El cerebro humano es tres veces mayor que el de los grandes simios, por lo que la necesidad de utilizar más energía es para el hombre más acuciante que la de sus parientes más cercanos.

¿A cerebro grande, vientre pequeño? Ya no

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Contrariamente a lo que plantea la hipótesis del tejido costoso, que algunos tejidos necesitan más energía para su metabolismo en reposo que otros, en Suiza, un equipo de investigadores ha descubierto que la evolución del cerebro en mamíferos puede explicarse como una solución de compromiso entre el tamaño del cerebro y el del tracto digestivo.

El estudio, presentado en la revista Nature, ha sido parcialmente financiado por el proyecto SYNTHESYS («Síntesis de recursos sistemáticos»), que ha recibido 7,2 millones de euros a través del tema «Infraestructuras de investigación» del Séptimo Programa Marco (7PM) de la Unión Europea.

Los investigadores de la Universidad de Zúrich han descubierto además que el potencial de almacenamiento de grasa, por lo general, va de la mano de cerebros relativamente pequeños, salvo en el caso de los seres humanos. La capacidad de los humanos para utilizar más energía depende de tres factores clave: el cuidado común de la prole, una dieta de mayor calidad y su capacidad para caminar erguidos.

El tejido cerebral consume mucha energía. Si una especie animal desarrolla un cerebro más grande que el de sus ancestros, la demanda creciente de energía se puede satisfacer ya sea consiguiendo nuevas fuentes de alimentos o llegando a un compromiso con otras funciones del organismo.

Cerebro de chimpancé.

El cerebro humano es tres veces mayor que el de los grandes simios, por lo que la necesidad de utilizar más energía es para el hombre más acuciante que la de sus parientes más cercanos.

Aunque durante mucho tiempo la mayoría aceptó la hipótesis de que los hombres primitivos pudieron redirigir energía hacía el cerebro a expensas de tener un tracto digestivo cada vez más pequeño, los investigadores de Zurich demostraron que los mamíferos con cerebros relativamente grandes, por lo general, tienen un sistema digestivo igualmente grande.

«El conjunto de datos contiene cien especies, desde el ciervo a la musaraña», explicó Ana Navarrete, autora principal del estudio y doctoranda en el Instituto y Museo de Antropología de la Universidad de Zurich (Suiza).

Los investigadores compararon el tamaño del cerebro con la masa corporal magra. «Es muy importante tener en cuenta los depósitos de tejido adiposo de un animal, ya que en algunas especies constituyen más de la mitad de la masa corporal en el otoño», explica la autora sénior del artículo, Dra. Karin Isler también de la Universidad de Zurich.

Pero el tamaño del cerebro no está correlacionado negativamente con la masa de otros órganos, incluso si se refiere a la masa corporal magra. Y, sin embargo, el almacenamiento de grasa está involucrado en la evolución del tamaño del cerebro.

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El gasto de energía corporal influye

Aunque el tejido adiposo no consuma una gran cantidad de energía, los animales gordos gastan mucha energía en acarrear el exceso de peso. Esto es particularmente cierto cuando el animal corre o trepa. Según los investigadores, esta energía iría en detrimento del potencial de expansión del cerebro.

«Parece que los depósitos adiposos grandes, a menudo, se hacen a expensas de la flexibilidad mental», señaló la Dra. Isler. «Nosotros, los humanos, junto con las ballenas y las focas, constituimos la excepción, probablemente porque, como en el caso de la natación, nuestro bipedismo no requiere mucha más energía incluso cuando estamos un poco más rollizos», añadió.

Los firmantes del artículo señalan que la rápida encefalización y el consiguiente incremento en el consumo de energía se iniciaron hace unos 2 millones de años en el género Homo.

En palabras de la Dra. Isler: «Para estabilizar el suministro de energía del cerebro en un nivel superior, el hombre prehistórico necesitaba una fuente de alimentación de gran calidad disponible todo el año, tal como los tubérculos subterráneos o la carne. Como ya no tenían que trepar a diario, perfeccionaron el arte de caminar en posición erguida. Pero aún más importante es el cuidado infantil comunitario».

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