“El doctor Ferrán”

Algunos médicos detractores de sus trabajos, entre los que se encontraba Ramón y Cajal, se opusieron a la vacunación alegando que carecía de solvencia científica / Imagen: Retrato de Jaume Ferran i Clua por Eulogia Merle. Créditos: WikimediaEulogia Merle – Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología

Tal día como hoy… 1 de febrero de 1851, nacía el doctor Ferrán

.

El 1 de febrero de 1851, nacía en Corbera d’Ebre (Tarragona), Jaime (Jaume) Ferran i Clua, conocido como “El doctor Ferrán”, eminente médico y bacteriólogo, descubridor de vacunas, contra el cólera, la rabia, el tifus y la tuberculosis. Injustamente olvidado, tardíamente reconocido y de nuevo caído en el olvido, fue un investigador insaciable, más “genial que convincente”, se dijo de él que abrió muchas puertas por las que transitaron otros.

.

CV / Hijo de un médico rural, estudió el Bachillerato en Tarragona y se licenció en Medicina en 1873 por la Universidad de Barcelona. En 1879 obtuvo la plaza de médico en Tortosa. Se interesó desde un primer momento por la bacteriología y adquirió gran notoriedad a partir del premio que le otorgó en 1884 la Academia de Medicina de Madrid por su memoria sobre el parasitismo bacteriano. Este mismo año, y pese a su juventud, el Ayuntamiento de Barcelona lo comisionó a Marsella para estudiar el brote de cólera que había surgido, en previsión de que pudiera llegar a España, como efectivamente ocurrió.

Consiguió elaborar la primera vacuna contra el cólera, la cual a falta de otros medios, probó en su propio cuerpo

En Marsella, Ferran, que estaba al corriente de las investigaciones de Pasteur y de los descubrimientos de Koch sobre el bacilo del cólera, se hizo con muestras para llevárselas con él y estudiarlas. En la  frontera, las autoridades españolas le obligaron a deshacerse de ellas ante el temor de que propagaran la enfermedad. Al negarse, estuvo retenido una semana, consiguiendo al final, escamotear una muestra, se dice que escondida en el calcetín. Consiguió elaborar la primera vacuna contra el cólera, la cual a falta de otros medios, probó en su propio cuerpo.

En 1885, el cólera entraba en España por el puerto de Valencia, cebándose en la población de Alcira. El médico valenciano Amalio Gimeno, que sabía de los trabajos de Ferran, le llamó para acudiera en su ayuda. Sin ningún tipo de apoyo oficial, -fue todo lo contrario- Ferran y un grupo de médicos empezaron a vacunar a la población, inyectando hasta treinta mil dosis, con resultados muy satisfactorios.

Ello no obstante, las envidias y una Administración corrupta e indolente, se tomaron el éxito de Ferran como una afrenta. Igualmente, algunos médicos detractores de sus trabajos, entre los que se encontraba Ramón y Cajal, se opusieron a la vacunación alegando que carecía de solvencia científica. También rechazaron su tesis sobre el cólera destacadas instituciones europeas como la Royal Society, la Universidad de Cambridge -que no aceptaba que el vibrión colérico fuera el agente causal del cólera- o la comisión francesa presidida por Paul Brouadel. A su favor estuvieron prestigiosos bacteriólogos e inmunólogos como Charles Albert Calmet, Paul Ehrlich o Pierre Roux.

El ministerio de Fomento suspendió las vacunaciones. Poco después, el Congreso las autorizaba de nuevo, pero con la condición expresa de que únicamente pudiera practicarlas el propio Ferran y en presencia de un delegado gubernamental. Ante semejante desatino, optó por arrojar la toalla y abandonó la campaña de vacunación.

Tras este deplorable episodio, Ferran prosiguió con sus investigaciones. Entre otros importantes hallazgos, consiguió mejorar la vacuna contra la rabia de Pasteur y, siguiendo los trabajos de Koch, elaboró la vacuna anti-Alfa contra la tuberculosis. Pese a ello, los ataques de sus detractores no cesaron y como investigador científico vivió prácticamente aislado. En 1905 fue «apartado» -despedido- del Laboratorio Bacteriológico Municipal de Barcelona. Siguió trabajando en su laboratorio casero sin más ayuda que la de algunos amigos y (escasos) discípulos.

Pese a ello, los ataques de sus detractores no cesaron y como investigador científico vivió prácticamente aislado

Algunos años antes, en 1893, se había traducido al francés la olvidada memoria médica que había redactado en 1886 con motivo de la campaña de vacunación en Valencia: ‘L’inoculation préventive contre le choléra morbo asiatique’. Al poco tiempo, dicha obra empezó a ser objeto de grandes elogios y empezó a adquirir notoriedad en Francia y Alemania. Entonces llegó el reconocimiento. En 1907, la Academia de Ciencias de París le otorgó en Premio Bréant en reconocimiento de sus méritos e investigaciones. Por estas mismas fechas, Ramon y Cajal se retractaba y admitía haberse equivocado en sus críticas a Ferran más de veinte años antes.

La epidemia de cólera de 1885 se había cobrado en España 150.000 muertes. De los 30.000 inyectados con la vacuna de Ferran, solo habían fallecido 54, lo cual era un éxito inédito hasta entonces.

En cualquier caso, el éxito internacional no cambió su situación de ostracismo entre los círculos científicos españoles. Pasó de ser un apestado a convertirse en una vieja gloria, pero se siguió sin contar con él para nada.

Además de la medicina y la investigación científica, Ferran se interesó también por la pintura, la fotografía, la electricidad y la ciencia en general. Como anécdota, en 1878, solo dos años después de la primera comunicación de Graham Bell, Ferran logró conectar telefónicamente su despacho con el observatorio del Ebro en Roquetes, con aparatos construidos por él mismo.

El Doctor Ferran murió en Barcelona, el  22 de noviembre de 1929, a los 78 años  de edad.

.

También un 1 de febrero… se cumplen estas otras efemérides

.

.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí