El fin de la caza y la recolección

Imagen: Wikimedia - Museo de Prehistoria de Valencia

La expansión del Neolítico resultó una revolución masiva que hizo de los cazadores recolectores una población absorbida por los agricultores que se les avalazaban, incluso aprendieron su idioma perdiéndose las lenguas paleolíticas que algunos creen emparentadas con el actual euskera.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

El hecho es que los neolíticos ostentaban una población y tasa de reproducción mayores, mientras los segundos, muy diseminados por el territorio, copiaron la cultura Neolítica cruzándose con los forasteros. Así fue documentada esta asimiliación en el Nature de noviembre de 2017. Parece que a todo ello se añadió que la piel se fue aclarando y la intolerancia a la leche desapareciendo.

En el Nature de noviembre de 2015 se detalló que los cazadores recolectores eran oscuros de piel y que tras la entrada de los neolíticos está se fue aclarando al mezclarse con los visitantes de hace unos 9.000 años. Una dermis clara permitía una mayor acción de los rayos solares para absorber la vitamina D necesaria para la fijación del calcio en los huesos. Asimismo, y bajo la necesidad de alimentos ricos en calcio, la leche pudo entrar a formar parte de su dieta gracias a la domesticación del ganado y a una mutación que redujo la reinante intolerancia a la lactosa que ostentan la inmensa mayoría de sapiens. Por eso, y en los países poco soleados del norte de Europa, se dan hoy en día suplementos de vitamina D a los chavales africanos, porqué su piel no permite que los rayos solares ayuden a fijar su calcio en los huesos.

En el Nature de noviembre de 2015 se detalló que los cazadores recolectores eran oscuros de piel y que tras la entrada de los neolíticos está se fue aclarando

Cabe detallar que la mayoría de mamíferos, humanos incluidos, saben digerir la lactosa durante la lactancia, pero muchos pierden tal capacidad de mayores. Tal hecho conlleva que si se ingiere leche, y los intolerantes a la lactosa lo saben muy bien, se sufren flatulencias, dolores y diarrea. Hoy en día sólo los norteafricanos y europeos ostentan un porcentaje elevado de tolerancia a la lactosa, mientras que en el resto del mundo esta adaptación resultó escasa o inexistente, algo que dio al traste con algunos planes de alimentación a base de leche por el Tercer Mundo.

Visto lo anterior podría decirse que el Neolítico de Oriente nos volvió blancos a muchos sapiens de hoy en día. De hecho en el Science de abril de 2015, un equipo de antropólogos confirmó otra vez que el tono claro de piel evolucionó en fechas neolíticas. El equipo internacional de investigadores, al mando del Dr. Iain Mathieson de la Universidad de Harvard, dio a conocer el resultado de sus estudios en la 84ª. reunión anual de la American Association of Physical Anthropologists. En base a 83 muestras genéticas de un amplio rango de antiguos cazadores europeos se vio que la tez de la mayoría de aquellos humanos fue oscura. Es decir que los genes necesarios para una piel clara aparecieron alrededor de los 8.000 años.

Los genes necesarios para una piel clara aparecieron alrededor de los 8.000 años. / Wikimedia – http://www.fund-edlb.org/postales.htm

Ya hemos detallado que los datos genéticos han confirmado que hace unos 8.500 años los antiguos cazadores-recolectores en España, Luxemburgo y Hungría ostentaban una piel oscura. De hecho carecían de dos genes, el SLC24A5 y el SLC45A2 responsables de la despigmentación predominante hoy en Europa. Y como se ha argumentado, fue hace unos 8.000 años cuando los primeros granjeros del Medio Oriente arribaron a Europa llevando consigo los genes para la piel blanca. A medida que entraron en contacto con los cazadores aborígenes, el gen SLC24A5 se extendió por todo el continente, por lo que la gente del centro y sur de Europa comenzó cambiar su color de piel. La otra variante del gen, el SLC45A2, se mantuvo escaso hasta hace 5.800 años cuando aumentó su frecuencia.

Todo este contexto fue diferente por el norte de Europa. Restos de hace unos 7.700 años hallados en Suecia ya presentaban las variantes del SLC45A2, lo que evidenciaba que la piel clara y cabellos rubios ya eran comunes en estas latitudes hace más de 8.000 años. Cabe añadir que otro gen, el HERC2/OCA2 causante de los ojos azules, también se hizo común entre estas poblaciones. Seguramente la selección natural tuvo mucho que ver en ello ya que una piel pálida y ojos claros constituyeron una ventaja para las regiones nórdicas con poca luz solar.

