El empleo en España, escasa calidad y precario

La hostelería destaca por ser el sector que más empleo genera / Pixabay

 

El tejido económico en España ha experimentado cambios tras la crisis económica y financiera iniciada en 2008, siendo el más significativo el enorme declive del empleo en la construcción. Sin embargo, tras cuatro años de recuperación, una parte importante del tejido empresarial sigue sustentándose en actividades y empleos de escaso valor añadido.

 

Un estudio publicado por el Observatorio Social de la Caixa muestra una radiografía más bien pobre de la recuperación del mercado de trabajo en España. El estudio ha corrido a cargo de Ramón Alós Moner, Centro de Estudios Sociológicos sobre la vida cotidiana y el trabajo (QUIT) e Instituto de Estudios del Trabajo (IET), de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Los datos muestran las serias dificultades de la economía española para generar suficiente empleo, así como las causas por las que se mantiene en unas pautas dominantes de escaso valor añadido y de uso bajo o medio bajo de la tecnología.

En el mercado laboral español se ha consolidado un amplio espacio de empleo de escasa calidad o empleo precario

Tras cuatro años de recuperación del empleo, desde finales de 2013, puede decirse que la economía española padece serias dificultades para generar: 1) empleo suficiente, 2) empleo profesional cualificado, y 3) empleo de calidad en cuanto a condiciones de trabajo. De lo primero dan cuenta las cifras de paro: de 3,8 millones a finales de 2017, la mitad en paro de larga duración (de más de un año) y más de un tercio de muy larga duración (más de dos años). A estas personas que están en paro aún cabría añadir las que desisten de buscar un empleo por considerar que no lo encontrarán, quienes han emigrado y quienes se hallan subempleadas o con empleos ocasionales y de horarios reducidos.

Así, con una tasa de empleo del 66% para la población de 20 a 64 años a finales de 2017, España se halla lejos de alcanzar el 74% establecido como objetivo en la Estrategia Europa 2020 (EC, 2017). Una tasa de empleo que es especialmente baja para los más jóvenes (el 52% para los de 20 a 29 años), signo de las dificultades que pasa esta población en sus procesos de inserción laboral.

 

Una comparación con Europa
Si se compara la distribución sectorial del empleo en España con la de los países del entorno (Alemania, Francia o Italia y el conjunto de la Eurozona) resaltan algunas diferencias significativas.

De entrada, se constata que en España el empleo está muy sobredimensionado en hostelería, cuyo peso supera en más del doble al de Alemania, Francia o Italia (estos dos últimos países precisamente se caracterizan por el turismo). Que la ocupación en dicha actividad haya aumentado en España en un 26% en los últimos 4 años obliga a interrogarse sobre un posible exceso de especialización; una actividad que, por lo demás, se define por su gran estacionalidad.

Se constata el escaso desarrollo de las políticas de bienestar en nuestro país

Por el contrario, España está lejos de alcanzar los niveles de Alemania o de la Eurozona en industria; de Francia o Italia en administración pública; y de Alemania, Francia o Italia en actividades sanitarias y servicios sociales. En definitiva, se constata el escaso desarrollo de las políticas de bienestar en nuestro país.

Una economía basada en actividades de escaso valor añadido

En los últimos diez años, desde los inicios de la crisis, la economía española ha experimentado un cambio no desdeñable en su especialización productiva: se ha destruido empleo manual en la construcción y algo menos en la industria, excepto en la alimentaria y la fabricación de vehículos de motor, sustituido por el empleo en los servicios.

La hostelería destaca por ser el sector que más empleo genera, si bien también crece en los servicios públicos (sanidad, educación) y en ciertos servicios profesionales. Entre estos últimos destacan tres, reducidos en función del volumen de empleo, pero que podrían sentar pautas para un futuro: programación, consultoría y otras actividades relacionadas con la informática; consultoría de gestión empresarial; y actividades deportivas, recreativas y de entretenimiento.

En hostelería, cerca de la mitad del aumento del empleo corresponde a camareros y cocineros asalariados y ayudantes de cocina; en comercio, aumentan los vendedores en tiendas y almacenes. El hecho de que en ambos sectores el empleo creado se concentre en tareas mayormente poco cualificadas puede ser indicativo de una apuesta por las actividades basadas en ocupaciones poco profesionalizadas.

En hostelería, cerca de la mitad del aumento del empleo corresponde a camareros y cocineros asalariados y ayudantes de cocina

Distinto es el caso de la educación, sector en el que, tras los fuertes recortes de años precedentes, aumenta el empleo de profesores y profesionales de la enseñanza. Asimismo, recuperan empleo la sanidad y la asistencia en establecimientos residenciales, una recuperación que en ambos casos se concentra en el sector privado.

A partir de finales de 2013 son pocos los sectores de actividad que siguen perdiendo empleo; sin embargo, merecen ser destacados tres por su significación: servicios financieros, ingeniería civil (obra pública) e investigación y desarrollo.

En definitiva, puede decirse que el grueso del tejido económico del país sigue sustentándose en empleos de escaso valor añadido y escasa inversión en innovación, de pocos requerimientos profesionales y de baja calidad en cuanto a la ocupación (Banyuls et al., 2009).

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