El día de la marmota y la Educación en España

Día de la marmota / Wikimedia - Fuente: https://www.flickr.com/photos/silvers/24543841/

Errar es humano, pero perseverar en el error es contumacia. Y la contumacia puede deberse a un impulso obsesivo, o a no haber aprendido de los errores. Ignoramos cual será el caso de la ministra Celaá, pero lo cierto es que en materia de leyes educativas llevamos instalados en la contumacia más recalcitrante treinta años largos, desde que se implantó la LOGSE.

Celaá presenta 9 claves del anteproyecto de ley de Educación

 

Xavier Massó | Catalunya Vanguardista

Cada vez que accede al poder cualquiera de los dos partidos que se han turnado en el gobierno las últimas décadas, volvemos a escuchar la misma cantinela, con las mismas declaraciones de buenas intenciones, la misma proclamación de reformas e innovaciones que no son sino un déjà vu, y el mismo entrecruzamiento de acusaciones, como si los defectos del rival y sus errores eximieran de los propios. Mientras tanto, la enseñanza sigue deteriorándose imparablemente…

Educativamente hablando, en este país llevamos treinta años instalados en el día de la marmota, como en la célebre película de Harold Ramis –Atrapado en el tiempo (1993)-, protagonizada por unos espléndidos Bill Murray y Andie Macdowell… Con una importante salvedad: En la película, el protagonista va aprendiendo de sus errores y corrigiéndolos a lo largo de los sucesivos días que se van repitiendo inapelablemente. En materia educativa, en cambio, solo la tediosa reiteración, el más de los mismo.

Educativamente hablando, en este país llevamos treinta años instalados en el día de la marmota, como en la célebre película de Harold Ramis –Atrapado en el tiempo (1993)

Porque esto es, y no otra cosa, el borrador de anteproyecto de ley de educación que la flamante ministra y portavoz del gobierno, Isabel Celaá, acaba de presentar. Afirma la ministra que su objetivo con la nueva ley será acabar con los aspectos más negativos y discriminatorios de la LOMCE del inefable exministro Wert. Mal empezamos. Y no porque dicha ley carezca de elementos nefastos, sino porque en la propia afirmación delata sus carencias. Parece dar por sentado que antes de la LOMCE vivíamos en el paraíso educativo que Wert vino a truncar, como si todos los males de nuestro sistema de enseñanza provinieran de dicha ley, lo cual dista mucho de ser cierto.

Está claro que la LOMCE no era, ni de lejos, una ley ejemplar, sino un despropósito, entre «frivolón» y sedicente, con graves incoherencias internas inherentes a su propio redactado. No será, ciertamente, una ley para recordar. Pero introducía algunos elementos de sentido común que, por cierto, en materia educativa parece ser el menos común de los sentidos, verbigracia: el establecimiento de una prueba externa de graduación en la ESO y el Bachillerato, una (muy) tímida implantación de itinerarios académicos, una modalidad de Formación Profesional Básica para aquellos alumnos que no obtuvieran el graduado en ESO…

Luego, al igual que la flamante promesa «estrella» electoral de un Bachillerato de tres años por parte del partido que promovió dicha ley, el café se aguó hasta quedarse en aguachirri. Pero es son precisamente estas exiguas medidas de sentido común las que ahora la señora Celaá anatemiza como negativas y discriminadoras; unas medidas que, por otra parte, ni siquiera llegaron a aplicarse, lo cual impide afirmar, si pretendemos hablar con un mínimo de rigor, que  hayan fracasado… Además, las aplican la mayoría de países de nuestro entorno; los mismos que luego en los resultados de los informes P.I.S.A. nos sacan varios cuerpos de ventaja.

De ser algo, las «reválidas» serían precisamente republicanas. Fue el franquismo quien las suprimió

Pero claro, para que nos hagamos una idea del despiste y la demagogia –la peor de las mezclas- que anidan entre nuestras autoridades educativas, baste recordar que se ha proclamado hasta la náusea que las «reválidas» eran exámenes franquistas y, como tales, debían proscribirse. Pues va a ser que no. De ser algo, las «reválidas» serían precisamente republicanas. Fue el franquismo quien las suprimió, imponiendo la selectividad en su lugar, sin que algunos parezcan haber caído todavía en tal cuenta. Pero vayamos a las nueve grandes propuestas «innovadoras» que ha presentado la ministra. Veamos.

 

Repaso a las propuestas de la ministra Celaá

En primer lugar, una propuesta «técnica», que no educativa. Se trata de hacer una ley ex novo porque la LOMCE era una modificación parcial de la ley anterior, la LOE, con lo cual, si solo se deroga la LOMCE, la LOE seguiría con la LOMCE incrustada. Muy bien, pero esto es, en todo caso, materia para juristas, no una propuesta educativa. Nos quedan, pues, ocho.