La selección, y desde el gato salvaje, de individuos cada vez más dóciles y asustadizos, consiguió que estos felinos entraran en la vida humana a cambio de comida

En fin que el origen de la piel blanca en Europa no tuvo lugar hasta cerca de los 8.000 años. Fue entonces cuando emigraron los primeros agricultores desde Oriente Próximo portando los genes SLC24A5 y SLC45A2 claves para que la piel comenzara a volverse más clara.

Pero no sólo de piel clara se nutrió el Neolítico. Otro hecho curisoso de esta etapa fue la domesticación del gato, pero no como el actual animal de compañía, sino como un controlador de roedores para los graneros humanos. En el PNAS de noviembre de 2014 se investigó el genoma del gato doméstico para demostrar lo siguiente. La selección, y desde el gato salvaje, de individuos cada vez más dóciles y asustadizos, consiguió que estos felinos entraran en la vida humana a cambio de comida. El hecho fue una tumba de 9.000 años de antigüedad en Chipre en donde una mujer yacía junto a un gato doméstico.

El asunto de la domesticación de plantas y animales se generalizó durante el Neolítico gracias a la selección intencionada de los humanos. Replantar una variedad de vegetal que producía más, o con mejor sabor, hizo que poco a poco pasáramos de un teocinte, con apenas granos en su espiga, a un maíz con cientos de ellos en su mazorca. De igual manera pasó con frutas de sabor amargo hasta variedades dulces, o con animales hostiles hasta variantes mansas. Por ejemplo el reno salvaje no es gregario y en cambio los lapones reúnen cientos de ellos en sus rebaños. Parece obvio que al seleccionar y cruzar aquellos individuos dóciles y gregarios se forjaron los rebaños de hoy en día. Y así con cerdos, trigo, vacas, obejas y muchos más animales y plantas. La prueba y el error forjaron nuestra evolución neolítica.

Toda esta vida bucólica entre pequeños poblados agrícolas y ganaderos, y con pocos conflictos entre ellos, trajo consigo un comercio a larga distancia

Pero no sólo de domesticar organismos se vivió durante el Neolítico. Toda esta vida bucólica entre pequeños poblados agrícolas y ganaderos, y con pocos conflictos entre ellos, trajo consigo un comercio a larga distancia. En él los trueques se daban con suma frecuencia e incluso a nivel de joyería. Pongamos dos ejemplos, la variscita y algunas conchas exóticas. El primero era un mineral parecido a la turquesa que se explotaba en la localidad de Gavá al noreste de la península ibérica. Esta substancia verde y azulada era considerada como el diamante de hace unos 7.000 años, y de hecho se comerció llegando sus gemas al centro de Europa. El segundo lo observamos en los yacimientos de Tell Halula en Siria de hace unos 8.600 años en donde algunos ajuares contenían conchas lejanas como la ceprea procedente del Mar Rojo.

Pero el Neolítico evolucionó hasta niveles de comodidad comparables con las de algunas sociedades modernas. A finales del Neolítico, y alrededor de los 5.000 años, se conocen grandes poblados con avances importantes. Por ejemplo, en las islas Orcadas al norte de Escocia, había un gran núcleo murallado con calles pavimentadas, cabañas de piedra tallada, de planta rectangular, con techos de pizarra, paredes pintadas, e incluso, y entre otras comodidades, dormían en camas, se calentaban ante hogares de piedra y tenían alacena dentro de estas viviendas.

El Neolítico evolucionó hasta niveles de comodidad comparables con las de algunas sociedades modernas

También durante esta etapa aparecen grandes menhires en algunas localidades como el de Ca l’Estrada i Pla de Les Pruneres, ambos al noreste de la península ibérica. Quizás todo aquello fuera indicativo que la sociedad neolítica estaba alcanzando un gran nivel de estabilidad, confort y territorio que defender. Y la verdad que todo aquel atisbo de paz agrícola y comercio a grandes distancias duró hasta que sobrevino una nueva revolución. Otros se inventaron otro modo de vida y decidieron visitar a los vecinos. Ese va a ser el tema del próximo capítulo, la invasión del este.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

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