Los árbitros que experimentaron una actividad más intensa durante el partido fueron los que demostraron una mayor depresión del sistema nervioso en las cinco horas siguientes al encuentro.

Los árbitros sufren estrés durante los partidos independientemente de su estado físico

El artículo se publica en la revista ‘European Journal of Applied Physiology’.

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SINC / “La novedad de nuestro trabajo está en señalar que la capacidad de tolerancia al estrés de los árbitros no dependió de su condición física específica y sí del estado del sistema nervioso en los días sin partido, o condición basal”, declara a SINC Daniel A. Boullosa profesor e investigador vigués, actualmente en la Universidad Católica de Brasilia.

Los investigadores observaron que en el día del partido los árbitros sufrían un estrés importante tanto en las horas previas como después del partido. Imagen: Ingy the Wingy.

El estudio se realizó en un total de 16 árbitros (11 hombres y 5 mujeres), todos pertenecientes al Colegio Gallego de Árbitros de Fútbol de Vigo. “Pudimos recoger los datos de esta muestra gracias a la colaboración del delegado del Colegio, ya que no es fácil compilar, en una misma semana, registros de la actividad del corazón de estos deportistas, en un día de partido y en otro día de la semana durante 24 horas, además de aplicar las pruebas de evaluación física sin que influyan en los días de evaluación del estrés”, explica el experto.

Los datos fueron recogidos con un cardiotacómetro (Polar RS800) que llevaban los colegiados y se analizó la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Esta técnica permite inferir la actividad del sistema nervioso autónomo –rama simpática y rama parasimpática– y su respuesta ante eventos estresantes.

“Hay que aclarar que con más pulsaciones no existe necesariamente mayor respuesta al estrés, como podría parecer. No es una relación proporcional. Dicha respuesta está más relacionada con las variaciones en el ritmo de esas pulsaciones, que pueden ser evaluadas con cálculos matemáticos a partir del registro electrocardiográfico”, puntualiza el investigador.

Los árbitros que experimentaron una actividad más intensa durante el partido fueron los que demostraron una mayor depresión del sistema nervioso en las cinco horas siguientes al encuentro.

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El estrés se prolonga hasta las horas de sueño

Los investigadores observaron que en el día del partido los árbitros sufrían un estrés importante tanto en las horas previas como después del partido, y que esta respuesta se prolongaba hasta las horas de sueño.

Las alteraciones observadas en los árbitros por la noche eran “de un nivel similar a las documentadas en atletas de élite después de esfuerzos máximos”, señala Boullosa, y añade que “entre el día control y el día de partido se observaron diferencias de un 15% a un 75% en los parámetros estudiados, con las mayores alteraciones en las horas siguientes al final del partido”.

El equipo de investigadores empleó además el test ‘Yo-Yo’ para evaluar la condición física. Este test evalúa la capacidad de repetir esfuerzos intermitentes de alta intensidad, que es una cualidad específica tanto de los jugadores como de los  árbitros. No encontraron una relación entre los que mejor condición física demostraban en el test y la capacidad de tolerar estrés el día de partido.

Según estos resultados, se deberían considerar estrategias para el control del estrés en árbitros, ya que la exposición crónica al mismo, asociada a una menor tolerancia, puede tener consecuencias negativas en la salud de los colegiados, incluida una mayor incidencia de eventos cardiovasculares.

“Su preparación física debería incluir, por un lado, la capacidad de realizar sprints y aceleraciones para el desempeño específico, mientras que la condición aeróbica podría ser más apropiada para tolerar mejor la fatiga y el estrés el día de los partidos”, concluye el investigador. En la actualidad Boullosa trabaja como científico del deporte en Brasil y aplicará este modelo en pilotos de combate de las fuerzas armadas de este país y en los trabajadores del Banco de Brasil.

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