El concepto “tiempo” en geología

El tiempo es el devenir de la materia y energía en nuestro universo / Pixabau

El viaje que comenzamos se halla nutrido de millones de años que muchos no acostumbran a percibir. Hablar de tan amplia inmensidad confunde al más docto lector. Ya el concepto de tiempo ha sido debate entre muchos filósofos y científicos. De hecho éste no existía antes del Big Bang.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Sin espacio y universo -como sin huevo no hay gallina-, no habría cronos. El tiempo es el devenir de la materia y energía en nuestro universo. Es decir, sin ver qué sucede los humanos no podemos percibir el tiempo. Éste, el tiempo, lo medimos gracias a la disipación, más o menos regular, de la energía en el espacio. Todo reloj que diseñemos funciona bajo cambios homogéneos de la energía. Desde un péndulo gravitacional hasta un reloj atómico, todos describen pérdidas de energía que medimos como tiempo. Nuestra vejez también deviene de cambios moleculares atados al tiempo, como también la evolución biológica se halla encadenada al cronos cosmológico. Nada escapa al ritmo perpetuo del compás disipado por nuestro universo, su tiempo.

Desde un péndulo gravitacional hasta un reloj atómico, todos describen pérdidas de energía que medimos como tiempo

En fin, que preguntarse qué sucedió antes del Big Bang no tiene sentido ya que no existía el tiempo. Sería como preguntarse que fue antes, el huevo o la gallina. Ambas partes son lo mismo, la misma especie. Huevo y gallina devienen el mismo ente biológico como tiempo y cosmos. Ante tal pensamiento circular, o tautología, sólo cabe concluir que estamos ante una pregunta equívoca y mal planteada. Hay que abandonar el árbol que nos enloquece y vislumbrar el bosque que nos acontece. La pregunta ante huevo y gallina es quiénes fueron los primeros organismos que se reprodujeron así. La pregunta halla su respuesta hace más de 600 millones de años cuando los primeros ovíparos así evolucionaron. Entre cosmos y tiempo sucede lo mismo ya que sin el uno no existe el otro. En física cuántica sabemos que el tiempo y el espacio son uno mismo. Todo evolucionó desde una fluctuación de un falso vacío. La pregunta es pues cómo surgió el cosmos, algo que los físicos resuelven con sus ecuaciones.

En Geología terrestre el tiempo lo fijamos en base a las rocas que hemos hallado / Pixabay

En Geología terrestre el tiempo lo fijamos en base a las rocas que hemos hallado. En ello conocemos materiales que describen la evolución planetaria desde hace miles de millones de años. Este va a ser el viaje que nuestras rocas nos han permitido desvelar, un tiempo de más de 4.000 millones de años.

“El tiempo en Geología ha sido divido en diferentes etapas como los historiadores también han hecho. Si hubo una Prehistoria y una Historia, los geólogos hemos hecho algo parecido”

El tiempo en Geología ha sido divido en diferentes etapas como los historiadores también han hecho. Si hubo una Prehistoria y una Historia, los geólogos hemos hecho algo parecido. En primer lugar hemos separado la Tierra primitiva, y sin oxígeno, de la que ostentaba una atmósfera parecida a la actual. Ello crea un paréntesis entre los 4.000 hasta los 2.500 millones de años. Pero que el lector no se haga creyente de las cifras, estas son sólo aproximaciones a una posible realidad. Los datos devienen simples atisbos a lo que sucedió y no fechas donde aferrarse.

La ciencia avanza con nuevas cifras y estas cuestionan las interpretaciones antecedentes. Así, y sólo así, vamos mejorando los científicos nuestra aproximación a la realidad. La ciencia no está en posesión de la verdad, sólo deviene un método para aproximarse, algo que los dogmas no ostentan. Éstos, y sin pruebas, sólo dicen estar en posesión de ésta. El camino del científico no es sentenciar un dogma sino cuestionar las pruebas y proponer la interpretación más lógica y contrastada. Es decir, hay que huir de los prejuicios e intereses del presente para hallar la senda más veraz. En ello el modelo del tiempo geológico es sólo una aproximación a lo que sucedió y no un compás exacto de los hechos. La revisión que en 2012 se elaboró sobre las dataciones de los periodos geológicos movió algunas etapas casi unos 30 millones de años. En fin, que todo lo actualmente aceptado en ciencia puede cambiar con el devenir de mejores datos. Se trata de evolucionar ante los hechos demostrables y no de involucionar ante los dogmas impuestos.

Nuestro tiempo geológico, y como mera simplicidad didáctica, puede resumirse en base a nuestros 10 dedos

Nuestro tiempo geológico, y como mera simplicidad didáctica, puede resumirse en base a nuestros 10 dedos. Hace unos 5.000 millones de años comenzó a evolucionar nuestro sistema solar. Esta inmensidad temporal, y divida por 10, hace unos 500 millones de años, evolucionó hacia una vida plenamente diversificada en grupos que darían las formas biológicas actuales. Divididos estos 500 millones de años otra vez por diez, hace unos 50, y tras una gran extinción a finales del Cretácico, surgió el marco de la mayoría de los ecosistemas actuales. Y dividiendo otra vez por 10 esos 50 millones de años, hace unos 5, se hallaba iniciada la evolución de los primates hacia nosotros mismos, los Homo.

 

Tu vida como una metáfora de la evolución terrestre

Si al lector le confunden tantas fechas lejanas pongamos su vida como una metáfora de la evolución terrestre. Imaginemos que entre su nacimiento y fallecimiento pasaran unos longevos 100 años. A los 38 la atmósfera habría pasado a estar oxigenada gracias a los organismos unicelulares fotosintetizadores. A sus 70 años de edad la vida habría evolucionado hasta los primeros organismos con tejidos, es decir habría estado 70 años sólo viendo seres unicelulares.

La evolución de los primates hacia los humanos la vislumbraría en su lecho de muerte unas décimas de segundo antes de morir

A sus 85 tendría ante sus ojos una gran diversidad de seres sin necesidad de un microscopio, y poco antes de morir, a sus 99, observaría la gran extinción del Cretáceo. La evolución de los primates hacia los humanos la vislumbraría en su lecho de muerte unas décimas de segundo antes de morir. En fin, que se nos escapa tanta inmensidad temporal y habrá que explicar todo esto capítulo a capítulo sin tanta matemática. Bienvenido a un viaje de más de 4.000 millones de años.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Evolución en la Tierra“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: Del Big Bang a la Vida creacionista (entrega 2)

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