El fin del Eoceno y el paso al Oligoceno

Foto: David Rabadà

Hace unos 36 millones de años las corrientes de fondo por el Atlántico circulan ya con gran profusión provocando una gran expansión de los glaciares por la Antártida. Quizás aquel contexto tuvo relación con una gran extinción de organismos marinos.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

De hecho, y a partir de esos 36 millones de años unas primitivas ballenas con dientes, los basilosaurios, desaparecieron de la faz del planeta, aunque por tierra firme las cosas fueron algo distintas. Por un lado, hubo una gran diversificación de los cánidos con más de 40 especies definidas, y por otro, la separación de los primates en dos grandes grupos evolutivos, los catirrinos por Asia y África, y los platirrinos o primates del nuevo mundo.

Mientras, y hace unos 35 millones de años impactó un meteorito en Popigai, Rusia, dejando un cráter de 100 kilómetros de diámetro. Aquello no pareció dejar secuelas globales por la Tierra ya que continuó la gran diversidad de los rumiantes de hacía tiempo, incluso hace unos 34 millones de años empezaron a evolucionar los antepasados de los cérvidos. Fue por entonces que comenzó el último periodo de este Paleógeno, el Oligoceno.

Entre los 34 y los 23 millones de años, el llamado Oligoceno, fue testigo de unos Pirineos que alcanzaron su máxima altitud

Entre los 34 y los 23 millones de años, el llamado Oligoceno, fue testigo de unos Pirineos que alcanzaron su máxima altitud. Prueba de ello fueron la gran cantidad de conglomerados fluviales que hoy día recubren y fosilizan los relieves previos y erosionados en etapas anteriores. Durante aquel contexto parece ser que la placa Ibérica se estaba soldando a la europea disminuyendo la intensa compresión entre ambas. Los Pirineos estaban hallando su equilibrio entre la erosión que les quitaba peso y algo que los empujaba desde abajo. Me explico, el manto y astenosfera se comportan como una cámara elástica al respecto de las placas litosféricas que soportan. Igual como una embarcación asciende a medida que los pasajeros abandonan la misma, los Pirineos ascendían y compensaban lo que la erosión les descargaba. A todo ello los geólogos lo llamamos isostasia entre la litosfera y la astenosfera.

Foto: David Rabadà

Pero la dispersión de los mamíferos no se apeó durante aquel Oligoceno inferior. Durante el mismo los rumiantes continuaron su diversificación con formas como los tragúlidos, o actual “ciervo ratón”, o como unos nuevos cetáceos con dientes. A ellos se sumaron los primeros antepasados de los mastodontes o mamuts. Pero también los primates comenzaron a experimentar formas más antropomorfas como el Aegyptophithecus de hace unos 33 a 34 millones de años.

Pero ante toda aquella dispersión, y ante muchas cordilleras en ascenso, el Oligoceno iba dando cada vez más evidencias del fin del clímax meteorológico antecedente

Pero ante toda aquella dispersión, y ante muchas cordilleras en ascenso, el Oligoceno iba dando cada vez más evidencias del fin del clímax meteorológico antecedente. El antiguo Tethys se había cerrado elevando el Himalaya, Alpes y Pirineos entre otros. Aquello cortó gran cantidad de brisas alterando el clima global. Hace unos 30 millones de años el fin del óptimo climático anterior era un hecho. Prueba de ello fue el descenso de las temperaturas en la Antártida, la migración de los arrecifes hacia el ecuador, y la reducción de bosques densos en pro de sabanas y claros. Ello siguió dando nuevas oportunidades a los mamíferos bajo nuevas especies por sus llanuras y forestas. Herbívoros y carnívoros evolucionaban mutuamente.

Cerca de esos 30 millones de años algo iba a ser el preludio de una nueva rotura. Ingentes cantidades de los llamados basaltos de inundación se han hallado en Yemen y Etiopía. De ellos doy testimonio cuando pude visitar Yemen en 1998. Todos aquellos magmas tan fluidos anunciaba la subida de gran cantidad de rocas desde el manto. Aquello acabaría rompiendo la litosfera para abrir el futuro golfo Pérsico y el inicio del Rift africano.

Foto: David Rabadà

Pero al otro lado del Atlántico, y hace unos 28 millones de años, un Gran supervolcán en Nebrasca, USA, estallaba con consecuencias nefastas para su fauna regional. Ante ello el resto del planeta se mantuvo fuera de aquel contexto mientras la diversificación de los primates seguía a toda máquina, algo que iba a muy bien ritmo por los bosques de Asia y África. Pero al otro lado del Atlántico, en Sudamérica, la Amazonia todavía no existía como tal. Cerca de los 25 millones de años los Andes todavía no se hallaban levantados y las futuras cuencas del Amazonas drenaban por el norte y oeste de Sudamérica con eventuales intrusiones marinas en sus vastas llanuras.

Los Andes, y en breves millones de años, cambiarían el curso de aquellos ríos para que estos, alimentados por la cordillera y sus glaciares, trenzaran un próximo Amazonas que desaguaría al contrario de sus antecesores, hacia el este como hoy en día. Pero antes que esto sucediera, el Oligoceno terminaría. Este zanjaría todo este Paleógeno bajo un cambio que delimitaría una nueva etapa. De hecho, y cerca de los 25 millones de años, las cartas del juego ya estaban repartidas.

El paso Drake en la Antártida se hallaba abierto totalmente, algo que la aislaba completamente de Sudamérica. Aquello cortó las corrientes cálidas de la costa oeste de Sudamérica dejando a la Antártida bajo corrientes circumpolares que la aislaron del calor de las masas marinas vecinas. Tal contexto indujo un progresivo y mayor extensión de sus glaciares. Al final sus lenguas llegaron a pie de mar contorneando un inmenso casquete polar con algunos y escasos bosques por el continente.

Al final del Paleógeno el enfriamiento del planeta fue más que evidente y sus glaciares captaron gran cantidad de agua de los océanos

La expansión de tanto blanco por el Polo Sur aumentó también el albedo terrestre, lo que alimentó todavía más el descenso de sus temperaturas. A ello su sumaron la multitud de cordilleras que durante este periodo se habían elevado produciendo la proliferación de nieves que volvían a aumentar el albedo planetario. Estas mismas murallas montañosas impedían el paso de vientos que antes repartían y homogenizaban el calor del resto del planeta.

Al final del Paleógeno el enfriamiento del planeta fue más que evidente y sus glaciares captaron gran cantidad de agua de los océanos. Aquello provocó un fuerte descenso del nivel del mar con la consecuente reducción del fitoplancton marino y alteraciones en la biodiversidad continental. De hecho aquel enfriamiento propició la evolución de nuevos grupos y la gestación de un último periodo en esta Evolución en la Tierra, el Neógeno.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Evolución en la Tierra“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: El Paleógeno, un Cretáceo bajo nuevos actores (entrega 31)

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