«El cardenal Richelieu»

Richelieu sentó las bases de la hegemonía francesa en Europa

Tal día como hoy… 29 de abril de 1624, Richelieu era nombrado primer ministro

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El 29 de abril de 1624, Armand-Jean du Plessis, duque de Richelieu, de Fronsac, par de Francia y cardenal de la Iglesia católica, era nombrado primer ministro por el rey Luis XIII. Dirigió los destinos de Francia durante los siguientes dieciocho años, hasta su muerte en 1642, y sentó las bases de la hegemonía francesa en Europa.

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CV «El cardenal Richelieu» es popularmente conocido por ser el «malo» de la famosa novela de Alejandro Dumas ‘Los tres mosqueteros’, donde se le presenta como un personaje conspicuo y taimado, dueño de la voluntad de un monarca pusilánime al que controlaba por completo y convertido en un mero rey «fainéant». En definitiva, un aventajado discípulo del Príncipe de Maquiavelo. Y sin duda lo fue.

El cardenal Richelieu fue sin duda alguna un político astuto e inteligente, que le sirvió a Dumas para crear libremente un personaje literario

Un perfil novelesco que ha perdurado en el tiempo, sin duda acentuado por las exigencias literarias inherentes a la trama argumental, pero que no es del todo desmerecido. Eso sí, con la excepción del contexto histórico y algunos episodios que salen a colación -como el sitio de La Rochelle-, el resto de la novela es pura ficción literaria. Ni parece que existieran realmente la pérfida Milady de Winter o el malévolo Rochefort –aunque sí el señor de Tréville o el propio d’Artagnan-, ni que la reina Ana de Austria hubiera sido nunca amante del Duque de Buckingham. En definitiva, el cardenal Richelieu fue sin duda alguna un político astuto e inteligente, que le sirvió a Dumas para crear libremente un personaje literario.

Había nacido en París en 1585, siendo el cuarto de cinco hermanos, y el tercer varón, de una familia aristocrática que disponía, por concesión de Enrique III, de la diócesis de Luçon. El primogénito heredara las propiedades familiares, el segundo el obispado, y el tercero se dedicaba a la carrera militar. A nuestro Richelieu le tocó dedicarse a la milicia, pero la muerte del hermano obispo le obligó a substituirle. Allí empezó su carrera política.

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Francia estaba literalmente rodeada

Francia estaba viviendo unos tiempos política y socialmente convulsos, marcados por las guerras de religión y sus derrotas frente a la monarquía española, entonces hegemónica en Europa. Con los Habsburgo en España y en el Sacro Imperio, Francia estaba literalmente rodeada. Richelieu supo ganarse la confianza de la reina madre y regente, María de Médicis, y la de su favorito, Concino Concini. En 1616 era ya secretario de estado para el exterior y la guerra, controlando la política exterior francesa. La destitución, detención y asesinato de Concini por los contrarios a la regente, supuso la caída en desgracia de Richelieu, que tuvo que exiliarse a Avignon.

No dudo en entrar en la Guerra de los Treinta Años en el bando protestante aun siendo Francia un país católico y él mismo un cardenal

Pero supo desmarcarse de María de Médici y arreglárselas para ganarse la confianza de su rival e hijo, Luis XIII, que le nombró primer ministro en plena revuelta hugonote. Desde entonces, su política se guio por dos grandes objetivos, en los que puso todo su empeño. Centralizar el poder arrebatándoselo a los levantiscos nobles, creando una administración y un ejército fuertes y de obediencia al Estado, y erosionar el poder de los Habsburgo. A estos dos objetivos supeditó su política, sin que su catolicismo le impidiera desarrollar una política exterior de alianzas con los protestantes para combatir a la católica España.

No dudo en entrar en la Guerra de los Treinta Años en el bando protestante aun siendo Francia un país católico y él mismo un cardenal. Lo de la guerra de religión empezaba a estar pasado de moda y comenzaba a manifestarse como lo que siempre habían sido: la continuación de la política por otros medios. Igualmente, la razón dinástica medieval cedía definitivamente el paso ante la razón de estado moderna. Richelieu supo verlo. Sus enemigos, en cambio, no lo entendieron a tiempo; algunos siguen sin entenderlo aún hoy.

No pudo ver la consecución de su proyecto. A su muerte le substituyó el también cardenal Julio Mazarino (1602-1661), quien no tuvo más que aplicar las directrices establecidas por Richelieu… Y de allí a Luis XIV. Los Habsburgo desaparecieron de España y quedaron reducidos a la inanidad en Alemania.

Volviendo a Dumas y sus mosqueteros, en un momento de ‘Veinte años después’, la regente Ana de Austria recordaba a su viejo enemigo, comparándolo con Mazarino, como el hombre que siempre decía “He hecho”, frente al que solo dice “Haré…”

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