El final de la Guerra de las Galias

Vercingétorix arroja sus armas a los pies de Julio César por Lionel Noel Royer (1899) / Wikimedia

El 2 de octubre del año 52 a.C., el caudillo de la insurrección gala contra los romanos, Vercigentórix, se rendía ante el procónsul romano Julio César, tras haber sido definitivamente derrotado el día anterior en la batalla de Alesia. Las Galias quedaron con ello definitivamente en manos romanas. Poco tiempo después, César marchó con sus legiones sobre Roma y se convirtió en dictador.

 

CV / La principal fuente sobre el conflicto entre Roma y la Galia la tenemos en uno de sus máximos protagonistas, el propio Julio César, cuya obra ‘Comentarios sobre la guerra de las Galias’ –en el latín original: ‘Comentarii de bello Gallico’ o, abreviado, ‘De bello Gallico’- cuya lectura y traducción fue un texto de referencia para los estudiantes de Bachillerato de hace unos decenios, hoy lamentablemente olvidada.

Tras la dictadura de Sila y la posterior revuelta de los esclavos al mando de Espartaco, el poder en la República romana había vuelto al Senado

Tras la dictadura de Sila y la posterior revuelta de los esclavos al mando de Espartaco, el poder en la República romana había vuelto al Senado, pero los dos hombres más poderosos de Roma en aquellos momentos, el general Cneo Pompeyo y Marco Licino Craso –considerado el hombre más rico de Roma- se habían convertido en los árbitros de la situación. En el año 60 a.C. acordaron una alianza política no oficial con el objetivo de repartirse el poder y controlar el Senado. Para guardar las apariencias, incluyeron a un todavía joven Cayo Julio César, emparentado con el fallecido general Mario, el antiguo rival de Sila, y perteneciente a una de las más ilustres familias romanas, pero con escasa fortuna, que se convirtió en el eslabón más débil de lo que se ha conocido históricamente como el primer triunvirato.

En el reparto tácito de las zonas de poder, Craso se quedó con oriente, Pompeyo con Hispania y África, y a César le tocó la Galia. Roma sería el territorio común. Las Galias era una zona solo parcialmente dominada por Roma, que había sometido un siglo y medio antes la conocida como Galia Cisalpina –que es hoy en día el norte de Italia alrededor del valle del Po- y que de la Galia Transalpina –la de más allá de los Alpes-, controlaba solo la provincia de la Narborense –alrededor más o menos de la zona que hoy sería la Provenza y el Aude. Es decir, la práctica totalidad de la actual Francia, desde el Garona hasta Bélgica, eran territorios habitados por distintas tribus galas independientes entre sí y fuera del alcance de Roma.

La práctica totalidad de la actual Francia, desde el Garona hasta Bélgica, eran territorios habitados por distintas tribus galas independientes entre sí y fuera del alcance de Roma

Por esto, cuando el propio Julio César iniciaba sus ‘Comentarios a la guerra de las Galias’ con la célebre frase «Gallia est omnis divisa in partes tres», se estaba refiriendo en realidad a las zonas de las Galias que no estaban ocupadas por los romanos, es decir, a la mayor parte de la Galia Transalpina, y obviaba la Cisalpina y la Narborense. Algo que en cierto modo puede entenderse como una auténtica declaración de intenciones: si quería poder codearse con Craso y con Pompeyo, o hacerse con el poder, iba a tener que construir su propio imperio, y este era el vasto territorio galo que se extendía desde los Pirineos hasta Bélgica.

La invasión de las Galias se justificó con un argumento solo en parte verdadero: la defensa de la Narborense y el norte de Italia de las frecuentes invasiones galas que habían asolado estos territorios en tiempos aún recientes, la última la del año 105 a.C., en la que Roma sufrió, en la batalla de Arausio, su mayor derrota militar desde Cannas, tras la cual solo la enérgica actuación de Cayo Mario, a la sazón tío de Julio César, había conseguido salvar a la ciudad de Roma. Pero lo cierto era también que, por entonces, con los helvetios y la Narborense –hasta más allà de Tolosa-, los galos no representaban un peligro real para Roma.

La guerra de las Galias duró ocho años, y César nos la narró en siete libros, aunque hay también un octavo, escrito por su secretario Hircio

Pero César se justificó en la protección de las fronteras de Roma, presentando así una guerra de conquista como una guerra defensiva. La guerra de las Galias duró ocho años, y César nos la narró en siete libros, aunque hay también un octavo, escrito por su secretario Hircio. La guerra se produjo entre los años 58 y 52 a.C, donde la concluye César con la rendición de Vercigentórix en Alesia. El octavo libro, el de Hircio, nos narra los hechos posteriores y las campañas contra algunos focos de resistencia menores que todavía pervivieron durante algún tiempo.

