El exilio de los dictadores decae desde los 90

Los autores recogen datos sobre el destino de todos los dictadores que han entrado en el exilio político desde 1946, tras el final de la segunda Guerra Mundial

Los dictadores cada vez tienen más difícil encontrar un buen exilio

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Los autócratas de todo el mundo cada vez ven el exilio como una opción menos segura y atractiva, debido al crecimiento del alcance de la justicia y la responsabilidad globales. Así, tienen más incentivos para afianzarse en el poder, lo que puede propiciar el estallido o el alargamiento de guerras civiles, como ha pasado con Bashar al-Assad en Siria o Muammar al-Gaddafi en Libia.

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UPF / Esta es la tesis principal de una investigación, realizada conjuntamente entre Abel Escribà-Folch, profesor del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra, y Daniel Krcmaric, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Northwestern, que se ha publicado recientemente en la versión on line de la revista The Journal of Polítics de la Universidad de Chicago.

Los datos muestran que 52 países diferentes han albergado al menos un dictador, y que los principales receptores han sido los Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Argentina y Francia

En su estudio, los autores recogen datos sobre el destino de todos los dictadores que han entrado en el exilio político desde 1946, tras el final de la segunda Guerra Mundial. Documentan cerca de 100 casos y analizan los factores que explican sus destinos. Los datos muestran que 52 países diferentes han albergado al menos un dictador, y que los principales receptores han sido los Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Argentina y Francia.

La investigación indica que, con el paso del tiempo, los dictadores son menos propensos a exiliarse. El final de la Guerra Fría eliminó los incentivos de las grandes potencias para acoger gobernantes depuestos de todo el mundo. Además, ha crecido la influencia de la justicia internacional, ejemplificada en la puesta en marcha, en 2002, de la Corte Penal Internacional, el primer tribunal penal permanente del mundo. Más de 120 estados forman parte de este organismo y tienen una obligación legal de detener cualquier persona en su territorio que haya sido acusado por la Corte.

Este hecho propicia que los dictadores no puedan estar seguros de que si dejan el poder se garantizará su seguridad en otro país, en el marco de un proceso de transición de régimen, y disminuye la credibilidad de la protección extranjera. Sin una opción segura y atractiva de exilio, los gobernantes acosados ​​e impopulares no se arriesgan y tienen más incentivos para afianzarse en el poder, y esto favorece el alargamiento de los conflictos y de las guerras civiles.

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Otros factores que influyen en el exilio

Entre los factores que influyen sobre el lugar donde se exilian los gobernantes autocráticos que huyen al extranjero tras su expulsión, el estudio destaca sobre todo tres tipologías diferentes: los lazos transnacionales, la proximidad geográfica y las diversas características de los posibles estados de acogida.

UPF
Este gráfico muestra una tendencia a la baja del número de exilios detectados desde finales de los 90. / UPF

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Los dictadores son más propensos a exiliarse en estados vecinos; países con vínculos coloniales, alianzas militares formales y lazos económicos; países que han sido sede de otros dictadores en el pasado y que son militarmente poderosos. Por el contrario, los dictadores que huyen tienden a evitar los estados democráticos (a menos que la democracia sea un aliado en potencia) y países que experimentan un conflicto civil.

Los autócratas culpables es mucho menos probable que se exilien desde finales los años 90

A pesar de la tendencia a la baja del número de exilios que han detectado los autores, hay otros factores que lo determinan. Así, los patrones de un exilio dependen sobre todo del comportamiento de los líderes en el pasado: los autócratas culpables, es decir, que son responsables de atrocidades en masa durante sus mandatos, es mucho menos probable que se exilien desde finales los años 90, pero los líderes no culpables aún se exilian a la misma frecuencia que antes. A falta de buenas opciones de salida, los dictadores culpables actualmente tienden a luchar en guerras civiles más largas (por ejemplo, Gaddafi en Libia y Al-Assad en Siria).

Sin embargo, esta responsabilidad global creciente en el mundo actual conlleva también un beneficio, y es que los líderes ahora saben que si cometen violaciones de derechos humanos disminuirán sus futuras opciones de salida, por lo que la justicia internacional puede crear un efecto disuasorio.

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Algunos ejemplos de exilio y nuevas vías de investigación

Son numerosos los casos estudiados por esta investigación, desde 1945, en cuanto a número de exilios, convirtiendo el exilio en el segundo tipo de destino post-poder más común entre los dictadores. Los Estados Unidos ayudaron al líder filipino Ferdinand Marcos a obtener un lujoso exilio en Hawai, en 1986; ese mismo año, diplomáticos franceses y americanos convencieron al líder corrupto y violento de Haití Jean-Claude Duvalier a ceder el poder a cambio de exilio en la Riviera francesa.

El sanguinario líder ugandés Idi Amin se exilió primero en Libia y luego en Arabia Saudí; el zaireño Mobutu Sese Seko, en Marruecos; Charles Taylor, de Liberia, se desplazó a Nigeria; y más recientemente, el pasado 21 de enero de 2017, el presidente derrotado de Gambia, Yaha Jammeh, se exilió en Guinea Ecuatorial, donde le habían ofrecido refugio.

Este estudio abre la puerta a futuras investigaciones que analicen como la disponibilidad y las garantías de exilio pueden influir en las estrategias y en las políticas de los líderes, o incluso, en el hecho de que los rebeldes se vean alentados (o no) a la hora de luchar contra los dictadores.

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Referencia bibliográfica: 
Abel Escribà-Folch, Daniel Krcmaric (gener 2017): “Dictators in Exile: Explaining the Destinations of Ex-Rulers“. The Journal of Politics, DOI: 10.1086/688225

 

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