El fin del macartismo

Joseph Raymond McCarthy / Wikimedia - United Press - Library of Congress

Tal día como hoy… 2 de diciembre de 1954 finalizaba la «caza de brujas» de McCarthy

 

El 2 de diciembre de 1954, el Senado de los Estados Unidos votaba una moción de censura reprobando al senador Joseph McCarthy (1908-1957), por sus actividades al frente del Comité de Actividades Antiamericanas. El periodo de la «caza de brujas» se acercaba a su fin.

 

CV / El HUAC -«House Un-American Activities Commitee», conocido como Comité de Actividades Antiamericanas, fue un organismo creado por el Senado de los Estados Unidos para combatir lo que se entendía como la subversión comunista en los Estados Unidos. Bajo la dirección de McCarty, entre 1950 y 1954, dio lugar el periodo conocido como «la caza de brujas», conocido también como «macartismo». Consistió en un amplio proceso de acusaciones, denuncias, delaciones, interrogatorios y listas negras contra todo sospechoso de ser comunista o simpatizante comunista. Afectó a la práctica totalidad de sectores de la sociedad norteamericana, pro muy especialmente a la industria de cine y a los medios de comunicación.

Consistió en un amplio proceso de acusaciones, denuncias, delaciones, interrogatorios y listas negras contra todo sospechoso de ser comunista o simpatizante comunista

Al principio de la década de los cincuenta del siglo XX cundió entre los sectores ultraconservadores de los EEUU la idea de que estaban perdiendo la guerra fría. Siempre según estos sectores, la actitud pusilánime de la Administración del presidente Franklin Delano Roossevelt –al cual consideraban un peligroso izquierdista- había entregado al comunismo toda la Europa del Este, y la de su sucesor, Harry S. Truman, había permitido el triunfo del comunismo en la revolución china de 1949. Luego, la guerra fría se había «calentado» con intervención directa del ejército norteamericano en la Guerra de Corea. A Truman se le criticaba también haber destituido al general MacArthur cuando había mostrado su intención de arrojar la bomba atómica sobre la retaguardia china…

Todo esto generó una vorágine de fanatismo y una auténtica psicosis social, que, desde teorías conspiranoicas alentadas por los ideólogos de pago, apuntó hacia la idea de la «quinta columna», es decir, del enemigo interior. Según esto, el comunismo se estaba infiltrando en la sociedad norteamericana con el objetivo de socavarla. Y a esto fue a lo que se dedicó McCarthy: a perseguir norteamericanos supuestamente comunistas o simpatizantes del comunismo. El supuesto caso de espionaje de los Rosemberg pasando los secretos de la bomba atómica a la URSS acrecentó aún más esta paranoia colectiva.

Para McCarty, el mismo hecho de ser un antifascista declarado ya le convertía a uno en sospechoso de comunismo

En realidad, no había comunistas de importancia en los EEUU. Pero a falta de ellos, se inventaron. En los años treinta, como reacción contra el auge de los fascismos en Europa, el propio gobierno norteamericano había dado cierta cobertura a un sector de intelectuales, muchos de ellos ligados directa o indirectamente a la industria del cine, que no podrían ser calificados sino, en todo caso, de vagamente filosocialistas, o más concretamente de antifascistas. Entre ellos estaría la mismísima ex primera dama, Eleanor Roossevelt… Pero para alguien de horizontes intelectuales tan limitados como McCarty, el mismo hecho de ser un antifascista declarado ya le convertía a uno en sospechoso de comunista. Y este fue el colectivo con el que se cebó la caza de brujas norteamericana.

Obviamente, las garantías jurídicas brillaron por su ausencia. Se partía de la presunción de culpabilidad de los citados a declarar, y negarse a hacerlo –acogiéndose a la primera enmienda- ya era una «demostración» de culpabilidad. Entre los actores, directores y cineastas que practicaron la delación entre sus propios compañeros «destacaron» Gary Cooper, Robert Taylor, Elia Kazan… y un segundón llamado Ronald Reagan, que cuando llegó años después a presidente de los EEUU, afirmó que los norteamericanos que fueron a las Brigadas Internacionales en defensa de la República Española, se habían equivocado de bando.

En su moción de censura, el Senado reprobó las actuaciones del Comité presidido por McCarthy, admitiendo que habían traído al propio Senado “… el deshonor y la infamia”

Entre los represaliados y los que se opusieron a McCarty, la lista fue numerosa: Charles Chaplin, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Dalton Trumbo, Kirk Douglas, Gene Kelly, Orson Welles, Gregory Peck, Katharine Hepburn, John Huston… E intelectuales y científicos como Thomas Mann, Arthur Miller, Einstein, Oppenheimer… El periodista Edward R. Murrow llevó a cabo desde su programa de televisión una incansable campaña contra el macartismo…

En su moción de censura, el Senado reprobó las actuaciones del Comité presidido por McCarthy, admitiendo que habían traído al propio Senado “… el deshonor y la infamia”. McCarthy tenía por entonces la intención de extender sus «investigaciones» al ejército, también repleto de comunistas, según él. Fue la gota que colmó el vaso, y agotó incluso la paciencia del presidente Eisenhower.

Joseph McCarthy, aquejado de alcoholismo crónico, murió tres años después, a los 48 años de edad, como consecuencia de una cirrosis hepática.

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