunas estaciones de esquí, podría representar una ventaja competitiva, a escala regional, para otras estaciones del Pirineo a la hora de absorber los turistas de otros dominios esquiables más vulnerables.

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