¿Qué hará un alumno que no sabe multiplicar cuando en el curso siguiente se las tenga que ver con ecuaciones?

La segunda consiste en abolir los itinerarios en la ESO y regresar a un único título. Es decir, todo aquel alumno que obtenga el título de graduado en ESO –aunque sea con el 30% de las materias suspendidas-, podrá proseguir estudios de Bachillerato o FP media y superior. En la práctica, y para quien conozca el paño, se trata de un aprobado general por decreto, que tendrá efectos devastadores para la enseñanza postobligatoria. Como se demostró con la LOGSE a la cual ahora se regresa.

Que la repetición de curso es mala está fuera de toda duda, sin embargo, es una segunda oportunidad que no debería negársele a nadie

La tercera es la concreción de una vieja aspiración del pedagogismo hegemónico: Acabar con las repeticiones de curso. Para ello se habilita incluso que se pueda obtener el título de Bachillerato con una asignatura suspendida (o más). Aduce la ministra que la repetición de curso no arregla nada y que, además, lo de aprobar asignaturas suspendidas es una práctica habitual. Una vez más, se puede constatar lo alejados que están de las aulas esta señora y su equipo asesor. Que la repetición de curso es mala está fuera de toda duda, sin embargo, es una segunda oportunidad que no debería negársele a nadie. Pero es que si la repetición es mala, peor es la promoción automática de curso. ¿Qué hará un alumno que no sabe multiplicar cuando en el curso siguiente se las tenga que ver con ecuaciones? Y lo de la «práctica habitual» ¡qué decir! Una frivolidad digna del exministro Wert. Porque una cosa es que en la evaluación final se apruebe a un alumno que ha suspendido solo una materia, como decisión del profesor o de la junta de evaluación, y otra muy distinta que un alumno se «deje» una materia a todos los efectos, sabiendo que se la aprobarán por ley. Una afirmación, la de la ministra, que es simple ignorancia; no hay ni siquiera maldad; lo cual es, si cabe, aún más desalentador.

La cuarta nos habla de «un Bachillerato más flexible». Habría que preguntarle a la ministra qué entiende por «flexible», aunque todo apunta que lo mismo que apuntó en el párrafo anterior. La quinta, a su vez, retrotrae la materia de Religión al estatus legal anterior a la LOMCE: será evaluable pero no computará a efectos de media para la Selectividad… Hasta que vuelvan los «otros» y la restituyan, y así sucesivamente…

La sexta trata sobre ‘Valores Cívicos y Éticos’, sin otra concreción que una vaga referencia a la materia de ‘Ética’ y/o ‘Ciudadanía’ que, por otro lado, no es ninguna novedad

La sexta trata sobre ‘Valores Cívicos y Éticos’, sin otra concreción que una vaga referencia a la materia de ‘Ética’ y/o ‘Ciudadanía’ que, por otro lado, no es ninguna novedad. Por lo demás, una jerga retórica con ribetes buenistas, vacía por completo de contenido, de medidas y de propuestas concretas. La séptima es otro «déjà vu» -uno más de tantos-, la ‘Participación de la Comunidad Educativa en la planificación y gestión de los centros escolares’, cuya única concreción consiste en la (re) inclusión en el Consejo Escolar del centro de un representante del Ayuntamiento local. Quien lea esto y haya estado en algún consejo escolar, sabrá no solo de la inanidad de esta medida, sino incluso de su eventual carácter pernicioso.

El pánico vendrá, como siempre, con los informes P.I.S.A

Y las dos últimas, muy ligadas, son «las evaluaciones de diagnóstico» -la octava-, y el «tratamiento de las lenguas cooficiales» -la novena-. Ambas relacionadas con la descentralización educativa. Las evaluaciones de diagnóstico, también llamadas «prueba de competencias básicas», las llevarán a cabo las CCAA, que luego informarán al Estado de los resultados, para que la ministra se entere de algo. Aunque el susto, evidentemente, nunca vendrá por allí, todas las CCAA dirán que la cosa está estupenda. El pánico vendrá, como siempre, con los informes P.I.S.A. Pero, también como siempre, se aducirán los atenuantes que haga falta, de modo que aquí paz y allá gloria. Con decir que son pruebas sesgadas y poco significativas, se arregla todo. En cuanto a la novena, deja la cosa como estaba –como está desde siempre-, con la salvedad que devuelve parte de la competencia sobre el currículo a las CCAA con lengua propia cooficial -45%, el 10% más que con la LOMCE-. Claro que, a estas alturas, la duda de verdad es si sigue habiendo currículo…

En definitiva, novedades, ni una. Lo dicho, seguimos en el día de la marmota.

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