Una investigación de la UPV/EHU ha analizado, desde una perspectiva histórica, el vínculo entre economía y bienestar subjetivo

El crecimiento económico influye en el nivel de felicidad

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Según Miren Maite Ansa, autora de la tesis La felicidad como asunto de interés para la ciencia económica, no está claro que un mejor nivel económico conlleve automáticamente un mayor índice de felicidad, pero sí que esta no es posible sin unos mínimos vitales asegurados. Por el contrario, asegura la investigadora, es evidente que un grave deterioro de las condiciones materiales de vida repercute negativamente en nuestra felicidad.

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UPV/EHU – La denominada “paradoja de Easterlin” (o “paradoja de la felicidad”) es considerada, en gran medida, como el inicio de toda una línea de investigación sobre la relación entre la felicidad y la economía. Un trabajo empírico publicado en 1974 por el economista norteamericano Richard Easterlin venía a decir, resumidamente, que: 1) dentro de cada país y en un momento histórico determinado, las personas más ricas declararon ser, por término medio, las más felices; sin embargo, 2) si se comparaban los países entre sí, los más ricos no resultaban ser, necesariamente, los más felices, y 3) el estudio de series temporales correspondientes a los Estados Unidos no permitía asociar los aumentos de renta en el tiempo con aumentos en la felicidad de los ciudadanos estadounidenses.

La conclusión es que, en términos generales, la felicidad ha ido aumentando con el crecimiento económico

En opinión de Maite Ansa, sin embargo, “la paradoja de Easterlin, probablemente, no se ha producido nunca. Si la investigación se efectúa correctamente, la conclusión es que, en términos generales, la felicidad ha ido aumentando con el crecimiento económico. Investigaciones realizadas en el 2008 y otras posteriores han analizado los mismos datos que Easterlin y, tras aplicarles metodologías más adecuadas, la paradoja se difumina: cuando una comunidad disfruta de un desarrollo económico notable, la felicidad de los ciudadanos también crece, aunque hay excepciones”.

Por lo que a la evolución histórica del nivel de felicidad se refiere, “los estudios realizados en Japón y en los Estados Unidos nos muestran que es prácticamente ‘plana’, es decir, que apenas ha sufrido variaciones en los últimos 40 años”, afirma la investigadora. En cuanto a la fiabilidad de las investigaciones efectuadas, “yo creo que no es muy alta, por no decir que es más bien escasa. Es un tema muy subjetivo. Por ejemplo, está demostrado que el encuestado declara disfrutar de un mayor grado de felicidad cuando la entrevista es presencial en lugar de ser telefónica. Influye, también, el tipo de preguntas, el orden de estas…. y otros muchos aspectos”, señala la autora de la citada tesis.

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Mejor “bienestar subjetivo” que “felicidad”

Según Ansa, “esta línea de investigación es empírica y subjetiva, es decir, se trabaja con datos en los que cada persona habla de sí misma, desde su propio punto de vista. Se le pregunta a la gente por el nivel de satisfacción respecto a su propia vida (una cifra del 0 al 10). Hay quien responde ‘siete’, por ejemplo, pero puede darse el caso de que alguien que vive mucho mejor, desde un punto de vista objetivo, conteste ‘tres’. Por tanto, las respuestas son siempre subjetivas”.

Según la autora, el concepto de felicidad puede resultar demasiado impreciso y que debería suprimirse y sustituirlo por el de “bienestar subjetivo”  

La autora añade también que el concepto de felicidad puede resultar demasiado impreciso y debería suprimirse y sustituirlo por el de “bienestar subjetivo”.

Cuarenta años después de que Easterlin formulara su paradoja, “los especialistas del área han llegado a la siguiente conclusión: hay una relación positiva entre renta y felicidad si se comparan individuos de un mismo país en un determinado momento histórico (nivel microeconómico), así como cuando se comparan países en un momento concreto (nivel macroeconómico). Sin embargo, sigue siendo motivo de controversia si hay (o no) una relación entre el crecimiento económico de un país y el aumento de la media de bienestar subjetivo de sus habitantes.

Tampoco está claro si existe un punto de saturación para la renta a partir de la cual esta deja de influir positivamente en el bienestar subjetivo, ni si la magnitud de la relación bienestar subjetivo-renta es aproximadamente igual para los ricos que para los pobres, tanto a nivel micro como macroeconómico”, finaliza Ansa.

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Referencia:

Tesis doctoral (La felicidad como asunto de interés para la ciencia económica) elaborada en el 2014 y dirigida por los doctores Vicente Camino Beldarrain y Mikel Zurbano Irizar.

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