Publican un libro didáctico que explica cómo ha evolucionado la mente humana y qué precio hemos pagado por su desarrollo

El precio de la inteligencia

La evolución de la mente humana y sus consecuencias

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Una de las grandes preguntas a los que nos enfrentamos los seres humanos es la de por qué existe una mente humana. Es difícil, no obstante, que alguna vez seamos capaces de contestarla. En cambio, es más fácil hallar respuesta a otro interrogante estrechamente relacionado con el anterior: ¿cómo es que existe una mente humana?

Portada del libro

Este es el planteamiento del libro publicado por Crítica El precio de la inteligencia, subtitulado La evolución de la mente y sus consecuencias, que han escrito Jordi Agustí, Enric Bufill y Marina Mosquera, personal investigador del IPHES (Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social).

Lo hacen, además, de manera transdisciplinar al contar con aportaciones de la paleoantropología, la paleoecología humana, la arqueología prehistórica, la primatología, la etología, la neurociencia cognitiva y la genómica.

Con todo ello tratan aspectos como el lenguaje y la comunicación, el aprendizaje, la tecnología  y el simbolismo, sin olvidarse, por supuesto, de las características del cerebro humano y su evolución.

Con todos estos ingredientes, los autores plantean, de forma didáctica, cómo ha evolucionado la mente humana, por qué somos como somos y qué ha comportado para nuestra especie, Homo sapiens, dicho desarrollo. Es el caso de algunas enfermedades muy frecuentes en el ser humano y excepcionales en otros mamíferos, como el Alzheimer, de la que se ha descrito un solo caso en primates no humanos, concretamente en un chimpancé, el animal evolutivamente más próximo al Homo sapiens.

Así se ha visto, por ejemplo, y según una investigación del IPHES, basada en una amplia revisión bibliográfica, que hay una serie de neuronas pertenecientes a áreas corticales relacionadas con las funciones cognitivas como la memoria autobiográfica, la planificación, la imaginación y la inteligencia social, que en el caso de los humanos, y a diferencia de otros primates como los chimpancés, mantienen en la edad adulta rasgos juveniles, como una elevada actividad y plasticidad sinápticas (capacitad de formar nuevas conexiones neuronales o modificar las ya existentes) y actividad metabólica (proceso por el cual las neuronas transforman la glucosa en energía para que el cerebro funcione) que les puede causar estrés oxidativo favoreciendo de este modo la aparición de enfermedades como el Alzheimer una vez finalizada la edad reproductiva.  Es el fenómeno de la “pleiotropía antagonista”.

Así pues, las enfermedades neurodegenerativas exclusiva o predominantemente humanas podrían ser una de las consecuencias del precio a pagar por el incremento de la longevidad, la complejidad cerebral, la inteligencia y las amplias capacidades de memoria, planificación e imaginación, sin las cuales no hubiera sido posible la cultura, alcanzadas por nuestra especie, Homo sapiens.

Tal como se afirma en el libro, el abordaje de dichas patologías desde la perspectiva de la biología evolutiva dará lugar sin duda a nuevas hipótesis y líneas de investigación. A su vez, constataciones como ésta pueden tener en el futuro implicaciones terapéuticas y pueden ayudar a entender  mejor el envejecimiento cerebral.