Según sus resultados, cuando los pianistas perciben la asincronía entre la música y los movimientos de la mano aumenta la emisión de señales de error en un circuito en el que participa el cerebelo, y zonas premotoras y asociativas del encéfalo, una reacción que se perfecciona con la práctica de piano.

Tocar música altera la forma en la que el encéfalo procesa los estímulos multisensoriales

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Se sabe desde hace tiempo que los pianistas desarrollan una percepción especialmente precisa de la relación temporal entre los movimientos de las teclas del piano y las notas que se están tocando.

No obstante, investigadores del Instituto Max Planck de Cibernética Biológica (Alemania) han descubierto que, a la hora de evaluar la sincronía entre los movimientos de los labios y el discurso, los pianistas no parten con ventaja respecto a cualquier otra persona, por poco sentido musical que tengan.

Hwee Ling Lee y Uta Noppeney llegaron a esta conclusión tras realizar un estudio comparativo sobre cómo procesa el encéfalo de músicos y no músicos los estímulos procedentes de distintos sentidos. Para representar gráficamente las zonas del encéfalo activas durante este proceso utilizaron resonancia magnética funcional (RMf).

Los investigadores estudiaron la forma en la que el encéfalo integra estímulos de distintos sentidos al mismo tiempo y cómo los circuitos en este órgano se modifican debido al aprendizaje.

Estudiaron hasta qué punto 18 pianistas aficionados podían detectar la coincidencia temporal entre los movimientos de los dedos en las teclas del piano y una obra tocada en este instrumento y también entre los movimientos de los labios y distintas oraciones. Los resultados los compararon con los de 19 personas que no tocaban ningún instrumento.

Según sus resultados, cuando los pianistas perciben la asincronía entre la música y los movimientos de la mano aumenta la emisión de señales de error en un circuito en el que participa el cerebelo, y zonas premotoras y asociativas del encéfalo, una reacción que se perfecciona con la práctica de piano. Dichos resultados prueban que nuestra experiencia sensora y motora influye en la forma en la que el encéfalo relaciona temporalmente señales procedentes de distintos sentidos al percibirlas.

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Sin diferencias en el discurso hablado

Los experimentos muestran que la precisión de los pianistas fue considerablemente mayor que la de los que no tocaban música a la hora de evaluar si los movimientos de los dedos en el piano y los sonidos escuchados coincidían o no. En cambio, ambos grupos generaron resultados similares cuando el experimento consistía en evaluar la sincronía de fragmentos de discurso hablado y el movimiento de los labios.

Aunque la asincronía relacionada con el habla y la música implica las mismas zonas del encéfalo, las exploraciones realizadas por el equipo mostraron que, en el caso de los pianistas, en comparación con quienes no tocaban el piano, la música no sincronizada activaba una señal más intensa en un circuito del cerebelo izquierdo, una región premotora y asociativa de la corteza cerebral.

Uta Noppeney, coautora del estudio, afirmó: «En este estudio nos servimos del hecho de que los pianistas se forman en concreto para realizar una actividad para la que es necesario ser capaz de conectar estímulos sensoriales distintos, a saber, información visual y sonora y el movimiento al pulsar las teclas del piano. La manera en la que se procesan los estímulos en el encéfalo de los pianistas indica la existencia de un mecanismo perteneciente a un contexto concreto: a causa de su práctica al piano, se programa en el circuito un modelo anticipativo en el que participan la corteza cerebral y el cerebelo y que permite realizar predicciones más precisas sobre la secuencia temporal correcta de las señales visuales y auditivas. Un estímulo asincrónico genera una señal de predicción de errores.»

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