El ejercicio en las enfermedades reumáticas autoinmunes

Entrenamiento físico de una mujer con enfermedad reumática/Diego Rezende

La actividad física disminuye el riesgo cardiovascular en pacientes con enfermedades reumáticas

 

Cuando se las compara con la población en general, las personas acometidas por enfermedades reumáticas autoinmunes exhiben un riesgo elevado de desarrollar arteriosclerosis, es decir, de acumular placas formadas por grasa y otras sustancias en el interior de sus vasos sanguíneos que obstruyen la circulación. Por consiguiente, estos pacientes son más propensos a sufrir infartos y otros trastornos cardiovasculares.

 

AGENCIA FAPESP/DICYT

Pero la buena noticia indica que, de acuerdo con un nuevo estudio publicado en la revista Rheumatology, la práctica regular de actividades físicas constituye una arma poderosa para combatir las disfunciones vasculares al tratar a esos pacientes.

La práctica regular de actividades físicas constituye una arma poderosa para combatir las disfunciones vasculares al tratar a esos pacientes

En el referido artículo, investigadores brasileños y británicos describieron los resultados de una revisión sistemática de la literatura científica sobre el tema. Este trabajo, que contó con el apoyo de la FAPESP – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo, abarcó 10 estudios y a 355 voluntarios aquejados con distintas dolencias, entre ellas artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico y espondiloartritis, una enfermedad que afecta a la columna vertebral. Esas personas se sometieron a diversos programas de entrenamiento físico, consistentes en caminatas en parques o en cintas, ciclismo estacionario (con bicicleta ergométrica), entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT, por sus siglas en inglés) y musculación. Las intervenciones tuvieron en su mayoría una duración de 12 semanas.

“Al analizar los resultados, arribamos a la conclusión de que la práctica de actividades físicas generó en los voluntarios una mejoría de la función endotelial en los pequeños y en los grandes vasos. Y dicha mejora fue relevante desde el punto de vista clínico, lo que nos permite sugerir que puede considerarse a la actividad física como un ‘remedio’ para esos pacientes, pues posee potencial como para reducir la incidencia de eventos cardiovasculares”, afirma Tiago Peçanha, posdoctorando en la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP), en Brasil, y primer autor del artículo.

Tal como explica el investigador, este tipo de enfermedades reumáticas son el resultado de un desequilibrio del sistema inmunológico, que comienza a producir anticuerpos contra tejidos del propio organismo, lo cual afecta fundamentalmente a las articulaciones, los músculos, los ligamentos y los tendones. Si bien no existe una cura definitiva, el tratamiento con antiinflamatorios, inmunosupresores y fármacos biológicos (producidos con base en células vivas) puede mantener el cuadro bajo control durante varios años.

Los portadores de afecciones tales como artritis reumatoide y lupus son más propensos a sufrir infartos, anginas y ACV

“De todos modos, esto no impide que esos pacientes desarrollen ciertas comorbilidades, y la enfermedad cardiovascular es la más preocupante. Los portadores de artritis reumatoide están sujetos a un riesgo dos veces mayor de sufrir infartos cuando se los compara con los individuos sanos. Y en personas con lupus o artritis psoriásica, la incidencia de eventos isquémicos [infartos, anginas o accidentes cerebrovasculares] es entre dos y cinco veces mayor que entre la población en general”, comenta Peçanha.

También según el investigador, el proceso arteriosclerótico transcurre de manera acelerada en esa población tanto debido al cuadro inflamatorio crónico asociado con las enfermedades reumáticas como por el uso continuo de algunos medicamentos antiinflamatorios. “Todo empieza con las modificaciones en la estructura y en la función de los vasos sanguíneos. Las arterias van perdiendo paulatinamente su capacidad de dilatarse cuando es necesario y se enrigidecen. Las alteraciones ocurren fundamentalmente en el endotelio [la capa celular que reviste el interior de los vasos]. Por este motivo, solemos decir que las alteraciones en la función vascular y, más específicamente, en la función endotelial, constituyen un marcador inicial de la enfermedad arteriosclerótica”, explica.

La revisión de la literatura mostró que la práctica de actividades físicas mejoró la función vascular tanto de los pequeños como de los grandes vasos sanguíneos en los pacientes con enfermedades reumáticas autoinmunes

La revisión de la literatura mostró que la práctica de actividades físicas mejoró la función vascular tanto de los pequeños como de los grandes vasos sanguíneos en los pacientes con enfermedades reumáticas autoinmunes. Con todo, como la cantidad de estudios sobre el tema es pequeña aún, no existen evidencias suficientes como para afirmar que los entrenamientos también promueven la recuperación estructural de las arterias lesionadas.

“Esta área [la de la actividad física en la reumatología] es nueva, por eso se hacen necesarios más estudios con miras a determinar los mejores protocolos de ejercicios e investigar aspectos tales como la seguridad y la adhesión al tratamiento. De todos modos, nuestro trabajo aporta una información que refuerza la importancia para esta población de la práctica regular de actividades físicas, como un medio tendiente a prevenir y tratar las enfermedades cardiovasculares”, afirma.

Para los portadores de enfermedades reumáticas, la recomendación de Peçanha es la misma que vale para la población en general: practicar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o vigorosa. Los ejercicios aeróbicos deben ser predominantes y debe complementárselos con actividades de fuerza y de equilibrio.

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