Los momentos más comprometidos e intensos del conflicto tuvieron lugar precisamente los dos últimos años de la guerra. Hasta entonces, César se había ido aprovechando de las divisiones internas entre las distintas tribus y clanes galos, para ir consolidando progresivamente su poder, llegando incluso a desembarcar en la actual Inglaterra y a invadir Germania llegando hasta la orilla del Elba, que fue el limes romano durante los siguientes cincuenta años. Pero en el 53 a.C de Cristo todo pareció torcerse de golpe y la situación de César se tornó especialmente delicada.

Por un lado, uno de los triunviros, Craso, había muerto en su guerra contra los partos y todas sus legiones habían sido aniquiladas. Además de crearle un peligro a Roma en oriente, el equilibrio de poder se había roto al quedar solo César y Pompeyo. El Senado, por su parte, no se fiaba de César y optó por Pompeyo. Poco después, estallaba en toda la Galia una rebelión generalizada, encabezada por un príncipe galo hasta entonces aliado de César, Vercigentórix. La rebelión generalizada pilló por sorpresa a César, y cientos de comerciantes romanos y las guarniciones en ciudades galas fueron asesinadas por los galos. César acudió precipitadamente para presentar batalla, pero fue estrepitosamente derrotado en Gergovia, tras lo cual tuvo que retirarse a la Narborense para recomponer sus fuerzas. En sus ‘Comentarios’, César minimiza sus propias responsabilidades en la derrota de Gergovia, y culpabiliza a la indisciplina de sus soldados…

Las legiones de César eran inferiores en número, pero su capacidad de combate era muy superior

Con sus legiones recompuestas y tras haber rechazado una invasión gala en la Narborense, César avanzó hacia el corazón de la rebelión, situada en Auvernia –en el centro de la Galia- de donde era originario Vercigentórix y donde tenía su capital, Alesia, a la cual puso bajo asedio. Con Vercigentórix encerrado en su ciudad, los ejércitos galos se pusieron en marcha hacia Alesia para auxiliarle. Las legiones de César eran inferiores en número, pero su capacidad de combate era muy superior. En cualquier caso, si los refuerzos galos llegaban a tiempo, César pasaría de asediador a asediado, viéndose atacado a la vez por la guarnición de Alesia, unos 30.000 guerreros galos, y los refuerzos –unos 120.000, aunque hay distintas estimaciones-. César disponía de diez legiones, unos 50.000 hombres. La proporción sería, como mínimo, de uno a tres.

Los galos fueron completamente derrotados y César se hizo dueño de la situación

Para superar esta situación, César hizo construir una muralla de madera que rodeó Alesia como un anillo, que le serviría también para defenderse de los refuerzos galos que llegaran del exterior. El resultado fue la batalla de Alesia. Los galos fueron completamente derrotados y César se hizo dueño de la situación. Solo quedaba Alesia, asediada, con su guarnición maltrecha y sin provisiones para resistir. Vercigentórix optó por rendirse y se entregó a César. Aquí concluyen los comentarios de César a la guerra de las Galias.

Dueño absoluto ahora de un vasto territorio y con un inmenso botín de guerra. César estaba ya en condiciones de plantarles cara a Pompeyo y al Senado. Un año y medio después de estos hechos, cruzaba el río Rubicón, estallaba la guerra civil y marchaba sobre Roma. Vercigentórix fue encarcelado y llevado a Roma como trofeo de guerra. En el año 46 a.C. con motivo de la celebración de unos juegos en homenaje al triunfo de César sobre Pompeyo, fue públicamente ajusticiado, según algunas versiones, estrangulado, según otras, cuarteado.

 

TAMBIÉN ESTA SEMANA:

Lunes, 2 de octubre de 52 a.C.

Tras la batalla de Alesia, el líder galo Vercigentórix se rinde y presenta sus armas a Julio César. Con ello, toda la Galia caía bajo el poder romano y Julio César se convertía en uno de los hombres con más poder en Roma.

Martes, 3 de octubre de 1957

La Unión Soviética lanzaba el Sputnik, el primer satélite artificial en órbita alrededor de la Tierra. Comenzaba la era espacial.

Miércoles, 4 de octubre de 1969

En El Reino Unido, la BBC emitía el primer capítulo de la serie ‘Monty Python’s Flying Circus’, del entonces prácticamente desconocido grupo ‘Monty Python’. Se emitió durante cuatro temporadas y se convirtió en mítica, catapultando hacia la fama al grupo.

Jueves, 5 de octubre de 1973

Tras el ataque sorpresa de Siria y Egipto contra Israel, daba comienzo la guerra del Yom Kippur.

Viernes, 6 de octubre de 1864

Nacía en Besançon (Francia) Louis Lumière, que junto a su hermano Auguste, producirá la primera película de cine de la historia.

Sábado, 7 de octubre de 1849

Fallecía en Baltimore (EEUU), el escritor norteamericano Edgar Allan Poe, a los 40 años de edad.

Domingo, 8 de octubre de 1917

León Trotski era elegido presidente del Soviet de San Petersburgo. Poco después, se convirtió en uno de los principales líderes bolcheviques que protagonizaron la revolución de octubre.

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